MARTES 07 de Febrero de 2023
 
 
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La condena social

Es un fenómeno que normalmente se produce, anticipadamente, a lo que resuelva la Justicia. No siempre da certezas, porque existen otras motivaciones, donde están contemplados el sentido de familia, entre otros aspectos que hacen a la convivencia ciudadana. Marcando socialmente a quién o quienes ha cometido un determinado acto criminal.

En la Argentina, en los últimos días de noviembre-diciembre del 2022 y estos primeros días de enero del 2023, se desarrollaron las audiencias relacionados a dos hechos que provocaron una profunda conmoción social: la muerte del niño Lucio Dupuy, objeto de maltratos a nivel familiar y el asesinato de Fernando Báez Sosa, provocado por un ataque en patota que ejecutaron los rugbiers en una confitería de Villa Gesell.

Estos dos sucesos, fueron el detonante de una reacción popular que se sintió en todo el país y que tomó estado presente con el Juicio contra la madre y su pareja mujer cuya víctima fue Lucio, que se desarrolló en Santa Rosa, para conocer las responsabilidades en el asesinato.

Las actividades Judiciales comenzaron el 10 de noviembre y finalizaron el 22 de diciembre del año pasado. Fueron 18 audiencias en las que quedó acreditado el sufrimiento que padeció Lucio mientras vivía con su madre y la pareja. En el debate declararon testigos y se exhibieron pruebas. Pero también hablaron las acusadas. En especial Magdalena, la madre de Lucio.

El 2 de febrero, es la fecha fijada para escuchar la sentencia, que según se pudo percibir, por el desarrollo de las audiencias, los fiscales y abogados querellantes, irían por un pedido de prisión perpetua, que estaría dentro de la norma que sustenta la carátula.

Más allá del triste suceso, que -según sostienen diversas fuentes- pudo evitarse si se hubieran tomado recaudos para proteger la vida de Lucio. La sociedad ya se ha manifestado, pidiendo la mayor pena que jurídicamente corresponda para Magdalena Espósito, madre de niño sometido a torturas y vejámenes que han demostrado un alevosía pocas veces observada y que cometieran junto a la novia, Abigail Páez.

Para ratificar los padecimientos que recibió Lucio en su corta existencia, se contó con la declaración del médico forense que revisó el cuerpo, Juan Carlos Toulouse, quién aseguró que en sus 27 años de trayectoria nunca había visto algo así. Descubrió que el niño había sido abusado sexualmente, golpeado hasta ser fracturado, mordido y quemado con cigarrillos.

Esto lo define todo. Las palabras que uno pueda tratar de encontrar para encuadrar tanto salvajismo contra una indefensa criatura y que proviniera de su propia madre y novia, es difícilmente explicable. Si es entendible la reacción de la ciudadanía, que se siente profundamente conmovida y pretende se haga justicia.

Un hecho con características sociales similares es el juicio a los rugbiers que acaba de concluir. Fijando los alegatos para la próxima semana: la fiscalía y la querella lo harán el miércoles 25 y la defensa, el jueves 26.

En estos últimos días la defensa de los ocho rugbiers, sacó a relucir su estrategia, que estuvo basada en que algunos de los principales inculpados hablaran, procurando alejarse de la central acusación de ser ellos los atacantes de Fernando Báez Sosa, quedando los restantes como partícipes necesarios, sin intervención alguna.

Que pudimos observar en estas últimas audiencias una actitud soberbia, pidiendo poder expresarse, según la proyección de la planificación de su único defensor el abogado Hugo Tomei. Así fueron apareciendo los más complicados, procurando una autodefensa, que en casi todos los casos, produjo el efecto contrario a los objetivos perseguidos.

Como todo acusado de un delito o crimen, les asiste el derecho de poder defenderse. En estos casos, que pudimos observar, pretendieron ‘ningunear‘ a los fiscales y en especial a los abogados querellantes, pretendiendo que sus dichos sean una verdad irrefutable, alejándose de los cuestionamientos que les plantearon en busca de los hechos que reflejan los testimonios y pruebas aportadas.

También estuvieron progenitores y progenitoras de los acusados, que prestaron un testimonio, que es totalmente aceptable y comprensible. Pretendieron constituirse en los mejores defensores repartiendo responsabilidades, fundamentalmente acusando a los medios como los movilizadores del odio ciudadano contra sus hijos.

Más allá de no estar de acuerdo con las manifestaciones vertidas, son atendibles y no podía esperarse otra actitud de los padres, con lo cual no pueden y entendemos no deben ser objetos de críticas. Los acusados de un crimen aberrante son sus hijos.

Finalmente las audiencias llegaron al punto de inflexión que son los alegatos de todas las partes partícipes en el juicio. Después vendrán las sentencias de los jueces y la culminación de una etapa que no hizo más que materializarnos uno de los problemas que afronta la sociedad argentina: la violencia por la violencia misma.

La ciudadanía ya hizo conocer su veredicto. Con mayor o menor énfasis condenaron a los protagonistas de estos luctuosos episodios. Nos queda, más allá de lo que digan los jueces, si esto será tomado en cuenta para que grupos interdisciplinarios, comiencen a analizar de que manera ponemos coto, a la violencia de genero, al abuso intrafamiliar, a la violencia callejera. En síntesis a todo lo que estamos afrontando como producto de un desequilibrio psíquico que está pegando muy duro en una gran parte de nuestro tejido social.

Verlo y comenzar a tratarlo, es un buen principio, para solucionarlo. Tener memoria, sería uno de los factores fundamentales que ayuden a corregir los errores cometidos en el pasado.

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