Se ha venido haciendo mención a las difíciles condiciones económico-sociales en las que se está desenvolviendo parte de la ciudadanía argentina.
Se habla de crisis, pobreza, indigencia, factores que se van acentuando por los altos indicadores de desocupación, que se generan por la multiplicidad de cierres de empresas chicas, comercios minoristas, fábricas que comenzaron reduciendo personal y terminaron concursándose porque no pudieron hacer frente a los compromisos y hoy están al borde de la quiebra.
Si bien se dan a conocer encuestas que miden niveles de pobreza en baja, situación que difiere notablemente de aquello que se percibe en la calle, en la reducción del consumo, que ha llegado a extremos inimaginables, estamos en un escenario muy complejo que el gobierno del presidente Milei se niega a reconocer.
Ellos sostienen “hemos mejorado y hay menos pobres”; tal vez sea cierto de acuerdo a los valores que manejan, pero es indiscutible que son -tal vez- menos pobres que antes pero siguen sin poder llegar a la canasta básica alimentaria y sus familias pasan necesidades esenciales. Es decir siguen siendo pobres.
La mañana del martes fue una clara muestra que se está produciendo un notable crecimiento de la inestabilidad social. Se registraron enfrentamientos y tensiones en los accesos a
El gobierno dispuso la terminación de ese marco de ayuda y eso desampara a unas 900 mil personas que se beneficiaban con los aportes. Organizaciones sociales cortaron la avenida Pavón en rechazo a la baja del programa Volver al Trabajo y, como era de esperarse, chocaron con las fuerzas del orden que, cumpliendo con las normas antipiquetes y marchas callejeras, procedieron cuando los encolumnados pretendieron avanzar.
Participaron de la protesta el Polo Obrero, el Movimiento Teresa Rodríguez (MTR), el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), Libres del Sur,
Como era de esperarse hubo reacciones que fueron reprimidas. Cuerpos de bomberos apagaron neumáticos incendiados por los manifestantes. Se formalizó un abultado cordón de
La decisión oficial de dar de baja el programa que funcionaba como continuidad del anterior Potenciar Trabajo, otorgando una asignación mensual de $78.000 a trabajadores informales, afectó, según los cálculos, a casi un millón de personas.
Las movilizaciones no se redujeron a un determinado lugar sino que con simultaneidad se registraron medidas en el Puente
El clima se enrarece y es el principio de una reacción social que se está viendo presionada por las diferentes normativas que se están poniendo en juego, según el plan de disminución de gastos del Estado y generar la reducción progresiva de las estructuras gubernamentales.
La nueva oleada de ajustes y eliminación de áreas del gobierno nacional, las que se considera no cumplen con su cometido y generan un enorme gasto en infraestructura y personal, ha vuelto a ponerse en marcha.
En los últimos días se comenzó con el ajuste en las Secretarias de Trabajo en distintas provincias. Ya se comenzó con los acuerdos de retiros voluntarios y están en riesgo aproximadamente 1600 empleados, que aún desconocen si se les brindará la oportunidad de traslados o serán despedidos.
Estos movimientos se materializan aprovechando los episodios distractivos que tienen pendiente la atención de la sociedad en general. La guerra y su desenlace, por una parte, los temas internos gubernamentales en las luchas por el poder y el final predecible de quien fuera hasta ahora Jefe de Gabinete: Manuel Adorni.
Nada evitará la reacción social. Habrá demoras pero la situación de empobrecimiento y privaciones a los que se ve obligada la sociedad está llegando a un punto final.
La realidad ha comenzado a golpear con inusitada fuerza y amenaza con reacciones que se suponían el gobierno de Javier Milei procuraba evitar con promesas, de las cuales no ha cumplido ninguna, por el contrario, agudiza el sistema de achique y ajuste.
Desde el lunes, y por más de 48 horas, se registraba un paro de transportistas autoconvocados, que sostienen la necesidad de visibilizar su afligente situación económica, dado que los ingresos está por debajo de los gastos que les demanda cumplir con servicios.
Ya lo hacen desde hace varios días empresas de colectivos urbanos, disminuyen el número de servicios diarios, generando un problema para los pasajeros habituales que hacen colas de horas para poder llegar a sus destinos.
El tema se agrava, combustible que sigue el ritmo de la guerra y se producen los sube y baja del costo del barril de petróleo, por consiguiente esto repercute en los combustibles varios. Se sigue cayendo estrepitosamente el consumo familiar, provocando un serio perjuicio en empresas, supermercados y Pymes dedicadas a productos de la canasta alimentaria.
El “tsunami” está tomando fuerza y pareciera que el gobierno lo desestima, entendiendo que todo es parte de un mercado oscilante que juega con las alteraciones que provocan episodios políticos, sociales y ahora la guerra.
Se está formando la “tormenta perfecta” y el gobierno está más ocupado en salvar sus funcionarios cuestionados y mirar el objetivo político a largo plazo, que en tomar las precauciones que requieren quebrantos como los que soporta



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