JUEVES 07 de Julio de 2022

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Islote Lobos: estepa y mar en Río Negro

El área protegida Islote Lobos, en Río Negro, es una franja que incluye ambientes de estepa, monte y mar, que alberga una cambiante biodiversidad y pronto será convertida en parque nacional, bajo el mismo nombre, para integrarse en lo turístico con el balneario Playas Doradas, en el municipio de Sierra Grande.

En sus 20.000 hectáreas la vegetación varía de la arbustiva espinosa y de matorrales a los húmedos pastos de la zona intermareal, y se pueden observar mamíferos terrestres autóctonos, como cuises, zorros y piches, o exóticos jabalíes, y en los islotes habitan lobos de un pelo y pingüinos de Magallanes, en tanto todo es sobrevolado por aves cazadoras y carroñeras.

La reserva provincial fue cedida por Río Negro a la Nación para la creación del 40º parque nacional argentino y el segundo en la provincia, cuyo proyecto ya cuenta con la aprobación en la Cámara de Diputados y se espera la sanción de la ley en el Senado.

Una visita a este complejo natural implica atravesar una zona de transición en la que varían el suelo, la flora y la fauna al avanzar desde la estepa hacia el mar.

El área, gestionada por la Administración de Parques Nacionales (APN), incluye tres estancias, playas, albuferas e islotes, y la localidad base para visitarla es Playas Doradas, que limita al sur con el complejo natural.

Desde ese balneario se puede acceder por la costa o a través de una de las estancias tras un breve tramo por la ruta provincial 5 -que conecta con Sierra Grande- y sus circuitos llevan al mirador de Punta Sierra (de unos 100 metros de altura), el cangrejal del arroyo Salado, la península de Punta Pozos e, indefectiblemente, a los islotes.

Pastos bajos y arbustos de fuertes raíces y ramas espinosas caracterizan la flora terrestre, opacada por el polvo estepario que todo lo cubre, salvo en la zona baja y húmeda junto al arroyo, donde el verde es más fresco y frondoso.

Piquillines, jarillas y matasebos sobresalen con sus ramas espinosas y retorcidas entre coirones y varias hierbas, algunas de ellas medicinales o comestibles como carqueja, tomillo, quirimay, alfilercillo y manzanilla.

El guardaparques comentó que desde la playa y miradores "se pueden ver pasar ballenas, que en la pleamar se acercan a la costa", y que en la zona de monte se encuentran "huellas que aseguran la presencia de pumas", aunque no se registraron avistamientos de este cazador.

Juber explicó que en la zona intermareal hay sectores de alta fragilidad con vestigios arqueológicos, como corrales de piedra para la pesca, de más de 1.000 años, y que es uno de los pocos lugares registrados del país sobre el vínculo entre el hombre y el mar.

Otros restos, como puntas de flecha, raspadores y percutores de piedra, pueden hallarse en forma aleatoria, por lo que toda visita turística se deberá realizar con guía obligatoria para garantizar su preservación.

Al llegar al islote más cercano, La Pastosa -por sus nutridos pastizales- la fauna varía al ecosistema marino y sólo prevalecen los cuervos de cabeza roja o negra, que limpian de carroña el lugar, que de restos de cuadrúpedos a los de pingüinos de Magallanes y lobos marinos.

Bandadas de gaviotas, cormoranes, gaviotines y algunas palomas antárticas levantan vuelo y generan una singular postal con el fondo azul que varía del marino al celeste.

Pronto se oyen los rugidos de los lobos marinos y el ronco canto de los pingüinos, que forman sendas colonias con sus crías sobre la playa, mientras los adultos ingresan y salen del agua en una constante busca de alimento.

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