JUEVES 29 de Enero de 2026
 
 
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La complejidad de lo que viene...

Nada parece fácil y mucho menos predecible en este comienzo del 2026. La acción de los EEUU bajo las órdenes del presidente Donald Trump sobre Venezuela y las amenazas que ha lanzado a varios países centroamericanos ha generado un estado de convulsión que muestra aristas de enorme gravedad social.

La meta del mandatario norteamericano se está cumpliendo de acuerdo a sus objetivos y diseños enunciados cuando asumió la primera magistratura del país del norte: “Voy a llevar a los americanos a volver a ser los más poderosos del mundo”.

Para el logro de ese ambicioso y hegemónico proyecto, junto a sus más estrechos colaboradores, elaboraron un plan centrado en mostrarse poderosos ante los considerados ejes de la economía y el comercio mundial como China, Rusia, India y desde esas bases comenzarán a instrumentar su intervencionismo en distintos puntos del mundo. Por caso procuró ser puente de paz en la guerra Rusia-Ucrania. Enfrentó primero y llegó a sentarse a la mesa de negociación -después- con el gigante asiático China, una de las mayores fuentes de industrialización y comercialización que hoy prevalecen mundialmente.

No dejó de establecer nexos con la India, hoy considerado un polo de desarrollo tecnológico y científico. Intervino en el conflicto bélico de Israel y Gaza-Palestina logrando tener injerencia a los efectos de comenzar a transitar un acuerdo de pacificación.

Amenazó con intervenir bélicamente ante las expresiones de Irán y el Hezbollah y participó activamente en todas las tratativas de Medio Oriente.

Se mostró resentido por haber sido ignorado en el Premio Nobel otorgado a Corina Machado, a quién hoy ningunea porque entiende que él era el depositario del reconocimiento y no la líder política opositora de Nicolás Maduro.

Mientras esto sucedía ya había puesto los ojos en América Latina, lugar que, por erróneas políticas del gobierno Demócrata de Joe Biden, había abierto la posibilidad de que China pudiera ingresar comercial, empresarial y científicamente, fundamentalmente en Argentina.

La cercanía del presidente argentino Javier Milei con los EEUU le permitió materializar su plan de asentamiento empoderado por la entrega que el libertario realizó del país, como base emergente de su política liberal, con profundas raíces narcocapitalistas y las reales necesidades de orden económico debido a los compromisos contraídos con el FMI y el Tesoro de los EEUU.

Para el logro de los objetivos, en la política de Trump, no existen los términos medios, o responden a sus exigencias o lo harán por efecto de la fuerza. Ya han comenzado a suceder los episodios que muchos visualizaron que ocurrirían. Ingresó a Venezuela con la excusa del presidente dictador acusado de narcoterrorismo, Nicolás Maduro y lo llevó a Nueva York para ser sometido a juicio.

Señaló el futuro de la política interna y se hizo cargo de la recuperación y desarrollo de la cuenca petrolera más grande del mundo y dijo: “Será entregada a empresarios norteamericanos del sector y una vez este reacomodada y transformada se verá cuál será su destino”. Algo así como el que gana la batalla se lleva todo.

El gran interrogante es si los venezolanos aceptarán ese condicionamiento de pasar a ser un país satélite de Norteamérica.

Hoy todo pareciera indicar que la política de Venezuela estará marcada por las directivas norteamericanas hasta que se pueda lograr una transición ordenada, situación que no tiene fecha, ni está fijada en el tiempo, por lo que se supone será cuando Donald Trump quiera. Si es que quiere.

Estas alternativas han dejado en segundo término al divisionismo y disputa de la política interna argentina. En parte un sector parece entusiasmado por la llegada del período vacacional y otro deambula buscando algún rincón donde cobijarse ante las presumibles “tempestades” que pueden sobrevenir tras el “descanso” de enero.

Desdibujada la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, quien está afrontando una condena y en las puertas de otra que se le sumaría, el kirchnerismo pseudo peronista busca con desesperación un nombre con respaldo ciudadano para enfrentar el futuro político nacional.

Evidentemente no es Kicillof. Por ende, el peronismo genuino se debate en un escenario sin figuras mostrando un notable debilitamiento y sin -por ahora- nombre alguno que pueda reunir las condiciones que requiere una oposición sólida, para hacer frente a la avalancha “violeta” que encabeza Javier Milei.

Se avecinan días de enorme conflictividad. No hay lugar para cometer errores y mucho menos hacer lecturas distorsionadas de la realidad que hoy rodea a la Argentina y sus alrededores.

Todos están haciendo su juego, aún no demasiado claro, pero si con figuras fuertes como Donald Trump, que maneja desde los EEUU y es el nuevo poder sudamericano, sumado a los emergentes que se debaten para ver quién se posiciona a futuro: Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile.

Argentina pretende obtener un poder delegado del poderoso norteamericano pero hasta ahora Donald Trump, el verdadero “patrón”, lo usa cuando lo necesita y no deja percibir que pueda adoptar una actitud protectora con libertades concedidas.

Hoy nadie puede asegurar que Argentina esté en el camino correcto. Nos salvan porque están necesitando el territorio estratégicamente, desde un punto de vista geopolítico.

Nadie cuenta para Trump, solo aquello que puede servirle a sus propósitos y eso no habla de futuro para Argentina.

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