MIÉRCOLES 16 de Septiembre de 2026
 
 
Compartir
Twittear
 

Los juegos del poder...

Son estrategias que grupos definidos como “operadores” van delineando para ejecutar y tener éxito en las tramas que elaboran para alcanzar niveles de mando por sobre el común de la dirigencia política.

Los “juegos del poder político” se refieren a los mecanismos, negociaciones y luchas de influencias que utilizan los gobernantes, partidos y grupos de interés para alcanzar, mantener y ejercer el control dentro del Estado y empoderarse frente a sus iguales de otras naciones a las que procuran someter y dominar, fundamentalmente cuando hay en juego “recursos naturales” que pueden ser explotados para beneficio de sus propios países.

Analizando las definiciones del Florentino Nicolás Maquiavelo nos encontramos que: “El poder político es el objetivo supremo de la política y se sustenta en la conquista, el mantenimiento y el incremento de la autoridad, de forma independiente de la moral tradicional”.

El ejercicio de la política determina “separarse de la moral y de la religión para alcanzar los objetivos fijados, sin importar daños colaterales, a los que considera una consecuencia de fijarse un fin a cualquier precio”.

De acuerdo al pensamiento “maquiavélico”: “El éxito de un gobernante se mide por su capacidad para mantener la estabilidad y la seguridad del Estado, no por la bondad de sus actos”.

El filósofo político italiano, basa sus definiciones en un conocimiento profundo de la naturaleza humana, que determina tener una visión pesimista del ciudadano o ciudadana, a los que describe como “volubles, ingratos y mentirosos”.

Configurada esa parte de la sociedad, y ya definidos los roles, comienza la tarea de ganar espacios y alcanzar liderazgos, sin tener en cuenta y desconociendo la existencia de buenas intenciones de quienes lo rodean.

A partir de esa premisa se van elaborando y planificando los escenarios en los cuales debe moverse, siendo una característica especial que: en su trabajo no existe la consideración por el otro. Son herramientas útiles, a las cuales se descartan cuando son obsoletas o cometen errores que ponen en riesgo los objetivos fijados.

En estas consideraciones aparece materializado el presidente de los EEUU, Donald Trump, con una vasta experiencia, mostrando cualidades dirigenciales fuera de lo común... ofrece mediar, trabaja para el logro de sus propósitos y un detalle que no puede pasar inadvertido: nunca cierra definitivamente los mecanismos negociadores.

Esta condición le permite ofrecer ayuda en calidad de ser presidente de uno de los países más importantes del primer mundo y, con simultaneidad, deja latente un mensaje amenazador o pone de relieve que si lo llaman o requieren su ayuda, él puede “zanjar las diferencias”.

Esto acaba de hacerlo Trump en relación a las difíciles y conflictivas relaciones que Argentina mantiene con el Reino Unido, a raíz de la discusión en torno a la soberanía de las Islas Malvinas.

En su reciente visita a Dublín, el presidente republicano “advirtió que un conflicto entre Argentina y el Reino Unido por Malvinas sería un ‘desastre potencial’. Tras reunirse con el primer ministro irlandés Micheál Martin, dejó saber, como al pasar que: ‘podría intervenir si se lo pidieran y que confía en poder evitar una escalada’”.

De una manera muy sutil, propia de su habitual forma de encarar los temas internacionales que le preocupan, dejó establecido que si existen roces y diferencias entre ambos países él puede resolverlo. Un claro mensaje para su “socio incondicional” Javier Milei.

La política internacional, hoy, se discute abiertamente en el trípode más poderoso del primer mundo y sigue su escalada para alcanzar a delinear políticas y, territorialmente, el nuevo “orden mundial”, que se dividirá entre EEUU y sus accesos al Atlántico Sur, incluida la Antártida, Rusia, en su manejo euroasiático que hoy pretende consolidar al unir a Ucrania a su territorio, y China, el gigante asiático que lleva décadas expandiéndose y ha alcanzado un tremendo poder comercial, tecnológico y financiero.

Quedan los países de la UE, que están decidiendo su ubicación final, dado que tienen un poder en el conjunto y pueden negociar su futuro.

Los “juegos del poder” están en pleno desarrollo, apuntando a primacías comerciales, industriales y económicas, utilizando como anclaje a los países emergentes que, necesariamente, deben buscar cómo conciliar sus intereses con las pretensiones de los poderosos del primer mundo.

Vale la pena dejar de lado el “mesianismo” del que hace gala el presidente argentino para poder establecer, con reglas claras, cuál será realmente el futuro argentino en este condicionamiento colonialista.

Escriba su comentario

Tu email no sera publicado.