LUNES 26 de Enero de 2026
 
 
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De la Costa a la Patagonia 

La temporada turística en la Argentina: entre la resiliencia y la reinvención

a temporada turística en la Argentina se desarrolla en un contexto complejo, atravesado por cambios económicos, nuevos hábitos de consumo y una marcada reconfiguración del mapa de destinos elegidos por los viajeros. Aun así, el sector vuelve a demostrar su capacidad de adaptación y su peso estratégico dentro de la economía nacional, especialmente en aquellas regiones donde el turismo es una de las principales fuentes de empleo e ingresos.

Durante los meses de verano, los principales destinos del país volvieron a recibir una afluencia significativa de visitantes. La Costa Atlántica, con Mar del Plata, Villa Gesell, Pinamar y el Partido de La Costa a la cabeza, mantuvo niveles de ocupación moderados pero sostenidos, con picos durante los fines de semana y en la segunda quincena de enero. <EM>En tanto, los destinos serranos de Córdoba, las sierras bonaerenses y los valles patagónicos se consolidaron como alternativas atractivas para quienes buscaron tranquilidad, naturaleza y estadías más cortas.

Uno de los rasgos salientes de la temporada fue el cambio en el comportamiento del turista argentino. La tendencia a reducir la cantidad de días de vacaciones, priorizar escapadas de tres a cinco noches y ajustar el gasto diario se repitió en casi todas las regiones. El alojamiento en casas y departamentos, el turismo familiar y el uso intensivo del vehículo particular marcaron el pulso de una temporada signada por la cautela, pero también por el deseo de descanso y recreación.
En paralelo, el turismo internacional mostró señales dispares. Mientras que el ingreso de visitantes extranjeros fue menor en comparación con años anteriores, algunos destinos específicos lograron destacarse. La Patagonia, con El Calafate, Ushuaia y Bariloche, continuó siendo uno de los principales polos de atracción para turistas europeos y brasileños, al igual que la Ciudad de Buenos Aires, que sostuvo su oferta cultural, gastronómica y de espectáculos como uno de sus mayores diferenciales.
El impacto económico del turismo sigue siendo relevante, aunque con márgenes más ajustados. Comerciantes, hoteleros y prestadores de servicios coinciden en que la ocupación no siempre se traduce en una rentabilidad plena, debido al aumento de costos operativos y a un consumo más selectivo por parte de los visitantes. En este escenario, las promociones, los planes de financiación y los eventos locales se convirtieron en herramientas clave para sostener la actividad.
Las provincias, por su parte, reforzaron las estrategias de promoción y diversificación de la oferta. El turismo rural, el enoturismo, las fiestas populares y las experiencias vinculadas a la identidad cultural ganaron protagonismo, ampliando el abanico de propuestas más allá de los destinos tradicionales. Este proceso no solo busca atraer visitantes, sino también distribuir de manera más equilibrada el flujo turístico a lo largo del año.
De cara a los próximos meses, el sector apuesta a consolidar la temporada baja con feriados, escapadas cortas y propuestas accesibles. <EM>La Argentina, con su diversidad geográfica y cultural, sigue contando con un enorme potencial turístico. El desafío, una vez más, será transformar ese potencial en desarrollo sostenido, empleo genuino y una experiencia de calidad para quienes eligen recorrer el país.
 

 

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