DOMINGO 01 de Noviembre de 2026
 
 
Compartir
Twittear
 

Las disputas, ¿valen la pena?...

Y los argentinos ya nos estamos acostumbrando a ser espectadores de las luchas internas que se libran, tanto en el orden nacional como en las provincias. Aunque son pocos los que pueden ver resultados.

Nadie, o muy pocos, recuerdan los versos “sabios” del Martín Fierro que señalaban que cuando los “hermanos se pelean, los devoran los de afuera”.

Trasladando estas reflexiones, inteligentes en su enorme simpleza, a las gestiones políticas que están en plan de reacomodarse frente a la campaña que se ha iniciado para alcanzar el proceso electoral del 2027 con respaldo, se puede observar que existe desinteligencia, desorden, ambiciones y egos personales que plantean un escenario de conflictividad constante.

Si es en las provincias donde aparecen los “celos” del poder, la disputa por saber quién se queda con la “lapicera” y desde afuera digita los niveles en los cuales pretende seguir siendo el que manda, resiente las estructuras partidarias.

La Pampa es un ejemplo cercano de estos manejos. La conmemoración del 17 de octubre como fecha recordatoria, al celebrarse en Argentina el Día de la Lealtad (o Día de la Lealtad Peronista), ha vuelto a poner sobre el “tapete” la discusión de quién ostenta el poder. Cuando la realidad indica que es una fecha en la que se conjugan sentimientos e ideología sin marcar a quiénes pertenecen en particular, dado que es de todos los que piensan o sienten igual.

Tiene cierta comicidad el “dimes y diretes”, locución sustantiva que se refiere a las discusiones, debates, réplicas, habladurías o rumores sin importancia que se cruzan entre dos o más persona. Ya raya en el ridículo el intento por ver dónde está la fortaleza política.

La manifestación del mandatario provincial, Sergio Ziliotto, que al hacer referencia a esa inútil puja de voy, no voy, y hacer mención a una unidad inexistente de alguno de los que emiten opinión, manifiesta que “Al acto considerado central vaya el que quiera o se sienta consustanciado con el genuino peronismo”... Se nos supone coherente, inteligente y que deja librado al criterio de quienes decidan una u otra opción. En conclusión: que la ciudadanía juzgue.

A esta altura de los acontecimientos, donde prevalece una distorsionada forma de interpretar ideológicamente a la sociedad, cabe pensar que lo racional es apartarse de la pelea que, en definitiva, no aporta nada positivo y solo debilita ofreciendo un escenario apropiado para los que se quieren subir al carro ganador.

Ese empecinamiento por mantener una hegemonía política, que el tiempo ha ido desdibujando dejando que siga prevaleciendo la imagen que supo o supieron aquilatar a lo largo de una extensa y proficua tarea en diversas áreas gubernamentales, se nos supone “enfermizo”, dado que el exceso de poder también enferma y eso es lo que está prevaleciendo por sobre aquello que piensa la sociedad en su conjunto.

Las alternativas que giran alrededor de estos cuestionamientos, dejan expedito el camino a quienes están a la pesca de ver si “agarran” algo del poder para seguir “teteando” en el Estado.

Quienes alguna vez fueron un ejemplo de estar unidos a sus raíces, más allá de matices en lo central-ideológico, seguían apegados a su propia historia.

Hoy, están viendo a qué tren se suben para alcanzar genuinamente el lugar de poder político que ambicionan.

Se han propuesto la suma de voluntades, piensen como piensen, lo importante es “juntar número” suficiente con el cual poder pelearle al oficialismo, sin preocuparse demasiado en que entregan la moral y dignidad que siempre los caracterizó.

Esta distorsión de la realidad política es la que ha dado origen al “ningunismo” como fuerza que no está con nadie y espera la llegada de algo motivador que le resuelva parte de sus problemas, que hoy -social y económicamente- son muchos.

Al oficialismo no le interesa demasiado, dado que entre ellos priman los versos de Santos Discépolo, cuando señala en su tango “Cambalache”: “Vivimos revolcaos en un merengue. Y en el mismo lodo, todos manoseaos”.

Una gran parte de los alineados políticamente hacen caso omiso de sus ideales, solo procuran ver cómo llegan, “embolsan” suculentos sueldos y solucionan sus problemas personales y familiares. El resto no existe, en clara señal que estamos perdiendo el sentido de la convivencia ciudadana.

Es Milei quien instrumentó el agravio, el insulto y la denostación para encasillar al que piensa diferente. Con gestos que denotan -por momentos- una profunda alienación, al estar convencido que será el heredero de Donald Trump y ya se erige como el líder sudamericano, al que todos imitan y pretenden ser como él.

De una u otra manera, estas actitudes han ido mostrando escenarios de conflicto, enfermos, quebrados ideológicamente, a los que no les importa convertirse en un trashumante político, basta con llegar a tener el poder que ambicionan.

Ya nadie puede predecir qué le espera al ciudadano hoy, y mucho menos visualizar el futuro de las nuevas generaciones, montadas sobre el proyecto del avance tecnológico, que señala un final diferente, donde la IA se mezcla a la llegada de la robotización sin -aún- definirse el marco humano.

Nos quedamos sin respuesta: ¿Vale la confrontación y entrega de valores? El tiempo lo dirá...

Escriba su comentario

Tu email no sera publicado.