SÁBADO 10 de Octubre de 2026
 
 
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Tensión bilateral 

La conexión entre Punta Arenas y Malvinas podría reavivar la disputa diplomática con Chile

La reanudación de la ruta marítima entre Punta Arenas y las Islas Malvinas reavivaría las diferencias entre la Argentina y Chile por la libre navegación, los controles en el Atlántico Sur y el respaldo regional frente a la explotación británica de recursos naturales en el archipiélago.

 

La reactivación de un servicio marítimo hacia las islas del Atlántico Sur genera cortocircuitos bilaterales. Mientras Buenos Aires monitorea la situación por tratados vigentes y presiona a Gran Bretaña por recursos hidrocarburíferos, Santiago de Chile ratifica el principio de libre navegación.

A pesar de los recientes gestos de acercamiento político entre las administraciones de ambos lados de la cordillera, este movimiento logístico anticipa un escenario de renovada fricción en el extremo sur.

El proyecto comercial estará a cargo del buque Danstar, perteneciente a la naviera Easter Island, el cual prevé realizar su primera travesía el mes próximo para restablecer un flujo regular de abastecimiento hacia el archipiélago. Desde la empresa detallaron que el trayecto se planificó de forma estricta a través del Estrecho de Magallanes, evitando el Mar de Drake y ajustarse a las normativas del derecho internacional para garantizar la provisión de insumos básicos a los habitantes insulares.

Sin embargo, fuentes de inteligencia del país trasandino advirtieron sobre la posibilidad de que se produzcan eventos críticos ante una eventual intervención o interceptación del mercante por parte de Fuerzas Federales Argentinas tras su salida del estrecho. Hasta el momento, las autoridades nacionales no han confirmado oficialmente la adopción de una medida de fuerza de esa naturaleza, aunque el trasfondo normativo y los antecedentes jurídicos mantienen las alertas encendidas en la región patagónica.

El sustento regulatorio al que apelaría el Ejecutivo nacional se fundamenta en normativas internas que exigen autorizaciones previas para aquellos buques que pretendan enlazar puertos continentales con las islas o atravesar aguas de jurisdicción nacional con ese destino específico.

Esta postura se alinea con la estrategia de la cancillería de seguir de cerca las actividades logísticas vinculadas a los intereses británicos en la zona, especialmente en el marco de los proyectos de exploración petrolera como Sea Lion.

Los especialistas en derecho marítimo recuerdan que el Tratado de Paz y Amistad de 1984 y el Tratado de Límites de 1881 consagran de forma explícita el principio de libre navegación en el Estrecho de Magallanes bajo cualquier circunstancia. Desde la perspectiva jurídica internacional, un Estado ribereño carece de atribuciones para interrumpir el tránsito inocente de un carguero comercial sin la existencia de causas graves debidamente justificadas, lo que limita el margen de acción de la diplomacia argentina.

 

 

 

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