JUEVES 16 de Abril de 2026
 
 
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La trampa de los números...

Si fuera un juego, sería divertido y hasta -para algunos- placentero practicarlos como parte del relax de las vacaciones de verano, pero ahora hablamos de realidades y no de divertimentos, atento a que nos pretenden vender certezas, crecimiento, desarrollo y éxitos comerciales cuando el país internamente se está cayendo a pedazos.

 

Se celebra el acuerdo comercial concertado con el gobierno de los EEUU. Las declaraciones a la prensa realizadas por el titular de la Jefatura de Gabinete, Manuel Adorni y el canciller, Pablo Quirno fueron -en algunos pasajes- desopilantes, llegándose al colmo de tener que pedir a los presentes que aplaudieran las expresiones vertidas por el diplomático.

La apatía demostrada por los presentes, entre los que se contaban funcionarios, obedeció a que las expresiones no alcanzaban ninguna significación valedera y solo era una “chupada de medias” al presidente Javier Milei cuando comparaba este acuerdo con intentos anteriores que se frustraron, como el acuerdo del ALCA.

La situación fue realmente incómoda y el Jefe de Gabinete, utilizando el poder de su cargo, les impuso que aplaudieran las expresiones del canciller Quirno y tímidamente se escucharon algunas palmas como para conformar un momento ingrato.

Ahora se está poniendo sobre la mesa el éxito de un acuerdo comercial que, prima facie, parece ser positivo para algunos sectores de la producción y empresas comerciales.

Pero como decía el general: “Hay que verlo caminar para saber si es rengo”... Claramente demasiada apertura y bonanza debería generar preocupación y saber cuál es la moneda de cambio.

Los números que se manejan se suponen vienen a darle un espaldarazo a la producción bovina, en tanto, el acuerdo comercial con Estados Unidos abre el mercado a las carnes premium, pero sin que se conozca la letra chica del acuerdo, se deja en stand by a la exportación de acero y el aluminio.

No hay razones ni explicaciones que justifiquen una acción de esta naturaleza, cuando el mismo presidente Donald Trump ha señalado que está interesado en reemplazar a la potencia China de los negocios ya concertados relacionados con metales y tierras raras.

De acuerdo a los datos suministrados por el Poder Ejecutivo y parte de sus funcionarios, Estados Unidos eliminó aranceles para unos 1.500 productos argentinos, situación que podría generar exportaciones por más de mil millones de dólares.

El eje está puesto en el comercio agroalimentario: se avanza en la apertura del mercado para carnes y productos de origen animal, al tiempo que se simplifican trámites sanitarios y registros que hasta ahora funcionaban como barreras de acceso.

Según analistas y especialistas del mercado agropecuario, Estados Unidos y Brasil -las dos grandes potencias ganaderas- ya han determinado reacomodar el sistema que les permita implementar recuperar stock.

Esta circunstancia determina uno de los porqués la administración Trump apeló al mercado argentino para abastecer dos millones de toneladas, que naturalmente tendrán como déficit si no apelan a reformular las cifras de su stock.

Estos datos que se van logrando obtener -no oficialmente- pone de relieve que el tratado de libre comercio suscripto, debe contener -como es habitual y normativo- un contenido de letra chica que ingresa en el marco de la confidencialidad y que obedece a los beneficios que, sin lugar a dudas, obtendrá el de mayor poder negociador. En este caso, claramente los Estados Unidos.

Es en el marco de estas consideraciones donde surgen dudas y aparecen los “datos ocultos”. Se plantea un desequilibrio en las negociaciones de otros rubros, que deben estar contemplados, pero de los cuales poco se habla.

Argentina flexibiliza el ingreso de productos estadounidenses, esto ya esta produciéndose con la eliminación de aranceles a las importaciones generalizadas y se aceptan reglas más laxas en materia de denominaciones comerciales para quesos y carnes.

El poderoso país del norte mantiene distancias entre sus producciones genuinas y los posibles acuerdos de ingresos de otros países libremente a competir en un mercado que ofrece enormes dificultades, dado que se está rearmando para convertirse en uno de los países más poderosos del mundo.

En razón de estas planificaciones dominantes, el comercio y la producción norteamericana no ofrecen contrapartidas concretas para sectores industriales estratégicos, por caso el acero y el aluminio que continúan alcanzados por los aranceles impuestos por razones de seguridad nacional, dejando fuera el acuerdo sin cupos, plazos ni revisiones de ese esquema.

Los números que se dan a conocer resultan auspiciosos, pero reflejan claramente que tiene un patrón definido: Donald Trump, con sus políticas de crecimiento y hegemonía productivo- comercial, procuran desbancar al gigante asiático, hoy, un competidor al cual el presidente republicano no ha podido doblegar.

Reiteramos que las cifras son rimbombantes, pero no dejan de ser una tendencia que aún está en veremos y no reflejan -por ahora- la realidad ni el futuro comercial-productivo y financiero de Argentina.

Mientras esto nos tapa el escenario presente, la crisis interna avanza y se agrava. Los números de desempleados por cierres y achiques de empresas aumentan. Los valores de la economía no están consolidados y la microeconomía no se recupera.

Todo lo que se está observando es en aras de lograr posicionamientos político-partidarios para consolidar los proyectos desregulatorios y transformadores que pretende el presidente Javier Milei para completar su segundo mandato y generar plafón que sustente una segunda oportunidad.

La palabra y los números reales los tiene la ciudadanía. Por ahora, son solo operaciones numéricas manejables, que pueden o no cumplirse.

Habrá que ver que dice el Congreso de la Nación cuando lo trate.

 

 

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