VIERNES 10 de Abril de 2026
 
 
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La guerra y la economía sacuden a la Argentina

Era un proceso que no podía demorar mucho tiempo en hacerse sentir en nuestro país.

La debilidad de una economía que no hace pié ni en el manejo interno ni tampoco el externo, nos conmueve en todos los sectores de la sociedad productiva, alcanzando niveles impensados o por lo menos alejados de la realidad que permanentemente nos pretenden transmitir desde las esferas del gobierno nacional.

El combustible, uno de los motores del movilizante de la economía interna, está en una carrera ascendente que ha provocado una profunda desestabilización en la industria, el comercio, la faz operativa de todo el movimiento industrial, el transporte y ya ha comenzado a sentirse en los movimientos económicos del consumo.

El “coletazo” era esperable y de acuerdo al estado actual de las contingencias beligerantes no caben dudas que tienden a agravarse.

Mientras este suceso en el cual estamos “asociados con los EEUU e Israel”, con menos espaldas financieras y un orden en decadencia de la actividad económica, estamos enfrentando un momento extremadamente difícil que pareciera pasar desapercibido por las autoridades gubernamentales.

Empresas que se cierran, otras que plantean estar en crisis terminal, sumadas a las que han optado por variables de achique y cambios internos procurando alcanzar a nivelear recursos con gastos, marcan un camino que no tiene salida visible, por lo menos por ahora.

Todo suma y no para bien. Las fracturas internas del oficialismo son cada vez más notorias, pese a los intentos por disimularlas o buscar “chivos expiatorios”.

No van en zaga los sectores opositores que no encuentran cómo confrontar políticamente y convertirse en alguna opción viable que ofrezca realidades y no relatos.

El desempleo aumenta, la pobreza crece, la esperanza de mejorar se desvanece ante un suceso real que llegó a los bolsillos y se trasladó inexorablemente a la “panza”; chicos que solo comen una vez por día, otros que solo acuden a las escuelas por el vaso de leche, muestran un panorama desolador, que no se arregla con gritos, insultos, denostaciones, buscando culpables, sino con soluciones que hoy no aparecen.

El tema de la guerra es crucial para el desenvolvimiento mundial. La inestabilidad es creciente y está sujeta a las decisiones de quienes hoy han comprometido la seguridad y las estructuras económicas de quienes venían recuperando el esqueleto y hoy se han visto obligadas a tener que decidir en que escenario están ubicados.

Para los países emergentes, caso Argentina, el tema es mucho más profundo y delicado atento al estado de descomposición en el que se encuentra, envuelta en una mecánica libertaria, abriendo las puertas a la importación para lograr el libre mercadismo, una manera de instrumentar la competencia, obteniendo la respuesta del “no se puede competir en el plano de desigualdad que hoy tiene Argentina con el resto del mundo”.

Las acciones emprendidas por el presidente norteamericano Donald Trump han generado alternativas diferenciadas, según respondan a las inquietudes de países del primer mundo, UE, o los que observan los acontecimientos sin tomar “partido” y que solo procuran blindar sus economías para evitar los vaivenes de una guerra que se dijo era por algunas semanas, pero todo indicaría que llevará más tiempo y con mucho más costo, humano y económico.

En estos momentos Donald Trump mantiene una situación política de enorme conflictividad interna, dado el posicionamiento parcializado del partido republicano que no responde a las pretensiones de liderazgo mundial que pretende el empresario neoyorkino y de los Demócratas, que desde el principio de la guerra han mostrando su disconformidad con las decisiones presidenciales.

Un ámbito de guerra interna también soporta el aliado predilecto de Trump, el libertario Javier Milei, que no sabe cómo contener a parte de su tropa ante los desaguisados que cometen algunos funcionarios, provocando un notorio debilitamiento del poder que venía ejerciendo el presidente libertario.

La interna del “triángulo del poder” sugiere más dificultades y aparece la idea si podrá Milei resolver todos los conflictos abiertos y simultáneamente mantener un nivel de aceptación social como el que había mostrado hasta hace unos días atrás.

Difícilmente se puedan caer Karina Milei o Santiago Caputo. No estamos tan seguros que esté firme el “arrepentido” Manuel Adorni, en especial si le siguen abriendo carpetas con posibles errores cometidos.

Débil la economía que proyecta Luis Caputo y dudas en los resultados de los nuevos proyectos desregulatorios y transformación estatal de Federico Sturzenegger, que hablan de acrecentar la eliminación de áreas y reparticiones gubernamentales con un marcado de desempleo de no menos de 10 mil trabajadores-trabajadoras.

Nadie habla de recuperación de la economía y ya se llevan más de dos años de gobierno siempre en pendiente. Hoy está presente un frente guerra que puede afectarnos notoriamente, a excepción del sector productivo genuino, que de prolongarse el estadío beligerante tendrá mercados abiertos, el resto en caída libre.

Es difícil predecir mejoras, por el contrario, todo indicaría que lo que viene es peor.

 

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