DOMINGO 02 de Octubre de 2022
 
 
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Inflación: la tormenta perfecta

El país se sacude con violencia inusitada, ante los desajustes económicos que no encuentran un rumbo normalizado, generándose el fenómeno de la inflación, que ya nadie puede manejar.

Tal es así que pese a los discursos que se han venido escuchando, desde hace varios años, para los argentinos, vivir con este desajuste, se ha convertido en una normalidad.

Los analistas sostienen que ya estamos manejando los tres dígitos, en lo que se refiere a precios, fundamentalmente los de orden alimenticio, pero que se derrama sobre los insumos fabriles, y de otra naturaleza, donde el crecimiento exponencial de los precios los pone demasiado lejos de los centros de consumo masivo y los convierte, en algunos casos, en materia exclusivista.

A esta situación que marca una profunda decadencia social, convierte a los grupos sociales, integrados en la denominada Unidad Piquetera, Polo Obrero, UTE, y numerosas agrupaciones que se le van sumando y que decididamente han tomado las calles haciendo notar sus reclamos, de aumentos de los planes y evitar el corte instrumentado desde el área económica nacional, que ha realizado ajustes que los involucra.

Pero estas aplicaciones de recortes presupuestarios, ya se sintieron en los sectores más marginados del país, pero también operará en educación, salud, obras públicas y tendrá una notable influencia en las planificaciones estructuradas y que contemplan obras e inversiones que ya están comprometidas.

Es difícil presuponer, cómo termina la operación que, bajo la batuta de Sergio Massa, se está instrumentando, para dar conformidad al compromiso asumido con el Fondo Monetario Internacional.

El congelamiento de las vacantes que pudieran surgir en el Estado y que se extendió a todas las reparticiones autónomas que pertenecen a la estructura gubernamental, se está materializando y ya hay numerosos estados provinciales que adoptarán pautas similares. En gran medida porque se le han limitado los aportes nacionales y eso los obliga a tomar drásticos recortes para poder cumplir otros compromisos, ya anunciados.

Las marchas ayer fueron multitudinarias, con el reclamo de un bono de 20.000 pesos y la restitución de 40 mil planes, que son los alcanzados por la eliminación ordenada desde Economía.

Había decisión y se podía notar una actitud firme que enfrentó a las fuerzas de seguridad dispuesta a los costados del puente Pueyrredón y sobre la Avenida 9 de Julio, multiplicándose en número en el trayecto a los Ministerios, Casa Rosada y Congreso de la Nación.

Mientras estos episodios se reiteran, la política sigue enfrascada en los problemas que los preocupa: el ataque sufrido por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, y parecieran postergar o restar importancia a estas manifestaciones populares que, reiteramos, muestran mayor belicosidad y constituyen un aviso de desborde que pareciera nadie tiene en cuenta.

Los internismos siguen priorizando la atención de los políticos, mientras el país profundiza su situación social. El jueves el Senado de la Nación fue una muestra cabal de lo que está sucediendo. Generada una sesión para emitir un documento que señalara, abandonar lo que ellos denominan: ‘el discurso del odio’, al que señalan como incentivo para la reacción que provocó el accionar de dos o más personas en un intento de magnicidio en la figura de la Vicepresidenta.

Oficialismo solo, en minoría, con total ausencia de la oposición, fue una muestra que están más preocupados por el futuro político del 2023, que por el desarrollo de los acontecimientos sociales que se están viviendo en casi todo el país.

Hoy tenemos, todos los argentinos, la nefasta sombra de una inflación creciente que está limitando una forma digna de vivir. Creemos que es un tema prioritario, preocupante, que no puede ser invisibilizado.

Algunas de las medidas que se han tomado, a efectos de disminuir el incremento del índice inflacionario, han fracasado. Las ‘recetas’ abundan pero, hasta ahora, nadie ha dado en la acción certera que pongan en disminución uno de los efectos más preocupantes de la ausencia de un control de los precios, en especial de las estructuras de consumo.

La regulación social y llevar tranquilidad a la sociedad son un imperativo, al que están obligados todos los sectores que forman parte del tejido social argentino. 
 

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