MARTES 27 de Febrero de 2024
 
 
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La partida fue “tablas”

Desde cualquier punto de vista, todos lograron el objetivo que se habían fijado. La CGT, mostrar que tiene “músculo” para hacerle frente al Gobierno y el sector gubernamental tuvo éxito en el ajustado mecanismo de control de calle. Pueden, si así lo ven conveniente, adjudicarse una victoria que la realidad indica que no existió; pero nadie puede impedir que se adjudiquen “laureles”. Eso ya es una cuestión de cada sector.

Hubo y eso sí es preocupante, intimidaciones oficiales hacia legisladores y gobernadores que no aprobarán los envíos del Ejecutivo y, por otro lado, amenazas de los sectores que se sintieron fuertes por llenar la plaza del Congreso y no dejaron pasar la ocasión de hacerlo. Ambos resortes equivocados si lo que se pretende es pacificar el país.

Muchos las justifican, porque los sectores se han ideologizado y están observando los acontecimientos en forma parcializada, para uno u otro sector. Pero todo indica que estamos en una Argentina que puede implosionar.

El resultado final, como si tiraras la “pirinola”: “Todos pierden”. Es la única realidad, ni la de Milei, ni los opositores negociadores, ni los enconados que confrontan. La que se observa claramente es que de esta absurda contienda no pueden surgir ganadores.

Habrá quienes, por estar en algún ámbito con determinadas influencias que operan sobre ámbitos sociales, provinciales o instituciones de diversa naturaleza, se sienten “poderosos” y alentados por triunfos, que ninguna duda cabe, tienen fecha de corte.

Ayer se mostraba en el país a los sectores que, animados por los que no han logrado consensuar sus aspiraciones de continuidad, salieron a la calle y pusieron en evidencia su enojo, constituyendo un preanuncio de lo que podría ocurrir en los próximos meses, donde se esperan que estos ajustes salvajes que responden al proyecto liberal que sustenta Javier Milei se agudicen, ante la imposibilidad real de revertir el deterioro socio-económico que está sufriendo la Argentina.

Hay una sensación de agobio social. Casi podríamos decir que la expresión popular “ya no me importa” es una frase que se está haciendo presente cada vez que se establece algún diálogo con vecinos o amigos y el tema surge, inevitablemente. Sobre todo cuando se habla de precios, aumentos desmedidos y lo que puede deparar el ajuste “mileísta”.

Mal que le pese a los encumbrados políticos que hoy nos gobiernan, los aplaudidores son cada vez menos y los dolientes aumentan considerablemente. Nadie o muy pocos piensan en el mañana. Vivimos hoy, tenemos y nos alcanza para comer, darle algún gusto al nene, para los gastos imprescindibles y “después veremos”. Es resignación a lo que se está viviendo.

Mientras las paritarias bancarias, petroleras, camioneros, entre otras de las consideradas poderosas, obtienen acuerdos -que la mayoría está imposibilitada de lograrlos-, la ciudadanía, la que está sujeta a magros salarios, algunos temiendo no ser uno de los elegidos para aliviar la carga de la masa salarial, otros que hace años venían tirando merced a las prebendas políticas y los más sumergidos que no esperan nada, se ha establecido una pelea continúa y pareciera no habrá tregua.

Que el término negociar constituye una mala palabra, forma parte de los fundamentos que esgrime la figura presidencial y su entorno más chico. Siempre se negoció, desde la época del “trueque”, una de las formas de establecer intercambios de necesidades. Dejar de reconocer que se hace necesario establecer consensos, constituye una nueva forma arbitraria y dictatorial de poner condiciones.

El paro se concretó y resultó importante si tenemos en cuenta que las medidas inherentes al protocolo antipiquete cerró todas las entradas a Buenos Aires y únicamente permitía ingreso a través de los medios de transporte habituales.

Los operativos de control de micros y estaciones ferroviarias donde la actitividad de las fuerzas policiales resultaban actos de coerción, ante la exigencia de identificación y la requisa de bolsos, que ninguna duda puso un límite al ingreso, fue llamativo y nos llevó a recordar épocas pasadas.

Esta actividad desplegada por las fuerzas de seguridad está respaldada en los contenidos de la norma antipiquete que puso en funcionamiento la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, que contó con el aporte de todas las fuerzas de control existentes.

No obstante lo visto, habla de un clima de profunda inestabilidad social, que debería merecer un análisis que agote todas las instancias a las que se pueda acceder para lograr estabilidad de un sector de la sociedad que habla de futuros y más severos conflictos.

Se pasó una prueba de fuerzas, sin vencedores ni vencidos, pero últil para recapacitar si los caminos elegidos para normalizar son los correctos. El exceso de fuerza y la imposición genera rebeldía, que acumulada, habla de futura conflictividad.

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