Ya no saben qué inventar para sacar provecho de la interna desatada en los ámbitos del oficialismo.
Una mentira es un acto comunicativo o expresivo intencional que busca hacer que el receptor adopte una creencia falsa. Requiere falsedad (lo que se dice no coincide con la realidad) e intención (el emisor sabe que es falso y busca engañar). No incluye errores ni malentendidos involuntarios.
Este mecanismo ha surgido con fuerzas en los planteos que se realizan ante las divergentes posiciones, ya que distintas autoridades funcionales del gobierno mileista procuran quedar a salvo de la hecatombe que se avecina.
Es indudable que el internismo en los partidos políticos o en diferentes actividades donde se conforman equipos de trabajo es un suceso normal dado que forma parte de las estrategias que utiliza el que manda, para manejar y tener conocimiento de cada uno y todos en el desempeño de sus respectivas funciones.
Sería aceptable, aunque inapropiado, que el presidente utilice las divisiones que provocan los enfrentamientos que derivan en conflictos de intereses dentro de una misma agrupación.
Todo está signado por un desborde egoísta, en procura de alcanzar poder e influencias que en definitiva desvirtúan una de las formas de hacer política honestamente.
En el marco del gobierno mileista los signos de la envidia, las ansias por consolidar poder frente a las divergencias que se plantean, generando enfrentamientos, han conspirado abiertamente con el futuro proyectado por la figura presidencial, con miras a reformular los lineamientos de un segundo mandato.
Uno de los apuntados por presuntas mentiras conforma parte del equipo que responde a la Secretaria General de la Presidencia, hermana del titular del ejecutivo, Karina Milei y es el presidente de la Cámara de Diputados Martín Menem, quien buscó defenderse ante sectores de la prensa que le son afines, para desvirtuar las acusaciones que surgieron de los equipos de trolls que sustentan el poder del asesor presidencial Santiago Caputo.
Una de las frases usadas por el titular de la Cámara baja, fue: “No subestimen al presidente Milei”, agregando: “Si él me colocó donde hoy estoy, es porque me tiene confianza”. En realidad nadie ha pretendido desestimar el acierto o no de los colaboradores elegidos, pero que el “Rufus” utilizado le pertenece, no existen dudas.
Denuncias que aumentan, señalando a funcionarios del gobierno como protagonistas de hechos de corrupción funcional y económica, van marcando la tremenda disociación partidaria que se ha producido en los últimos meses en La Libertad Avanza.
El posicionamiento asumido por los hermanos Milei abre un abanico de dudas, especialmente en lo concerniente al estado actual del Jefe de Gabinete quién sigue “mofándose” de la sociedad que ve como se amontonan los antecedentes de su veloz enriquecimiento, ahora aumentado por las contingencias que implican a su esposa, a través de empresas vinculadas con negocios del Estado. Estos son episodios que están en manos de la Justicia y que serían suficiente motivo para alejarlo -provisoriamente- del cargo hasta tanto quede fehacientemente demostrado que es inocente de aquello que se lo acusa a él y esposa, o se resuelvan sus responsabilidades.
Pero siguen las mentiras circulando, dejando evidenciado que se está intentando un salvataje del “Titanic” mileista que se hunde, pareciera, irremediablemente, si no se apela a desprenderse de los pesados “lastres” que lo llevan al ostracismo político.
El cansancio y hastío interno manifestado por partidarios y asociados afines está llegando a un punto donde se pone en juego su continuidad o su alejamiento.
A las reacciones de la hermana del presidente, un poder tan o más poderoso que el del mismo Javier Milei, obedecen las decisiones que están generando “grietas” con adherentes, por ejemplo Patricia Bullrich a quien Karina Milei decidió alejarla de las reuniones ministeriales mostrando su francas diferencias con la Senadora, a merced de quien lograron las diferencias en un balotaje que terminó con el libertario en el “Sillón de Rivadavia”.
La decisión de la hermana del presidente se da en el mismo momento en el que Santiago Caputo y Martín Menem libran una guerra a cielo abierto que dejó al propio Javier Milei en un lugar incómodo. Los sucesos que muestran el quebranto partidario parecieran no tener fin y dan cuenta del desgaste que viene sufriendo el presidente que intenta un equilibrio hasta ahora no logrado.
Si estas discordancias operativas siguen en aumento, y el deterioro de la imagen presidencial y de su equipo avanza, el futuro no ofrece perspectivas positivas, por el contrario, la negatividad lo esta demostrando: más del 60 por ciento de la sociedad le está diciendo basta al gobierno de Milei.
Ya se habla de un enfrentamiento Karina - Bullrich y preanuncia consecuencias políticas inminentes. Ya se elaboran planes donde se estarían produciendo entendimientos entre Bullrich, Las Fuerzas del Cielo y Mauricio Macri y eso sería el final para Javier Milei.
Los excesos, la soberbia de pensar que es el “mesías” y que se transforma en el “profeta” que llegó a la Argentina para generar un cambio, pueden conducir al ostracismo político a Milei y La Libertad Avanza.



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