Siempre ha sido así. En estos dos años de gobierno libertario, y apuntando a los dos restantes, el presidente Javier Milei, fiel a su forma de gobernar e imponer, ha señalado como indispensable para responder positivamente al FMI y al mercado que la “Modernización-Reforma Laboral” salga cueste lo que cueste.
Todo indica que las gestiones negociadoras del Ministro del Interior, encontraron en los gobernadores una actitud positiva, siempre y cuando se deje sin efecto el artículo 191 de la mencionada norma proyectada que afectaría severamente sus ingresos.
Surgió de la reunión de la mesa chica política, armada por el presidente libertario, que la salida para que la nueva ley se promulgue debe omitir el artículo mencionado.
Naturalmente y como ya es habitual en las negociaciones y acuerdos de LLA que generan los “mensajeros” oficiales -en este caso Diego Santilli, la senadora Patricia Bullrich, Santiago Caputo y el titular de la Cámara baja Martín Menem- se elaboran estrategias que operan transversalmente y aquello que se ven obligados a eliminar, para flexibilizar su tratamiento, se recompone de alguna manera con otra fórmula.
Este suceso no es nuevo, ocurrió con la famosa Ley Base original que transformaba cerca de 300 normativas legales y, tras muchos tironeos, se aprobó un mini proyecto de bastante menos de la mitad del objetivo que determinó el trabajo de Federico Sturzenegger con la aprobación del presidente Javier Milei.
Es un formulismo gubernamental que le ha permitido al presidente libertario avanzar en sus objetivos pese a los intentos opositores por evitarlo.
Hoy las maniobras “endulzantes” que realiza el presidente norteamericano Donald Trump para mantener vigente la adhesión mileista a sus políticas y decisiones revalidan un empoderamiento del primer mandatario argentino que no le permite aceptar disidencias y resuelve por el hecho consumado, omitiendo considerar que el país que él gobierna tiene una estructura respaldada por la Constitución Nacional, donde las provincias juegan un rol trascendente que Milei, con excepción de las que se entregan sin condicionamientos, pretende desconocer.
La acción, concretada en la jornada de ayer en Paraguay donde se firmó el acuerdo comercial entre el Mercosur y la UE, y que contara con la presencia de los jefes de Estado del Mercosur y autoridades europeas con excepción del presidente brasilero Lula da Silva, mostró un gesto -no compartido por las restantes autoridades presentes- del presidente Javier Milei quien, en un claro gesto de rechazo, omitió aplaudir protocolarmente cuando fue nombrado el mandatario ausente.
Una actitud discordante que para nada ayuda a los lazos de confraternidad que siempre existieron entre los países del cono sur, más allá de las disidencias ideológicas.
Javier Milei fue el único mandatario que no aplaudió cuando su par de Paraguay, Santiago Peña, destacó públicamente el rol de Luiz Inácio Lula da Silva en el proceso de integración regional.
El presidente paraguayo Santiago Peña, titular pro témpore del Mercosur, destacó que: “Lula fue uno de los impulsores fundamentales de este proceso”, agregando: “sin el cual no hubiésemos llegado a este día”. Los aplausos fueron generalizados a excepción del libertario que se mantuvo ausente del reconocimiento que fue aprobado por todos los presentes.
Propio del presidente argentino, que procura emular los desplantes de su mentor Donald Trump, quien se ha caracterizado por mostrarse único, poseedor de toda la sabiduría política del planeta y por ejercer un poder basado en las fuerzas militares de uno de los países más poderosos del mundo. Digamos que “el saco le queda grande” dado que para Argentina, el Estado brasilero es un ícono comercial del cual depende gran parte de la industria y producción nacional. <EM>Hoy ante la transformación que se conoce como -según los analistas y consultores políticos más renombrados- la conformación del “nuevo orden mundial”, expresión que se ha usado en geopolítica e historia reciente para referirse a un supuesto nuevo período histórico caracterizado por cambios dramáticos en las ideologías políticas y en el equilibrio de poderes a nivel global.
Donald Trump materializa ese cambio que ya había comenzado Vladimir Putin e impuesto en sus territorios el gigante asiático,China, donde el Estado está por sobre todas las fuerzas sociales que se desenvuelven, producen, industrializan y abordan las ciencias modernas siempre bajo el tutelaje del gobierno.
Esa búsqueda es la que ha emprendido, con otros mecanismos pero fines similares, el libertario-anarcocapitalista Javier Milei eligiendo ser incondicional del más poderoso y al cual se asemeja en sus acciones políticas: el republicano Donald Trump.
Esta actitud posterga la posibilidad de establecer el orden sudamericano y se la entrega, como condición geopolítica, a un primer mundista como el país del norte.
Es el gran juego del siglo XXI. Lo poderosos del primer mundo saben que esa transformación está en marcha; dependerán las formas y los modos que se apliquen para poder evaluar los resultados.
Hoy es la ciencia moderna, la incorporación de la IA a la vida diaria; el nuevo sistema de la información a través de redes sociales. El desembarco del streaming. El “robotismo” y su utilidad en la industria, aún más ahora con su desarrollo en la vida familiar. Todo esto y mucho más, que aún está en proyección a concretarse, es el GRAN JUEGO donde participar será no quedar relegado, pero siempre siendo emergente.
El futuro gran cambio está en marcha y es factible se comience a delinear en las próximas décadas.
Pero es el fortalecimiento y la formación de las nuevas generaciones las que pondrán las condiciones, dado que a ellos corresponderá establecer las reglas del nuevo orden mundial.



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