La propuesta fue organizada por el médico veterinario Bruno Rodríguez, junto a Enrique Martín, Lucrecia Meschini, Diego Rivas y Rubén Collins. El grupo partió el sábado a las 8:00 desde la estación de Timote y durante dos jornadas recorrió la antigua traza ferroviaria hasta arribar, este domingo por la tarde, a la estación de General Pico.
El recorrido incluyó las estaciones de Carlos Tejedor, Santa Inés, Colonia Seré, Cerrito, América, San Mauricio, González Moreno y Trebolares, antes de llegar a destino alrededor de las 16:00 del domingo.
Sin embargo, la travesía no pudo realizarse íntegramente sobre las vías. Rodríguez explicó que en varios sectores la traza se encuentra abandonada e intransitable. En el tramo inicial, incluso, los participantes debieron transportar las bicizorras en un vehículo hasta encontrar sectores donde fuera posible volver a colocarlas sobre los rieles.
“En Timote solo hay un tramo de 100 metros de vía porque lo limpiamos nosotros”, explicó Rodríguez. Según relató, la situación comenzó a cambiar al llegar a América, donde fueron recibidos por exferroviarios y pudieron continuar nuevamente sobre las vías.
El trayecto entre América y General Pico, en tanto, se encuentra en mejores condiciones debido al tránsito de formaciones de carga. Para los integrantes de la travesía, esa situación constituye también una parte central de su planteo: si las vías permiten actualmente el paso de trenes de carga, consideran que el recorrido puede volver a ser utilizado para un servicio de pasajeros.
Una campana como símbolo
Uno de los elementos más significativos del viaje fue una centenaria campana de bronce perteneciente a la estación Timote, que acompañó al grupo durante todo el recorrido.
En cada estación por la que pasaron, los viajeros se detuvieron para recuperar parte de la historia ferroviaria del lugar y hacer sonar tres veces la campana, como símbolo del deseo de que los trenes de pasajeros vuelvan a recorrer esas vías.
La llegada a General Pico tuvo un significado especial. Junto al andén, las tres bicizorras fueron recibidas por un importante número de vecinos, entre ellos exferroviarios, escritores y músicos locales. También estuvo presente el secretario de Gobierno de la Municipalidad de General Pico, Nicolás Mendoza.
Tras el arribo se realizó una marcha hasta la estación, mientras que la jornada incluyó relatos de antiguos viajes en tren, testimonios de familias ferroviarias, una investigación historiográfica, música en vivo y una muestra de fotografías y objetos vinculados con la historia del ferrocarril.
El organizador hizo referencia al estado actual de las antiguas estaciones ferroviarias. Algunas, según explicó, fueron recuperadas y destinadas a museos u organismos municipales, mientras que otras permanecen abandonadas y presentan distintos grados de deterioro.
“Después de las privatizaciones, estaciones como las de Timote fueron cerradas. Algunas se convirtieron en museos, en organismos municipales y gracias a eso están dignamente de pie, pero otras dan pena, porque están saqueadas”, sostuvo.
Más allá del recorrido realizado sobre las vías, la propuesta tuvo como objetivo recuperar una parte de la historia común de las localidades que crecieron alrededor del ferrocarril y visibilizar el pedido por la restitución del servicio de pasajeros.
La bicizorra se transformó así en una particular forma de volver a recorrer un camino que durante décadas fue transitado por trenes y que hoy, en buena parte de su extensión, permanece sin servicio ferroviario de pasajeros.
“Intentaremos demostrar que si nosotros podemos realizar este recorrido, ¿por qué no puede volver a pasar el tren?”, planteó Rodríguez.
Y resumió el espíritu de la iniciativa con una frase que acompañó cada kilómetro de la travesía: “Decidimos salir de la sala de espera, darle vía libre a nuestros sueños, subirnos a las vías y ponernos en movimiento. Tal vez alguien nos vea, nos escuche, nos sienta”.
La llegada a General Pico dejó así una imagen cargada de simbolismo: tres bicizorras sobre las vías, una antigua campana volviendo a sonar en la estación y un grupo de vecinos intentando mantener viva una historia que, para ellos, todavía tiene futuro.
“Si hay vías, hay esperanza”, fue la consigna que acompañó el recorrido y que resume el reclamo de quienes aspiran a que algún día los trenes de pasajeros vuelvan a unir a estos pueblos.
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