MIÉRCOLES 26 de Agosto de 2026
 
 
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Hambre, desempleo, rutas de la muerte: eso es Argentina hoy...

Estos aspectos son parte de los que más se destacan -lamentablemente- en la Argentina de Milei.

En realidad es un país que se está destruyendo por efecto de medidas gubernamentales, que, según pretenden hacer creer los “extremos libertarios”, son la consecuencia de gobiernos anteriores y que ellos vinieron a “salvar” a la sociedad, levantar y hacer crecer al territorio nacional.

Nunca, o para no ser extremistas digamos pocas veces en los últimos sesenta años, se pudo percibir tan manifiestamente cómo en manos de una persona mesiánica, que se siente un enviado del cielo, se destruye todo aquello que costó tanto levantar.

Tal vez no hayan sido perfectos los gobiernos que han pasado y porqué no aceptar que, en parte, los errores cometidos, los desaguisados económicos y el robo establecido como regla para determinados funcionarios son algunos de los males que soportó el pueblo.

En razón de estas circunstancias hay más para detallar y es la actitud de gran parte de la sociedad que llegó al límite y se dio cuenta que el poder real lo tiene cada ciudadano. Cuando les tocó elegir a quién querían para conducir el país resolvieron rechazar todo lo “viejo y tradicional” para buscar en lo nuevo, “supuestamente apolítico”, diferentes en su trato con la gente: el “Gran Cambio”.

Que toda variable en la vida humana entraña riesgos es innegable, en este caso se tomó conciencia que la elección de quien portaba el cartel de “libertario”, defensor de la libertad, el libre mercado y el mejoramiento social -así lo vendió Milei- no iba a ser gratis y habría costos sociales que pagar. Y aún así se optó por lo nuevo, dado que la promesa y las grotescas exposiciones hablaban de un año, a lo sumo podrían ser dos, después se verificarían las mejoras.

Hoy podemos decir: “NOS MINTIERON UNA VEZ MÁS”, y gran parte de la sociedad ya no resiste los aprietes, ajustes, la falta de recursos económicos para alcanzar la canasta alimentaria. Ha sacrificado el sistema educativo de sus hijos, restándoles futuro. En síntesis, hizo ajustes y está cada vez peor.

El presidente Milei sale a buscar internacionalmente que le otorguen títulos “Doctor Honoris Causa” con un objetivo claro y preciso: convertirse en la figura conductora que lidere el liberalismo en esta parte del cono sur y le parece que con el “Viva la libertad carajo” está todo arreglado.

Pero hoy, cuando vemos las portadas de los medios de comunicación nacionales, provinciales y redes sociales, observamos que Argentina se está destruyendo a pasos agigantados.

Un amplio sector de la sociedad está pasando necesidades esenciales. Les falta comida, los jubilados no pueden continuar sus tratamientos de salud, pese a que con sus aporte contribuyeron al armado estructural del sistema social... Cada vez hay más desempleo; las empresas cierran o se transforman dejando mucha gente en la calle. El consumo se desploma y con ello se producen cierres de comercios que no logran equilibrar gastos.

El Estado, producto de un raro proceso desregularizante salido de la “creatividad morbosa y dañina” de Federico Sturzenegger, compartida por su compañero de fechorías el ministro de Economía y respaldado por el presidente Milei y su séquito están desguazando centros de investigación, desprendiéndose de equipos científicos que llevó años de trabajo de acumular experiencias construir; mientras por otro lado arman carteras suculentas que disimuladas por normativas específicas, por caso la SIDE, restaron recursos a todo el sistema, incluidas las provincias.

Abrió el mercado internacional y nos convirtió en un país de ofertas extranjeras que comenzaron a destruir la industria local. Todo para atrás y las graves consecuencias que se han comenzado a visualizar y sufrirse.

Como si eso no fuera suficiente, el gobierno de Javier Milei desfinanció el sistema de mantención, reparación y reconstrucción de rutas nacionales y provinciales, situación que merced al abandono sufrido se han convertido en trampa mortal para una gran parte de la ciudadanía que obligadamente debe transitarlas.

Los siniestros con víctimas fatales se cuentan a diario y en todo el país y es achacable a medidas gubernamentales cuyos contenidos muestran, claramente, lo poco que les interesa la gente.

Argentina está en una etapa de destrucción progresiva en salud, educación tanto primaria como secundaria, universitaria y/o técnica, pretendiendo imponer el hito privatizador y llevarlo al extremo que, quien no pueda afrontar los gastos, pasa a ser del sector del descarte social que pretende el lineamiento libertario.

La destrucción es progresiva y en cada proyecto de ley que se envía al Congreso de la Nación hay contenidos que van contra la recuperación de la ciudadanía postergada y no ofrece alternativas de crecimiento y futuro.

La sociedad ha comenzado a revisar su situación y los marcos generadores, llegando a la conclusión -así lo reflejan las encuestas- que existe un solo responsable tras casi dos años de mandato: el gobierno de Javier Milei y la reformulación de un proceso desregulador que alienta lo privado, la inversión extranjera y profundiza la caída de la producción, industrialización, el comercio y el trabajo nacional.

Hoy, ya no pueden evitar que esos efectos resulten objeto centralizador de los informes que a diario producen analistas políticos, especialistas en comercio interno, encuestas que indagan en el tejido social en todo su contexto y están advirtiendo que los quebrantos son cada vez más graves.

Todo esto y mucho más es el escenario en el que se mueve y deteriora la Argentina. Se benefició la macroeconomía, el comercio exterior, se logró el libre mercadismo, pero el país internamente se está hundiendo.

La sociedad lo ha comenzado a advertir y lo reflejan en sus actitudes y manifestaciones callejeras, que son reprimidas porque afectan la credibilidad -engañosa- de un gobierno que sigue mintiendo para crear su propio país de “Narnia”.

Todo señala que se está requiriendo un gran cambio, donde se contemple toda la Nación y no solo a quienes piensen como los libertarios, aunque ya hay sectores jóvenes, de 18 a 30 años, que venían apuntalando el proceso y que se apercibieron que la “malaria” también se los llevará en la caída.

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