MARTES 14 de Abril de 2026
 
 
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La basura debajo de la alfombra...

Un dicho popular que -lamentablemente- no pierde vigencia. El fuerte olor fétido se comienza a propagar ni bien corre un viento “limpiador” que intenta se transite -sobre todo si se manejan fondos públicos- por la senda de la corrección y la honestidad.

 

 

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Sin lugar a dudas, la labor que desarrolla el Tribunal de Cuentas de la provincia de La Pampa es de excelencia y ha logrado despojarse de contenidos ideológicos para levantar las banderas de la decencia que los pampeanos se merecen.

Es uno de los procesos clarificantes que nos permite pensar que aún hay tiempo de recuperar líneas de conducta -en todos los órdenes- que nos permitan conformar una sociedad respetuosa de las leyes, obedientes de las normas y evitar que existan grupos que, “escondidos” en asociaciones, instituciones sin fines de lucro o en las tan mentadas ONG, lucren con el dinero de la comunidad.

Estos sucesos degradantes se van descubriendo en todo el país y no sorprende que se haga uso de áreas de gobierno, sostenidas por abultadas “cajas” que contienen recursos que son generados con aportes de la ciudadanía, para enriquecer a unos pocos en detrimentos de una gran mayoría.

O como ocurrió en La Pampa, cuando trasciende que a la Asociación Civil Todos por Lucio Abel Dupuy se le detecta que deriva fondos públicos otorgados por la Cámara de Diputados para abonar cuotas de la carrera de Psicopedagogía que cursa la tesorera de la entidad, en una universidad privada. Cargo que desempeña Cinthia Vanesa Dupuy.

Esto es oficial, dado que surge de las denuncias presentadas por el mencionado Tribunal , organismo encargado de verificar que los fondos que se le destinen sean utilizados para los fines previstos y no para otros.

Cabe consignar que había en diversos sectores de la comunidad piquense comentarios y observaciones que hacían referencia a una utilización inadecuada -de parte de familiares- de fondos que mucha gente profundamente consustanciada con el dolor que produjo la muerte del niño Lucio Dupuy ponía lo que podía, para ayudar a otros pequeños a que no sufrieran ni fueran víctimas como lo fue el pequeño de su madre y su pareja mujer.

Salió a la luz y si bien han comprometido que esos fondos serán devueltos, la acción delictuosa ya fue concretada y “si pasaba, pasaba”. Esta muestra genera profunda desconfianza en la sociedad y retacean colaborar cuando se movilizan para recaudar fondos con fines de esta naturaleza. Como dice el refrán: “El que se quema con leche, ve una vaca y dispara”.

Pero la alfombra que oculta la mugre de un sector de la ciudadanía que procura llenarse los bolsillos a costa de la desgracia ajena, no es una novedad ni un proceso que se registre particularmente; es una metodología que tiene décadas y que vino con el manejo de la gestión política que ganaba “intermediarios” para llegar a determinados sectores de la sociedad que está necesitada de ayuda.

Cambiaron los métodos buscando estrategias que ocultaran los procedimientos que hacía millonarios a quienes se prestaban al juego delictuoso del momento. Incluso se crearon ámbitos oficiales que se encargaban de distribuir las cajas -naturalmente con un precio por el manejo- y de esta manera la ayuda social se convirtió en un vil negocio que usaba a los pobres e indigentes para sus objetivos.

Algo así como las operaciones montadas por el narcotráfico que ingresa a los asentamientos con prebendas, capta niños, los convierte en adictos, los organiza como soldaditos y cuando arriban a determinadas edades constituyen los cabecillas de organizaciones que regentean el narcomenudeo.

Esto es solo una parte del hito de corrupción que ha enfermado a una gran parte de la sociedad. <EM>Utilizan todos los mecanismos a su alcance para lograr sus fines. Predican decencia y honradez y se burlan desenfadadamente de la ciudadanía o de parte de ella, porque hay sectores que se benefician con sus manejos prestándose a sus operaciones.

Pero es honesto reconocer que la famosa frase “Algo huele a podrido en Dinamarca” -de Hamlet, Shakespeare- simboliza la corrupción política y la decadencia moral en el reino. Aunque usada para ilustrar el mal funcionamiento en la obra, la frase se utiliza hoy para señalar corrupción, a pesar de que Dinamarca ha sido reconocida en la actualidad como uno de los países menos corruptos del mundo.

Tener un Tribunal de Cuentas que no se “se casa con nadie” reconforta y presupone que no hay que perder la confianza, que se puede lograr una sociedad respetuosa, honesta, apegada a las normas y conductas que nos permiten vivir en una sana sociedad.

El gobierno nacional debería hablar menos y tomar ejemplos como este más asiduamente. No se puede mantener “cajoneado” un tema como #Libra y sus protagonistas, no importa qué lugares de poder ocupen. No se debe permitir una herramienta de censura periodística e informativa creando un “ministerio de la verdad” que está en manos del gobierno.

Si queremos un país en serio, regido por normas que respondan a acciones de la Justicia no comprometida con ideologías ni prebendas oficiales, hay que comenzar a recorrer un camino diferente al que se propone y que en muchas acciones emula a los anteriores.

Javier Milei y su entorno cercano enfrentan denuncias penales e investigaciones por presunta corrupción, incluyendo sobornos en compras de medicamentos (con la implicación de Karina Milei y Martín Menem) entre otras acusaciones que se han traspapelado, como el manejo de las cajas de la SIDE.

También se investigan casos de espionaje ilegal y calumnias.

En síntesis, hay buenos ejemplos que debemos imitar. El cambio no es solo desde el punto de vista ideológico -de centro izquierda a extrema derecha-, sino que debe responder al respeto irrestricto a las normas legales que hacen a una sociedad honesta.

Dejemos de esconder la basura debajo de la alfombra y formemos generaciones que veneren el ser honestos.

 

 

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