Desde que éramos muy niños nos enseñaban en el hogar y en los primeros pasos por la escolaridad que mentir era una práctica inadecuada, dado que, aquello que no es verdad, en algún momento queda al descubierto y la persona comienza a ser observada con desconfianza.
Una realidad que no admite discusión. En algunas instancias se dice que existen las “mentiras piadosas”, o las “mentiras necesarias para evitar un mal mayor”. Tal vez puedan ser razonables cuando hay temas que se intentan morigerar o sacarle dramatismo o gravedad y no afectan la formación moral de los personajes.
Hoy aparecieron las denominadas “fake news”, (“noticias falsas”). En el 2018, este término que, parecía estar pasando de moda, ha pasado a ocupar un escenario privilegiado que sirve para convencer a un sector de la sociedad de situaciones a las cuales se deforma, convirtiéndolas en un relato inadecuado.
Periodistas y expertos en medios de comunicación argumentan que la expresión no solo se ha utilizado de manera tan amplia que ha perdido significado, sino que también puede tener efectos negativos en las instituciones democráticas y en la confianza hacia los medios.
Según expresión de Margaret Sullivan, periodista del The Washington Post, en su columna diaria expresaba: “La idea que el término hace más mal que bien no es nueva. Ya en enero de 2017 instaba al “retiro” de la expresión por su falta de precisión, ya que describe varios tipos distintos de falsedades, desde errores hasta conspiraciones, y todo lo que hay en el medio. Esos problemas son reales”, escribió. “Discutirlos es importante. Pero ponerlos a todos en una licuadora y abusar de un nombre ambiguo no nos hace avanzar”.
La explicación es precisa y tiene relación muy directa con la utilización que se le da en Argentina en este último tiempo, incentivada por el crecimiento exponencial de las redes sociales, la IA, el manejo de técnicas que pueden rearmar escenas y deformarlas para denostar, causar daño o agraviar a personas, además de crear falsos escenarios.
De alguna manera este hecho ya está siendo reconocido como una herramienta utilizada por los mecanismos de la política y crear zozobra, alejar certezas y colocar mentiras donde debería afrontarse con honestidad la realidad de los sucesos.
Intentar explicar con términos técnicos, demostrando profundos conocimientos y formaciones profesionales sobre diferentes materias que, fundamentalmente, hoy afectan a lo social-económico, se ha convertido en una suerte de acertijo, que impide saber con certeza dónde se esconde la verdad. No la que inventan sino aquella que se vive a diario y se observa en la calle, en el comercio, en la industria, que nos plantea el mercado en una suerte de poner en claro que ellos existen porque quienes participan quieren ganar fortunas o mantener las que tienen.
Convivir con las “fake news”, nos traslada a un mundo-país diferente, en que se llega a desconfiar de todos y el recelo comienza a ser la actitud normal de la ciudadanía.
En más de una oportunidad se escucha, con profundo sentimiento por aquello que se ha perdido con el tiempo y la ambición humana: “Antes la palabra tenía más valor que los papeles o documentos”. Los que han vivido muchas décadas y han visto cómo se fue transformando una forma de vida donde se desvirtuó la convivencia y el respeto, añoran aquellos años donde la promesa y el compromiso no requería documento alguno.
Hoy, funcionarios de alto rango usan la “mentira” o las “fake news” para generar desconfianza y dudar del supuesto oponente. Cuando hay reacciones que demuestran que se está falseando la verdad, siempre hay excusas y aparecen los informes de dudosa procedencia a los cuales se responsabiliza de aquello que ellos llaman un error.
Las “fake news” han proliferado a lo largo y ancho del planeta. Este término es utilizado para conceptualizar la divulgación de noticias falsas que provocan un peligroso círculo de desinformación.
Todo esto sucede en un contexto de posverdad, término definido por el diccionario de Oxford como la palabra y se refiere a las circunstancias en que los hechos objetivos son menos importantes a la hora de modelar la opinión pública que las apelaciones a la emoción o a las creencias personales. De esta manera comienza la desvirtuación de la honorabilidad del ser humano y coloca a la sociedad en situación defensiva para no ser vulnerado.
El director de la Real Academia Española, Darío Villanueva, definió a la “posverdad, término que próximamente será incluido en el diccionario, como aquella información o aseveración que apela a las emociones, creencias o deseos del público en lugar de a hechos objetivos”.
Ese es el estado emocional y mental que está viviendo un gran porcentaje de la sociedad argentina. Hoy, pese a todos los intentos presidenciales, del ministro de economía y del Jefe de Gabinete por transmitir una “verdad a medias” sobre las recientes medidas que están siendo objeto de tratamiento legislativo para reafirmar el rechazo a los vetos presidenciales, marcan que se está en un profundo marco incierto de un futuro que no se define, por el contrario está cada vez más controvertido.
Este miércoles el gobierno mileiano volvió a ser derrotado a nivel legislativo y se voltearon los vetos de Emergencia Pediátrica y Financiamiento Universitario. El suceso muestra el profundo debilitamiento que sigue deteriorando al gobierno de Javier Milei.
Todo se acaba, nada es eterno y se profundiza el desgaste del gobierno libertario. Se ratifica que gran parte de la sociedad esta diciéndole “No” al gobierno de Javier Milei.



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