VIERNES 29 de Septiembre de 2023
 
 
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La Plaza Seca, un espacio con memoria

Asumimos a nuestra plaza seca como un elemento natural y acostumbrado, sin advertir (sobre todo los jóvenes) que ella guarda el recuerdo del Fernandez, el bar que en su tiempo fuera también un punto emblemático de concentración pública. 

Se le llama “seca” porque su superficie es de solados rígidos a diferencia de las que privilegian la tierra, el césped y los arbolados. Entre los urbanistas existen (cuando no) diferencias sustanciales: están los que las quieren todas verdes y hay, en el otro extremo, quienes las prefieren de mosaicos o cemento.
Para los observadores románticos la ciudad es una casa grande y en ambas concepciones se entrecruzan preferencias: si los pasillos de las casas bajas fueran las calles, el patio sería la plaza y las generaciones discutirían si el patio debe cobijar frutales y rosas o si conviene que luzcan cerámicos de colores. 
Pico rompió los moldes de las tradicionales plazas pampeanas y aprovechó un lugar pequeño para hacerlo de descanso y para congregar en él las energías artísticas o culturales y las expresiones solidarias de los vecinos. 
La memoria de este espacio sin embargo, no se remonta solo a la ciudad de los años 50 ni al querido Bar Fernandez. Tiene un aspecto que la condice con las más antiguas concepciones urbanas. Recordemos que el ágora, término con el que se designaba en la antigua Grecia a la plaza de las ciudades estados, era el lugar en el que los ciudadanos se reunían para discutir sobre las leyes y el futuro político de las sociedades.
Precisamente la palabra ágora deriva en su etimología de algo así como reunión o asamblea.
Y para completar la idea, la inspiración de un arquitecto local sugiere en la enorme pared de fondo de “nuestro ágora” o bien la imagen de uno de aquellos templos que mucho antes de Jesucristo fueron dedicados a los dioses olímpicos o bien una obra que se inicia apuntando al futuro. 
Concebida en tridimensional, despierta la curiosidad de los visitantes: Tal vez ruinosa y con arcada inconclusa, aparece la imagen con sabor a historia y a cosa sagrada. Una especie de renacimiento de lo antiguo en contraste con los nuevos tiempos. Aunque quizás también pudiera suponer el desarrollo urbano en etapas.
Siento que es un símbolo hermoso de la ciudad cualquiera haya sido la idea. Y pensar que algunos creyeron ver con muy mala leche en la arcada inconclusa, un “coitus interruptus arquitectónicus”.
 

Por Hugo Ferrari- Especial para LA REFORMA

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