MARTES 03 de Marzo de 2026
 
 
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La letra chica es la que vale...

En cualquier acuerdo que se establezca, ya sea comercial, económico, financiero, productivo, entre otros, son halagüeñas las palabras que le dan forma al anuncio que con “bombos y platillos” se realiza sobre un acuerdo comercial que pone el sello a las gestiones que se vienen desarrollando.

Pero como expresa el viejo refrán popular: “No todo lo que brilla es oro”, porque cuando ese acuerdo se establece entre un poderoso y un emergente, caso de EE.UU y Argentina, hay que presuponer que nadie que tenga “la sartén por el mango”, arriesga si no es para ganar.

Sería prematuro aventurar resultados para el aparato productivo y las explotaciones de tierras “raras” y minerales diferentes si los contenidos en la denominada “letra chica” del acuerdo se conocen en forma retaceada.

Todo indicaría que habrá un pacto de confidencialidad y los argentinos nos quedaremos sin conocer en profundidad los alcances del proyecto hegemónico que alienta el presidente Donald Trump.

Sí está claro, y es por demás evidente, que pretende expulsar de América Latina a los emprendimientos comerciales del “gigante asiático”, hoy por hoy, uno de los problemas que procura resolver el gobierno republicano para establecerse como el país más poderoso, comercialmente, del mundo.

En esta épica que ha encarado el líder norteamericano, es acompañado por el argentino libertario Javier Milei, que comparte el ferviente deseo republicano de lograr imponerse en los mercados mundiales a la potencia China, la cual hoy ha logrado una penetración que, para muchos países, la vuelve indispensable dada la competencia comercial con la que no pueden establecer parámetros de lucha.

Qué argumentos esgrimen, tanto Trump como Milei, para rechazar de plano una competencia que se establece con menores precios, por la acción de una política de extrema izquierda, donde el trabajador está sometido a las decisiones del Estado que se erige en la única ley establecida y que se debe respetar.

Un amplio sector del empresariado argentino mantiene un prudente silencio ante este acuerdo comercial, atentos a la ausencia de conocimiento que existe sobre los contenidos de la “letra chica”, donde estarían explicitados los posibles condicionamientos que pretende EE.UU. y la medida en que esos aspectos pueden conspirar con el aparato productivo nacional.

Ya está claro y así lo han hecho conocer, tanto Trump como Scott Bessent, Marco Rubio, Howard Lutnick -secretario de Comercio- y Jamieson Greer, titular de la Representación Comercial de los Estados Unidos (USTR), hay un notable interés en esta parte de América del Sur,con eje en la Argentina.

Es como ellos lo denominan, una “cuestión de geopolítica”.

En este paso dado por norteamérica, Argentina no está solo en el acuerdo comercial que también se ha sellado con Ecuador, El Salvador y Guatemala.

Alguien diría es el “abrazo del oso” y puentes tendidos para alcanzar la recuperación que aún nuestro país está lejos de obtener.

Cabe señalar que no es técnicamente un “Acuerdo de libre comercio”, que entraña otras circunstancias que están atadas a la despiadada competencia industrial, comercial y, hoy, tecnológica. Otros son los factores que se materializan en esta operativa, circunscripta a determinados rubros y con intereses diferenciados que operarán, según las circunstancias, a favor de las inversiones internacionales.

La cámara de empresas de Estados Unidos en Argentina, AmCham, sostiene que de establecerse “la potencial eliminación de barreras arancelarias y para-arancelarias va a mejorar la competitividad de las exportaciones locales”. Este factor recién se podrá apreciar en su verdadera dimensión cuando se puedan conocer los detalles que normarán el acuerdo.

Hoy todo pareciera encarrillarse positivamente en procura de alcanzar los mecanismos necesarios que permitan el despegue de Argentina, aunque para muchos consultores y analistas económicos habrá que esperar para saber el costo del esfuerzo a realizar.

Mientras esto sucede en el ámbito económico-financiero, que sirve de distractivo a las actividades internas de la política, la futura senadora nacional Patricia Bullrich se presentó en el Senado en calidad de presidente del bloque de LLA y se entrevistó con la vicepresidente y titular de la Cámara Alta, Victoria Villarruel, para retomar una línea de entendimiento y colaboración, que dadas las diferencias con los hermanos Milei, se había bloqueado.

Según Bullrich, todo sobre rieles. De acuerdo a lo mencionado por Victoria Villarruel: “Yo no tengo facultades para obstaculizar nada, mis facultades están bien definidas por la Constitución Nacional y el reglamento de la Cámara, que apuntan a que se garantice la independencia de poderes y el respeto al Poder Legislativo”.

El reacomodamiento oficialista continúa definiendo roles en el staff ministerial, proyectando la figura de Javier Milei como el mentor político y Karina Milei como la ejecutora de doble comando presidencial con poder de veto.

Se mantiene fuera de las disputas el poderoso asesor presidencial Santiago Caputo quien ha comenzado a estructurar una fuerza, que desde las redes sociales está instalando la figura del émulo de “Rasputín” a la argentina.

Falta aún definir cuál será el escenario político a partir del año próximo. Todos son relatos a lo que se le asignan realidades que no están concretadas, sino que cada uno se está armando su propio “Reina de Narnia”.

Habrá que prestarle mucha atención a la “letra chica”.

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