Las acciones emprendidas por el gobierno libertario, a través del área de Desregulación y Transformación del Estado, ministerio que encabeza Federico Sturzenegger, en procura de mantener los objetivos fijados por el presidente Javier Milei, superávit fiscal y déficit negativo, han comenzado a sentirse en diferentes sectores productivos y comerciales de nuestra provincia.
El gobierno, que hoy encabeza Sergio Ziliotto, ha venido con reacomodamientos de partidas, utilizando recursos que sustentaban un fondo de ahorro y procurando manejar con prudencia las diferentes carteras que sostienen el normal desenvolvimiento de la administración pública, especialmente en salud, educación, seguridad, paliar los déficit de los distintos distritos municipales; ha podido -hasta ahora- sortear el temporal, no sin planteos, pero procurando dar soluciones.
En anteriores entregas hacíamos mención a un quebranto comercial que se percibía, con achiques de personal, variables de rubros buscando recuperar ingresos perdidos, innumerables cierres y las maniobras de empresas que supieron ser solventes y hoy nadan en un incierto panorama que les marca claramente que la única salida es dar por terminado un ciclo de vida productiva y comercial.
Las charlas con las instituciones que nuclean al sector comercial e instituciones que representan al campo o la industria, ponían de manifiesto la difícil situación por las que atraviesan los diferentes sectores y las enormes dificultades que planteaba un futuro incierto.
Había en algunos dirigentes exceso de optimismo y muchos, coincidentes con las políticas del presidente Javier Milei, entendían que era un proceso necesario para reencaminar los diferentes ámbitos del trabajo, la producción y la industria y poder insertarse en un mercado sumamente competitivo.
Pero la confianza, la esperanza y el presuponer que el cambio generaría el beneficio esperado, ha comenzado a diluirse ante un presente real que señala que el país, La Pampa, retrocede económicamente, se deja de hacer y proyectar a futuro, por ausencia de un formal crecimiento.
Nada está escapando a este lamentable fenómeno que no es exclusivo de la provincia pampeana, otras están mejor, otras peor, pero son pocas, por no asegurar que ninguna, muestra claramente que ingresó en la etapa de recuperación que había sido anunciada por el presidente libertario cuando se cumplieran los paradigmas que constituyen las columnas de su acción gubernamental.
Hay superávit fiscal y déficit cero a costa de recortar partidas. Dejar en la calle a casi 100 mil empleados públicos, al achicamiento de un Estado que dejó de prestar servicios, para que esas responsabilidades las asumiera el sector privado, que naturalmente no lo hizo porque está soportando -en su mayoría- la peor etapa de sus economías.
El cierre de Pymes, que también afecta a La Pampa, es un efecto notorio. Dejaron de ser efectivas cuando la liberación de aranceles abrió la puerta a una importación que ingresó a competir en un mercado no demasiado grande, que se maneja con masas salariales exiguas, también acotadas por las circunstancias y la caída se convierte en algo inevitable.
Esta situación no altera la marcha del gobierno ni procura reacomodar planes, ayudas, recomponer partidas que al ser eliminadas conspiraron con el desarrollo del interior del país, fundamentalmente la obra publica y la actividad de conservación y mantenimiento de rutas nacionales a cargo de una Vialidad Nacional, hoy, casi inexistente.
Pero este aspecto de interminable decadencia, ahora apunta a un sector que parecía estar dentro del marco de las actividades que preservaba un gran mercado consumidor, nos estamos refiriendo a la carne. Sí se conocía la variable en baja que se mostraba en el orden interno, pero se mantenía abierta la posibilidad de aumentar las exportaciones y con eso activar la productividad de los frigoríficos que se extienden a lo largo y ancho del país, prevaleciendo donde la fortaleza interior está centrada en la agro-ganadería.
Pero nada se salva de la acción generada por una desmesurada aplicación de la “famosa motosierra” con la cual se caracterizó la Libertad Avanza, con el impulso de su mentor Javier Milei y el hacedor normativo Federico Sturzenegger.
Desde hace varios meses que La Pampa está sintiendo el sacudón que ha provocado en la industria cárnica una metodología de gobierno que algunos elogian y otros sufren.
Se cierran frigoríficos, otros cambian de dueños y, en la mayoría, se está produciendo la reducción de tareas dada la merma en las faenas y ventas.
Fue en el sur de la provincia, ya ocurrió en el oeste, y hoy se está generando el problema en el centro. Dificultades para afrontar las masas salariales normales, aguinaldos que no se pagaron o se ejecutan en dos o tres cuotas. Licenciamientos que se adelantan, que están señalando que el próximo paso es el cese de actividades.
Un verdadero drama que está fuera de los límites de acción y contención gremial, porque no es decisión voluntaria empresarial sino ausencia de recursos para afrontar los compromisos contraídos.
Esto no debería asombrarnos, era irremediablemente la continuidad de un final anunciado. Numerosos economistas, analistas y observadores del mercado nacional e internacional lo advirtieron. Las acciones del gobierno libertario son de corto plazo, dan un resultado que tiene falencias propias de un país semi emergente donde la política del libre mercado no puede -por ahora- solucionar los problemas de una microeconomía que se debate en la pobreza, la indigencia y el desempleo.
La Pampa dicen que está ordenada, sin déficit y mantiene nivelado el superávit fiscal; el gran interrogante es: ¿Hasta cuándo?. Nadie hace maravillas y mucho menos hay quienes se auto inmolen cuando la realidad los golpea a diario.
El presente es incierto, el futuro no se percibe, la pregunta, sería razonable fuera: ¿La sociedad hasta cuándo soportará la caída?



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