Los Leones volvieron a subirse al podio de un Mundial. Argentina derrotó 2-1 a Países Bajos en el partido por el tercer puesto y cerró su participación en Wavre, Bélgica, con una medalla de bronce que premia el trabajo de un equipo que fue creciendo a lo largo del certamen.
El seleccionado dirigido por Lucas Rey tuvo que recuperarse del golpe sufrido en semifinales ante Alemania, pero mostró personalidad para afrontar el último compromiso. Tomás Domene y Matías Rey marcaron los goles argentinos, mientras que el conjunto nacional contó además con una actuación destacada de su arquero, Tomás Santiago.
El logro adquiere todavía más valor si se tiene en cuenta el contexto en el que se desarrolla el hockey masculino en el país. A diferencia de la rama femenina, que cuenta con una estructura mucho más amplia y una enorme cantidad de equipos y categorías, los varones tienen una base considerablemente menor. Sin embargo, Los Leones volvieron a demostrar que esa diferencia no les impide competir contra las principales potencias del mundo.
Argentina construyó su campaña desde el orden. La presión de los delanteros en el retroceso permitió que el bloque defensivo trabajara con mayor comodidad y, con el correr de los partidos, el equipo fue encontrando también mayor volumen de juego.
No siempre mostró un hockey vistoso, pero sí fue un equipo compacto, con jugadores que entendieron sus funciones y supieron complementarse. La circulación, los relevos y la capacidad para mantener la estructura fueron algunas de las claves de un seleccionado que tuvo buenos momentos durante todo el torneo.
También resultaron determinantes las jugadas fijas. Los córners cortos se transformaron en una de las principales armas ofensivas, con Domene y Nicolás della Torre como referencias, mientras que la defensa de esas acciones también funcionó de gran manera. Argentina apenas recibió dos goles de córner corto en todo el campeonato.
A eso se sumó el talento individual de sus delanteros. Bautista Capurro y Lucio Méndez Pin, entre otros, aportaron velocidad y desequilibrio para generar situaciones y obligar a los rivales a retroceder.
El bronce conseguido en Bélgica representa el segundo de la historia mundialista para Los Leones, después del obtenido en 2014. Se suma, además, al inolvidable oro olímpico conseguido en Río de Janeiro 2016.
Pero más allá de la medalla, el Mundial dejó una sensación todavía más importante: esta generación tiene margen para seguir creciendo. Argentina cuenta con un equipo joven, competitivo y con herramientas para sostenerse entre los mejores.
El desafío ahora será aprovechar este impulso y darle al hockey masculino la estructura y el respaldo necesarios para continuar avanzando. Los Leones ya demostraron que pueden estar a la altura de las grandes potencias. El próximo paso será ayudarlos a quedarse allí.
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