JUEVES 08 de Diciembre de 2022
 
 
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La necesidad de una alegría

No es novedad que los argentinos y argentinas tenemos necesidades improrrogables. Pero lo que indudablemente es imperioso e inaplazable es la necesidad de una alegría. Hemos depositado casi desesperadamente la búsqueda de ella en el fútbol; sí, en el Mundial de Qatar. Y el golpazo que nos dimos contra Arabia Saudita tardó sólo unos minutos en reflejar el sentimiento que nos embarga desde hace un tiempo.

Desconsuelo, desconfianza, decepción, pedidos de cambios... Como técnicos queremos aplicar nuestros sistemas. Le cargamos la culpa a Macri porque lo consideramos mufa y traidor. Mientras sacábamos cuentas e intentábamos algunos simples análisis matemáticos pero de carácter pesimista. Hasta el martes a la mañana la selección era la mejor del mundo y hoy se transformó casi en la peor. Caminamos después de ese debut con la cabeza baja y ni chistes espontáneos aparecieron.

Una derrota en un partido de fútbol nos devuelve en un santiamén a la famosa grieta, esa que tanto mal nos hace, las que nos quitó la alegría, la que nos quitó la posibilidad de debatir como adultos y con seriedad.

Está más que claro que el fútbol nos une pero solo si hay victoria, si hay éxito, si no volvemos a ser los argentinos que nos peleamos por cualquier motivo, con cualquier excusa.

Ante la derrota de la selección en la que tenemos elevadas expectativas y desmesurado exitismo triunfalista, en pocos segundos nos desnudamos.

Las redes sociales, sitios donde alentamos la grieta, con respuestas, con faltas de respeto en la disyuntiva Maradona vs Messi, Scaloni vs el invicto con rivales de poca jerarquía, De Paul y su celular vs la farándula, Macri vs Cristina, Periodistas de la TV Pública vs los de TyC Sports y los de Espn.

Indudablemente que la decepción por una alegría que no se dio, reaviva el fuego del enfrentamiento interno que tenemos del cual ahora el fútbol es la excusa perfecta. Pero la verdad está en otro lado: la desocupación, la pobreza, la inflación, que los asalariados no llegan a fin de mes, que los piqueteros siguen con los acampes y cortes de calles, etc. Si desde hoy comenzamos con esa expresión de “los que tienen plata se fueron a Qatar y los pobres nos quedamos juntando la plata para ellos”.

“La alegría puede ser descripta como uno de los sentimientos más nobles y únicos del ser humano. La alegría tiene que ver directamente con la felicidad y actúa como una sensación de satisfacción frente a una situación específica o circunstancial, como también frente a una coyuntura de larga data. La alegría se manifiesta en el cuerpo, en los gestos de la cara, en la salud y el estado anímico. Es considerada uno de los elementos más importantes a los que todo ser humano debería acceder para llevar una buena calidad de vida” (párrafo extraído de “La importancia de la alegría”).

Es en ese texto donde podemos encontrar la explicación del porqué en nuestro país necesitamos de una alegría y nos aferramos al fútbol porque además de ser el deporte más popular, es el que más voluntades reúne y el que habitualmente más nos une.

Es el que más, probablemente, nos haga olvidar por unos instantes de todos o la mayoría de los problemas, de las diferencias ideológicas, de los modos de vida, etc.

Pero la derrota en el partido inaugural nos puso en el lugar que nos ubicamos desde hace un largo tiempo y al que la mayoría le sigue llamando grieta, aunque quizás el término apropiado sea mezquindades, donde la ansiedad e intolerancia juega un papel crucial.

Sí el fútbol no nos devuelve la alegría y nos tiende un puente de unión, será casi imposible que otra actividad, acción o discurso, lo pueda lograr. La necesidad de una alegría se huele en cada rincón, aunque parezca trivial hoy es el fútbol el que nos puede dar algo de ella.
 

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