DOMINGO 05 de Abril de 2026
 
 
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Las mentiras de Adorni, el problema de Milei...

El descalabro que está sufriendo el esquema gubernamental que pretende estructurar el presidente libertario-anarcocapitalista Javier Milei hace “agua” por todos lados.

Intentan cerrar una compuerta de las nuevas formas de la Argentina y le aparecen otras contingencias que ponen claramente sobre la mesa que estamos ante un esquema de corrupción diferente; pero corrupción sin lugar a dudas.

Se intentan tapar agujeros en el casco de un barco que, alentando el principio del liberalismo, puso en el mar argentino un personaje que surgió de la farándula, que se quiere mostrar diferente con esa permanente expresión de “No somos lo mismo” que blande en cada oportunidad que se le presenta. Se debilita la imagen de “personaje disruptivo” -como lo tenían en los programas- y aparece el verdadero objetivo: “El que puede se llena los bolsillos, con la nuestra”.

No es el objetivo plantear un ataque constante ni buscar motivaciones ideológicas, es una realidad que esta columna -como muchas otras en el país- vienen subrayando que Javier Milei pretendió vender una imagen falsa basada en un cambio que solo era de nombre: del liberalismo-libertario, a lo que estaba de centro-derecha o izquierda, como mejor le venga.

Los argentinos -no todos por supuesto- tenemos muy frágil la memoria; tal vez para no sumar más problemas a los que ya existen.

Esto viene a cuento en razón de los argumentos que muchos analistas, periodistas y políticos de la nueva horneada sostienen: “la ciudadanía o una gran parte de ella decidió darle una nueva oportunidad en las elecciones de medio término”. Es cierto, no hay mentiras ni inventos en esta apreciación pero se olvidan de recordar que ya habían circulado acciones de corrupción basadas en coimas, peajes que se pagaban por el voto, apretadas a empresarios para que aporten para campañas, Andis -una de las más notorias- y surgía, aunque procuraron ocultarlo, el nombre de Karina Milei a quién se le adjudica el “poder del Estado” que está encargado de generar las “trampas”.

Esto tenía otras connotaciones y, desde los primeros meses de gobierno a la fecha, se produjo una “purga” profunda que expulsó de la función pública a prebendarios, a algún que otro corrupto descubierto y denunciado y a los que se paraban enfrente de Milei para decirle que había cosas que no estaban funcionando bien.

Un manejo inescrupuloso de la función pública que se transformó de una Democracia, sustentada por la Constitución Nacional, a un intento de liderazgo con dejos dictatoriales que imponían y condicionaban toda la estructura del país.

Aparecieron los “degenerados fiscales”, los “zurdos hijos de p...” los “traidores” -entre los más destacados la vice presidenta del país Victoria Villarruel-, los econochantas, economistas que fueron del equipo mileiano hasta que se les ocurrió decir que algo no andaba bien.

Ni hablar de las menciones de corruptela de gobiernos anteriores. Todo lo malo que ocurría era culpa del otro y estos factores, sumados a una serie de elementos que operaban estratégicamente, fueron dando forma a una manera de gobernar, que hoy demuestra que no es diferente a lo que hubo.

La caída que sufrió la imagen del presidente y los elementos que se juegan en las encuestas como preocupantes para la sociedad sufrieron la variante clara, precisa y ya sin discusiones de una verdad que hasta ahora había sido disimulada, disfrazada de cambio y sacrificio necesarios para alcanzar el punto de inicio de la recuperación de la Argentina.

Nos hablaban de cómo operarían los mecanismos de la Desregulación y Transformación del Estado para dar lugar al crecimiento de la iniciativa privada como eje modificador de una Argentina, que en pocos años recuperaría el poder y la gestión en el cono sur.

En la actualidad se mezclan los que dicen decir la verdad , aquellos que también sostienen que todo es una estrategia que confunde a gran parte de la sociedad y los que fabrican el relato mentiroso que pretende mantener la imagen de Milei fuera de los conflictos.

La única verdad es que el país está peor y el consumo se cae estrepitosamente, que de ser un país que fabrica carne, pasamos a ser el que menos la consume debido a los costos alcanzados. Que se cierran empresas chicas, medianas y grandes. Que los nombres internacionales de textilería, industrias, empresas comerciales, supermercados, entre otros emprendimientos, se van del país por el quebranto sufrido en los últimos meses.

Argentina, un país azotado por el desempleo que aumenta exponencialmente, aunque el presidente diga lo contrario. La pobreza es notoria, lo mismo que la indigencia. Que hay problemas con el sistema educativo, al que se pretende privatizar, dejando la oportunidad de proyectar el futuro de las nuevas generaciones a quienes pueden pagar.

La salud castigada y desenvolviéndose como puede. Los centros médicos peleándose con las obras sociales que no pagan por falta de fondos y los pacientes han aumentado considerablemente su atención en hospitales públicos. Como diría el conocido “La Mole Moli”: “¿Querés más?”.

La realidad se impone inexorablemente al relato. La Argentina se sigue cayendo y de poco vale que batan el parche de un fallo que logró Trump y que libera a la Argentina de una deuda de 16 mil millones de dólares con los fondos buitres y pretendan adjudicárselo porque tiene valor político. En todo caso, pongan un cuadro del presidente norteamericano que hoy propone y dispone de Argentina convertido, por decisión del presidente Milei, en aliado incondicional.

No se ve futuro ni se perciben salidas positivas. Apareció la corrupción y un gobierno que parecía afirmarse ha comenzado a debilitarse, perdiendo respaldo social y político internamente.

Ya es muy voluminoso el porcentaje de la sociedad, la cual supo darle el voto, que piensa que vamos de mal en peor y que nada mejora.

El único que parece ignorarlo -por ahora- es el presidente Milei.

 

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