La frase “la calma antes de la tormenta” se refiere a un período de tranquilidad aparente que precede a un evento significativo y potencialmente caótico o difícil, como un conflicto o un momento de intensa actividad. A menudo, esta calma es inquietante porque se anticipa que problemas o dificultades están a punto de surgir.
Este fenómeno es el que se percibe en estos días. Los hermanos Milei junto al ministro de economía Luis “Toto” Caputo, regresaron de su periplo estadounidense más aliviados de las tensiones y frustraciones que determinó un viaje en procura de salvar una situación muy conflictiva.
No obstante hubo una leve recuperación de los mercados que respondieron positivamente a las declaraciones recogidas del presidente americano Donald Trump y sus “espadas” más importantes, el Secretario del Tesoro Scott Bessent y su principal asesor el senador Marco Rubio. Ellos aseguraron un respaldo integral a la Argentina.
Hasta allí promesas y elogios, un paneo generalizado por los instrumentos que se analizan, swap, préstamos del Banco Mundial, ayuda del Tesoro, replanteo de la deuda con el FMI, todo bueno, auspicioso pero, por ahora, nada escrito y asegurado.
La estratégica acción de llevar a cero las retenciones al campo y todos los sectores derivantes, causó tanta euforia que nadie reparó en las pequeñas expresiones que ponían de manifiesto que era hasta salvar una situación de carácter coyuntural.
Los hechos nos dieron la razón, “comieron la liebre y todavía no la habían cazado”. Todo fue un negocio cerrado entre Caputo y centros exportadores, no más de seis o siete grandes empresas que lograron su objetivo de sacarse granos sin retenciones y cubiertos los 7 mil millones de dólares, acción que concretaron en 48 horas, desapareció la prerrogativa, dejando a la gran mayoría de los productores “agarrados del pincel” y sin andamios.
Hoy las cosas se han comenzado a visualizar diferentes. Los mercados, otra vez expectantes, detuvieron la eufórica suba de bonos y otros papeles ya comenzaron a bajar. El dólar se mantiene ahí, pero amenaza con pegar el salto y el riesgo país otra vez en alza.
Todo indica que estamos volviendo a un terreno similar al que existía previo al viaje a suelo norteamericano. Ya en el país, más allá del interés que existe por saber la letra de los acuerdos, nada se pudo conocer.
El presidente Javier Milei, se recluyó en su residencia de Olivos, cedió el centralismo de la reunión de la mesa política de campaña a su hermana Karina, que estuvo encabezada por el “coordinador estratégico” de la campaña y mano derecha del Presidente, Santiago Caputo, y la recientemente nombrada “coordinadora política”, Pilar Ramírez, estrecha colaboradora de Karina.
El tema sigue siendo 26 de octubre. La única realidad objetiva que hoy tiene el equipo libertario y donde están cifradas las esperanzas de tener un muy buen desempeño para alcanzar un número de legisladores que les permita tener peso propio en el Congreso Nacional y dejar de depender de los acuerdos y negociaciones con otros sectores.
No obstante, el equipo con el poder mileiano que reemplazó al “triángulo de hierro”, está supeditado a que el presidente les imponga las formas en que deben iniciarse los contactos con los gobernadores.
No solo con los complacientes colaboradores sino con el resto y establecer un equilibrio político que le permita tener fuerza de maniobra. La directiva partió del presidente Donald Trump, habrá que esperar a ver cómo la cumplen.
Estamos mejor, no lo sabemos a ciencia cierta. Solo se conocen las expresiones vertidas en torno al logro de una cifra determinada que aportarán organismos americanos y que evitarán la corrida del dólar y la debacle del mercado, situación que aspiran llegue hasta el 26 de octubre.
Basados en el resultado de ese proceso electoral Javier Milei y su equipo plantearán las formas normativas que regirán para recorrer el tiempo que media hasta el 2027.
De ser negativo y volver a repetirse un proceso numérico similar o igual al de provincia de Buenos Aires, la Argentina enfrenta la realidad de un gobierno libertario acosado por el fracaso y sin recetas mágicas que puedan mantener equilibrada la macroeconomía, serenos los mercados, quieto el dólar y bajo el riesgo país.
La ciudadanía tiene la respuesta. El 26 de octubre las urnas hablarán.



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