Es una verdadera ruleta intentar acertar a qué se está jugando en la política en general, tanto nacional como provincial.
Dadas las actitudes de quienes pujan por acomodarse y quedar entre el “tumulto” que se agrupa frente a la línea de largada, son pocos los que aciertan con sus análisis sobre el rumbo que tomará la política en el país.
Si el tema pasa por descubrir que se esconden tras las estrategias del presidente Javier Milei y su pequeño entorno, las acciones que allí se desarrollan son un verdadero jeroglífico que -pareciera- ni los mismos protagonistas comprenden. Es a “suerte y verdad”.
Karina Milei y Santiago Caputo mantienen su silenciosa, estudiada e insana pelea interna por ganar posicionamientos a nivel del mandato nacional.
El presidente Javier Milei, en una reciente entrevista, le restó importancia y dejó al pasar, un claro pensamiento: “Los dejo que ellos procuren armar, los roces son frecuentes, pero no me interesa, en definitiva el que resuelvo soy yo”.
Definió esa problemática como: “Un jueguito para la tribuna”. Es decir, de esta manera, quienes están de un lado u otro sacan conclusiones, normalmente las que les convienen, y que los distingue como “grandes chupamedias” del “triángulo del poder”.
Mientras esto sucede y gana la pantalla del periodismo afín, enfrente, una mezcla de “cualquier cosa” intenta armar un frente “anti Milei”.
A esta altura de los acontecimientos corresponde expresar si, quienes persiguen objetivos útiles para generar un frente opositor, no han evaluado que gran parte de la sociedad está cambiando; que las nuevas generaciones están en otra y que descreen de una oposición que se mueve para lograr el armado de un gran frente electoral de cara al año que viene.
Diversos sectores de la oposición mantienen diálogos para estructurar una propuesta electoral sólida, sin tener en cuenta que son parte de un pasado que la ciudadanía o gran parte de ella no quiere repetir. Los nombres asustan, son los mismos que fracasaron varias veces y en vez de entender la necesidad de buscar caras frescas en el marco de una generación que se proyecta aggiornada a lo nuevo, pretenden insistir con lo viejo.
Este mismo proceso se está viviendo en las provincias, con diferentes matices, que hacen a las conformaciones políticas que se han ido consolidando a través de los años y encumbrando dirigentes que hoy, desde diferentes ángulos, operan a su gente y juegan a mantener las riendas del poder que alguna vez ejercieron.
En el norte del país la “sangría” dirigencial es pavorosa, entre los viejos y lo nuevo, los que se distinguen por su desempeño tránsfuga y los que pintados de “violetas” quieren ser el cambio.
En el centro, las variables son interesantes y obedecen al poder que, como provincias tienen de cara a una contienda electoral, por caso Mendoza, San Juan, San Luis, Entre Ríos y sin dejar de lado el peso del distrito más importante del país, provincia de Buenos Aires.
En todos esos puntos, y naturalmente también en los más chicos, se están armando escenarios que apuntan al proceso eleccionario que se dará en el 2027.
Se han comenzado a vislumbrar posibles acuerdos y negociaciones que intentan salvar los roces y enfrentamientos que dividieron aguas.
Entendemos que los está uniendo el temor ante el miedo de un factor político que se está proyectando como la “cosa nueva” que, más allá del daño que genera por sus acciones, evita volver al pasado.
Eso está generando que se bajen decibeles y se busquen caminos de entendimiento como una fórmula adecuada para enfrentar una oposición que ha comenzado a consolidarse bajo un solo “techo”: el libertarismo.
Recién se ha iniciado el reacomodamiento de las piezas y, bajo el tutelaje de quienes mantienen ordenadas sus tropas o por lo menos parte de ellas, se están reparando puentes para alcanzar a levantar barreras que constituyan una fortaleza sin puntos vulnerables para el futuro.
En La Pampa, esto es un suceso manifiesto que pareciera tomar el rumbo que, nosotros creemos, en algún momento pareció se había abandonado.
Un enroque de piezas en el tablero legislativo fue parte de este nuevo andamiaje que se procura, intentando no dejar puntos débiles.
Un diálogo que, entendemos, nunca se cortó, más allá de chisporroteos que procuraron señalar que estaban ahí y que un alejamiento no significaba un retiro definitivo.
Hoy pareciera encaminarse a restablecer posibles acuerdos y negociaciones que intentan mantener el poder provincial.
Este suceso está generalizado en todo el país, en algunos estados provinciales con mayor virulencia, dado que es mucho lo que se está jugando, en otras más pacíficamente; en todas buscando un escenario apropiado, fortalecido socialmente para los embates del futuro político nacional.
El accionar del presidente Javier Milei, sumado al desguace del peronismo-kirchnerismo, está gestando estos movimientos que, por ahora, están acondicionando “las ambulancias” para recoger lo restos de la implosión que se produjo cuando conductores políticos comenzaron a perder fuerza y hoy se cuentan en estado de desaparición de la vida pública.
La organización libertaria, pese a tener su propia interna, aprovecha debilidades políticas, el rechazo social de determinados sectores dirigenciales, para lograr imponer el nuevo orden político argentino, basado fundamentalmente en el poder de La Libertad Avanza.
Se está lejos de las acciones electoralistas, pero Javier Milei sostiene que: “el que pega primero, pega dos veces”.
Habrá que esperar si hay resultados.



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