MARTES 07 de Febrero de 2023
 
 
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La violencia una realidad que convive con nosotros

Es un tema remanido, que persiste en el seno de nuestra sociedad y al que -lamentablemente- nos estamos acostumbrando. Nos sentimos sorprendidos y se podría decir abrumados cuando existe, en el acto de furia extrema, una crueldad y ensañamiento que habla de un profundo desequilibrio psicológico.

Naturalmente que es objeto de análisis de especialistas que pueden llegar -no lo sabemos a ciencia cierta- a descubrir porqué de situaciones nimias se puede llegar a matar despiadadamente a un ser humano.

Lo vemos a diario, cuando es tapa de todos los medios informativos, que otra mujer, niñas o niños, fueron víctimas de agresiones que surgen, normalmente, en ámbitos familiares por desavenencias, que no encuentran la vía del consenso y el más fuerte pretende imponer sus condiciones.

Lo lloramos todos cuando tomó estado público y hoy se ventila en un juicio oral, el caso Lucio. Un chiquitín, cuyo único error fue haber nacido en un hogar deteriorado moral y humanamente. Que lamentablemente no es el único.

Él como tantos otros que fueron las víctimas de un desorden psicológico que los rodeaba y en el que se repara cuando ya es tarde para darle solución.

No hace demasiados días, dos padres jóvenes sometieron a un castigo físico de tan magnitud y gravedad a un niño de solo 5 años que le provocaron la muerte.

Es difícil de entender. No existen justificativos -nunca hay justificantes para la muerte- que determinen un comportamiento de esa naturaleza. De todas maneras, tras la elaboración del proceso que pondrá en el banquillo de los acusados a estos personajes bestiales, pasará un tiempo, que es el que requiere la Justicia para reunir todo el nexo probatorio. Pero reiteramos un concepto: “ya es tarde, la vida del bebé no se recupera”.

Todo este racconto, que sirvió como introducción para esta entrega, viene a cuento porque una gran parte de la sociedad y naturalmente todos los medios informativos del país siguen el desarrollo del juicio a los rugbiers, que en un acto de salvajismo, en “patota” destruyeron la vida del joven Fernando Báez Sosa, de la localidad de Zárate, que se encontraba vacacionando con amigos en Villa Gesell.

Pasó largo tiempo y llegó el momento en el que los ocho rugbiers están en un juicio oral con una carátula que lleva implícita la cadena perpetua. Sorprende la inmutabilidad de los acusados y fundamentalmente el “pacto de silencio” que naturalmente lleva a todos a pagar por el mismo crimen.

Unos por haberlo cometido y los otros como partícipes necesarios en una planificación, que según aparece ahora en el desarrollo del juicio no era la primera vez que la practicaban, cuando algo los disgustaba. Leimos con atención un análisis donde se menciona que: “En 2020 quedaron expuestas como nunca las conductas feroces y racistas de varios rugbiers. ¿Es el deporte el problema? ¿O lo es su masculinidad exacerbada? Preguntas que hasta ahora no tienen una respuesta que nos permita comprender ¿qué esta pasando en ese deporte?

El deporte, como lo entiende la mayoría de la sociedad, debe resultar formativo, fortalecer los nexos de convivencia, el respeto y la consideración del otro; rival ocasional, pero que culmina cuando se da por terminada la competencia.

Hemos sido observadores de reacciones de progenitores que enardecidos por las contingencias de un encuentro de carácter deportivo, donde el roce físico es inevitable, reaccionan de una manera violenta con agresiones verbales y, en muchísimas ocasiones, hasta invadiendo los campos de juego para tomar justicia por propia mano.

La actitud nos señala otro problema que proviene de la formación en el hogar, donde los limites, valores y respeto no son parte de la educación que deben acompañar el crecimiento de los niños y o adolescentes.

Similares actitudes y mucho más reprobable, se han observado en establecimientos educativos, adonde acuden progenitores que acometen a docentes porque entienden que han vulnerado los derechos de sus hijos, al ponerle límites que marquen un comportamiento adecuado a las circunstancias.

Todo se está resolviendo por actos violentos. Regresando al juicio de los rugbiers, resulta inadmisible que quienes son juzgados por un crimen patoteril, no tengan el mínimo gesto de arrepentimiento e inclusive sonrían cuando los testigos los señalan como protagonistas de la muerte de Báez Sosa.

Esto nos hace preguntar, si al mostrarlo tan crudamente e inclusive escuchar a los abogados de la familia Báez, resulta positivo para la sociedad, que sigue expectante el desarrollo de las acciones judiciales.

Realmente nos resulta difícil analizar lo positivo y lo negativo de esta situación. Lo que sí queda fielmente reflejado es que en esa actividad deportiva, existe una propensión a la violencia, que no es tan visible en otros deportes de conjunto.

Tal vez resulte necesario revisar las metodologías que se ponen en práctica para enseñar y formar nuevos rugbiers, en este caso, como también en otras actividades deportivas.

Lo que venimos viendo y muchas familias padeciendo, debería ser un llamado de atención. No sigamos con la política de lamentarnos el día lunes. Porque el tiempo no se vuelve atrás y mucho menos cuando lo sucedido es irreparable, como en estos casos, en que se pierden vidas humanas.

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