SÁBADO 01 de Agosto de 2026
 
 
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La alegría convertida en violencia...

Un fenómeno sociológico que viene manifestándose en una gran parte de la sociedad argentina, fundamentalmente en el target de adolescentes a jóvenes adultos, que altera el normal comportamiento que sucede tras un episodio de extrema felicidad.

Según la interpretación psicológica esta situación se origina cuando: “El festejo y la alegría se convierten en violencia debido al desborde de la euforia colectiva, la pérdida de la identidad individual en las multitudes y la liberación de impulsos reprimidos por el consumo de sustancias y excesos de bebidas alcohólicas”.

La psicología de las masas y el efecto que se produce con el anonimato sumado a la disminución del autocontrol se traducen en las grandes concentraciones, donde el individuo se siente anónimo y sufre una alteración mental generada por los excesos de alcohol y otras substancias que lo llevan a sentirse provocado y motivado a una reacción violenta.

Se produce aquello que los psicoanalistas consideran un “... debilitamiento progresivo de la responsabilidad personal y comienza a perder el miedo al juicio social”.

Es notoriamente un contagio emocional, generado en función de las reacciones de grupos, produciéndose la denominada “Excitación extrema”, un efecto que se propaga con rapidez, tras una chispa de ira o un grito agresivo se contagia igual que la risa o el júbilo, transformando la energía positiva en furia ciega.

Según los estudios piscológicos-sociológicos que se refieren a los distintos actos del comportamiento humano hay “factores Biológicos y Sociales generadores de una activación fisiológica elevada: Niveles altos de adrenalina y dopamina confunden al cerebro. La línea entre la emoción intensa de triunfo y la agresividad física se vuelve muy delgada”.

En estas circunstancias de algarabía, felicidad extrema, comienzan a tener notable incidencia en el comportamiento el “rol del alcohol, el consumo de las sustancias que disminuyen en forma drástica la inhibición de la corteza prefrontal, facilitando respuestas impulsivas ante cualquier estímulo menor”.

Existe, y este es un factor innegable que hay que apreciar en el comportamiento normal de una gran parte de la sociedad violencia acumulada. La celebración actúa como un pretexto o válvula de escape para frustraciones socioeconómicas y rencores cotidianos que no tienen relación directa con el evento que se festeja.

El país, tras las alternativas que deparó la semifinal mundial que la Selección argentina disputó frente la representación de Inglaterra, implosionó, no solo en la desbordante alegría que produjo la victoria y el pase a la finalísima del Mundial de Fútbol, sino a la generación de graves episodios de violencia que obligó a la intervención de fuerzas de seguridad y dispositivos de salud que tuvieron que acudir ante la emergencia de heridos, algunos graves; sucesos que transformaron un festejo en casi una guerra campal.

General Pico no fue una excepción en el país y se vivieron momentos de enorme zozobra cuando los grupos excedidos en el consumo de alcohol y por los olores que estaban en el aire, otras substancias, tornaron el festejo en agresiones de todo tipo y naturaleza.

Hubo heridos, uno debió ser trasladado al Hospital Centeno al haber recibido un botellazo en la cabeza y presentar un cuadro en apariencia grave, aunque no fue el único que provocó un abarrotamiento en las salas de urgencia en el ámbito hospitalario.

Todo se tornaba difícil de manejar con el sistema de control y vigilancia que se había dispuesto y debieron acudir fuerzas policiales especiales para tumultos que tuvieron que esforzarse para disuadir a los más belicosos con gases y algunos disparos de balas de goma al aire que procuraban alejar y dispersar a los grupos violentos.

El suceso, que de acuerdo a las informaciones nacionales se produjo en todo el país, señala que estamos transitando un estado emocional distorsivo, que agudizado por la vida diaria y las dificultades económicas y sociales que estamos viviendo encuentra en un motivo de extrema alegría y celebración la razón para reflotar la reacción de violencia por lo que le está sucediendo.

En realidad, no es la primera circunstancia donde se confunden los límites de una alegría para transformarla en una manifestación de violencia, que alentada por los efectos que puedan considerarse como elementos desencadenantes, desvirtúa la alegría y felicidad que estaban celebrando familias enteras o grupos de jóvenes que sintieron el impacto emocional de una gran victoria con muchas reminiscencias que a los argentinos les llega profundamente a sus sentimientos.

Por un lado, celebramos el trabajo de los “titanes” de la selección nacional, que se sobrepusieron al traspié de ir perdiendo y mostraron que nada es imposible si todos ponen lo suyo. Como dijera Lionel Scaloni: “Somos Únicos”, la adversidad no cuenta cuando todos tiran del mismo carro.

En contrario, lamentamos que se procure un momento de felicidad para mostrar cómo atraviesan estados difíciles de vida. Creemos que lo visto debe ser objeto de análisis y se debe ver cómo se encaran, a futuro, normas de prevención y control, para que realmente todo sea un encuentro que nos deja como enseñanza que “Juntos” los argentinos podemos.

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