En las actuales circunstancias por las que atraviesa el mundo en general y Argentina en particular, se está produciendo un fenómeno preocupante: se han perdido los límites.
Ya no existe un marco adecuado sobre el cual se puede desenvolver la sociedad. Siguiendo un ejemplo que viene desde arriba, en un derrame peligroso, gran parte de la
ciudadanía está sobrevalorando su opinión, no reconoce que pueden existir diferencias y, para imponer su criterio, transgrede todo el marco fronterizo.
Ese efecto negativo, que genera actitudes -en muchos casos- agresivas, las materializó con sus ademanes el presidente argentino, Javier Milei, como una forma de
comportamiento habitual que conforma parte de su extraña personalidad.
Se ha comenzado a repetir, primero viniendo de quienes rodean al primer magistrado y hoy se ha generalizado. Ya no existen marcos limitantes en ningún
escenario de la vida diaria de la comunidad.
La guerra desatada en Medio Oriente está rompiendo todas las barreras que aunque, en muchos casos, están sujetas a un delicado equilibrio donde juegan un papel
trascendente los acuerdos diplomáticos y las instituciones que internacionalmente procuran, con normas elaboradas por los países que las integran, establecer reglas de
convivencia y respeto.
Hoy, con un trípode de países poderosos: EEUU, Rusia y China confrontándose por obtener un liderazgo absoluto, desaparecieron las barreras morales y los
condicionamientos institucionales para dar lugar a la imperancia de quienes tienen más poder y decisión para lograr el sometimiento del resto.
La guerra se define filosóficamente como una “continuación de la política por otros medios”, “que transforma la estructura social y ética, a veces vista como un mal
necesario, o un elemento del destino humano” (Clausewitz). Psicológicamente, “es la manipulación de la mente, emociones y voluntad del enemigo para desmoralizarlo y
romper su capacidad de resistencia”.
Es una de las peores formas de no reconocer límites y, si los hubiere, de ser poseedor de un poder impuesto por sobre las reglas morales y actos de cualquier
sociedad del mundo civilizado.
“La filosofía de la guerra analiza las causas, sin ser una cuestión psicológica, intuitiva e innata. Requiere de un estudio multicultural que permite investigar las
acciones del ser humano. La filosofía de la guerra es un complejo mundo donde se encuentran sus causas, sus hechos históricos y sus consecuencias complejas en la
cultura humana y universal”.
Hoy la lucha establecida para reacomodar el mundo moderno y transformarlo con liderazgos únicos está llevando a que los más poderosos, por caso: Trump, Putin,
sectorialmente Netanyahu, Kim Jong-un de Corea del Norte, y Xi Jimping, estén expectantes ante el crecimiento bélico de Medio Oriente y la conformación de un
mundo futuro diferente, con profundos cambios que transformarán las ciudadanías, e impondrán reglas con valores que aún no están presentes. En ese contexto, no tienen
reparos en usar la fuerza para obtener mayores beneficios.
El propio Heráclito afirmaba: “La guerra es el padre y rey de todo. Convierte a algunos en dioses y a otros en hombres, vuelve a algunos esclavos y a otros libera”.
Agregaba: “Se pueden encontrar posturas que derrumban este argumento, puesto que en situaciones como el final de 2ª Guerra Mundial, no está tan claro que derivasen en un
beneficio óptimo, debido a toda la autodestrucción que hubo como consecuencia reflejada a posteriori”. Todavía están tratando de reconstruirla sobre bases aggiornadas
al siglo XXI.
El gran dilema es volver a rehacer sobre sociedades que han perdido todo, inclusive la esperanza, y deben reformularse qué pretenden del mañana que les están
ofreciendo.
Se mantuvo cierta tensa paz, con algunos atisbos de guerras internas, geopolíticas, con profundas connotaciones, con diferencias ideológicas y, en una parte
del mundo, religiosas.
Todos a su manera rompieron limitaciones y generaron poderosos, sumisos y esclavos de un manejo dictatorial que marcó las diferencias de los pueblos que
materializaron las libertades personales como paradigma de subsistencia. Hoy, aun inmersos en una guerra globalizante que afecta a grandes poderosos y medianos, sujetos
a negociaciones y futuros apoyos, los países en procura de desarrollo y los emergentes que, ante la eventualidad de un gran cambio, deberán replantearse en qué escenario se
ubican.
Existe una enorme incertidumbre por el futuro que, algunos plantean, será la “panacea” y otros lo ven como la “ciclópea” tarea de levantar sobre las ruinas de lo que
pueda quedar en pie.
Establecer límites en la vida es fundamental para preservar la salud mental, fomentar relaciones saludables y fortalecer el amor propio. Estas barreras actúan como
herramientas de protección personal que definen comportamientos aceptables previniendo el agotamiento emocional, el estrés y la manipulación. Aclarar estos
aspectos implica el autoconocimiento, la asertividad y la responsabilidad sobre las propias necesidades.
Hoy nada de esto se manifiesta y si ocurre, está reservado para unos pocos que ven el nuevo mundo como el ámbito que requiere liderazgos fuertes que centralicen y
generen aquello que denominan el “nuevo orden mundial”.
El concepto de “orden mundial” ha sido una de las referencias más comunes utilizada por los estadistas y hoy se convirtió en una constante del comportamiento del
presidente Donald Trump y varios de su entorno, siendo ya una forma utilizada por los medios de información. Incluso ha constituido un importante debate académico.
<EM>Su significado se equipara, generalmente, al de relaciones internacionales, o sistema social mundial. También es un concepto afín a el orden jurídico internacional, el
derecho internacional, el sistema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el funcionamiento de otros organismos similares.
Esta transformación queda claramente explicitada en las nuevas instituciones jurídicas internacionales que está generando el presidente estadounidense para
reemplazar a las existentes, que considera caducadas y sin proyección de futuro.
Nadie puede asegurar que las técnicas y estrategias avasallantes pueden tener continuidad dado los frentes internos y externos que rechazan las operativas del
empresario republicano. Reina una gran incertidumbre por el futuro.
Como dice esta entrega en un principio: los límites existen. Desconocerlos podría conducir al fracaso y a tener que comenzar de nuevo.



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