JUEVES 22 de Enero de 2026
 
 
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La transformación política...

Es un suceso inevitable propio del paso del tiempo, los fracasos y el desgaste que están provocando la necesidad de concretar un profundo cambio político.

Se desvanecen progresivamente para reciclarse en estructuras ideológicas respaldadas en un aggiornamiento propio del devenir de las nuevas generaciones.
No desaparece el peronismo, ni el radicalismo, ni otras manifestaciones que han constituido escenarios propios para materializar nombres y figuras que procuran alcanzar el poder, solo han comenzado a reconvertirse.
La realidad está sustentada en una estructura, cuyos cimientos, cuando han sido bien construidos, se mantienen y se transforman en el sostén de lo nuevo que construye un mundo que se mueve al compás de la tecnología, la ciencia, la Al, sustancias del conocimiento que van delineando una nueva clase política.
Sorprende el crecimiento exponencial que está logrando el libertario-anarcocapitalista Javier Milei, aunque los hechos demuestran que salió de un ámbito diferente, “la farándula”, donde percibió que tener rating significaba ser visualizado por una sociedad que lo observaba con curiosidad, primero, y luego comenzó a interesarse por un personaje que insultaba, denostaba, agredía a quienes no pensaban como él.
Que sustentaba su posicionamiento en una economía de futuro, eliminando lo viejo, lo tradicional. En síntesis reacomodarse a una Argentina que pasaba de un extremo a otro sin estaciones intermedias.
La política considerada “vieja”, a la que el presidente llama la “casta corrupta”, hace años que había comenzado a vislumbrar un profundo agotamiento y falta de ideas para resolver los problemas de un país decadente, donde el poder transitaba junto a los negociados y aparecían quienes se convirtieron en los “intermediarios” enriquecidos a costa del manejo de un sector empobrecido que no lograba superar ese estado social.
Capas de una sociedad que se transformó y dio lugar a la incorporación de un gremialismo que se eternizó en los cargos logrando ser parte de los “nuevos ricos”. Una “casta especial con poder ciudadano”.
Desapareció paulatinamente la “clase media” que había constituido la estructura potencial de una Argentina que procuraba un crecimiento que resultaba mentiroso y que acompañaba esa decadencia generalizada que nadie procuraba detenerla, porque era el soporte que les permitía ser “millonarios” entre una extrema pobreza, indigencia y tremenda desigualdad social.
Así sobrevino una figura generacionalmente nueva, apolítica, formada intelectualmente en economía, que hablaba igual que el común de la ciudadanía y que prometía un gran cambio. No había descubierto la “pólvora”, solo fue empujado por las circunstancias, ayudado por un círculo íntimo que supo ver el hastío de una gran parte de la sociedad, especialmente la más joven, por ende la más rebelde, que dijo “basta, busquemos el cambio”.
Esa instancia social puso en el escenario principal los factores del fracaso. Partidos políticos envejecidos, con muy pocos conductores o siempre los mismos, aspecto que remarcó la ausencia del beneficio que provoca el recambio y eso movió a la necesidad de comenzar a buscar nuevos proyectos y, fundamentalmente, nuevos conductores.
Las bases ideológicas se mantienen, tienen raíces profundas que están requiriendo una modernización, una adecuación sustantiva de los procedimientos y, fundamentalmente, nuevos nombres, con proyectos que señalen el crecimiento y un futuro que hoy se ve demasiado comprometido.
Es indudable que Javier Milei y su intimo círculo están viendo la oportunidad de imponer ideas nuevas, mecanismos económicos en los que el Estado no es el principal factor sino el libre mercado y la actividad privada. Todo facilitado por la ausencia de un frente opositor que habla con palabras del pasado, al que ya la sociedad -o una gran parte de ella- le ha dicho que no quiere volver.
Existe un radicalismo sin conductores de peso, un peronismo sin nombres -solo tiene peronistas- un partido que se integró, fue gobierno como Juntos por el Cambio, que desapareció y solo quedo su raíz fundadora, el PRO, sin consistencia política, desdibujado por el proceso atomizante que ejerció Milei y la deserción de quienes podían ser herederos de un sector liberal del centro.
Aparece con cierto potencial el “clan” de los gobernadores, donde se entremezclan ideologías, pero son coincidentes en necesidades y eso los hizo convenir que debían unirse y recrear un partido que inicialmente se llamó Provincias Unidas, pero no llegó a convencer y la sociedad le dio la espalda. Hoy están sectorizadamente buscando cómo armarse.
En líneas generales este es el gran escenario en que se está moviendo la política nacional, donde prevalecen las acciones libertarias que van intentando imponer condiciones de cara a un frente opositor que está jugando con más cintura para el manejo de los temas que son cruciales para el futuro de La Libertad Avanza.
No obstante estas actividades, estamos ante un frente desarticulado de la política nacional, donde juegan primordialmente los efectos de quien gobierna, pese a sus yerros y contradicciones que no le permiten el logro de objetivos a largo plazo.
Estamos en la era de la reconversión. Un proceso que plantea dificultades operativas ante la ausencia de líneas políticas definidas con opciones claras y nombres con peso propio.
No volver al pasado es la consigna clara que se auto impuso la sociedad.
No entenderlo es pretender seguir fracasando.

 

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