En las últimas horas, el básquet argentino y especialmente la comunidad pampeana recibió con profunda tristeza la noticia del fallecimiento de Alberto Finguer, histórico entrenador nacido en Metileo, quien tenía 84 años.
Su partida deja un vacío enorme en el deporte nacional, donde marcó época por su capacidad de formación, su visión táctica y su aporte al desarrollo del básquet argentino.
Finguer comenzó su carrera en Ateneo de la Juventud, en 1964, donde se desempeñó como formador y entrenador hasta 1972. Su trabajo allí lo catapultó a la elite, llegando a River Plate, club en el que tuvo un rol clave entre 1972 y 1976, impulsando la llegada de los primeros extranjeros al básquet argentino, como Jimmy Rogers y Cleotis Reece, y marcando un antes y un después en la competencia local. Posteriormente, dirigió nuevamente al equipo riverplatense entre 1984 y 1987, consolidándose como un referente del club y del básquet nacional.
En paralelo, Finguer dejó su sello en Boca Juniors, al que dirigió en 1983 y entre 1988 y 1989, logrando un ascenso histórico desde la Liga B (actual Liga Argentina) hasta la Liga Nacional por primera vez, un hito que marcó un antes y un después en la historia del club. Además, tuvo dos ciclos al frente del seleccionado argentino, logrando un subcampeonato sudamericano y un quinto puesto en los Juegos Panamericanos de 1983, y otro segundo puesto sudamericano en 1988, con un quinto lugar en el Preolímpico y octavo en el Premundial de 1989, consolidándose como un referente técnico del país.
Más allá de los resultados, Finguer fue un pionero en la organización y profesionalización del deporte: participó activamente en la creación de ATEBARA, la Asociación de Entrenadores de Básquet de Argentina, que sigue siendo clave para la formación de entrenadores y el crecimiento de la disciplina en todo el país. Su influencia llegó a decenas de generaciones de jugadores y entrenadores, que recuerdan su exigencia, dedicación y pasión por la enseñanza del juego.
Su fallecimiento deja un legado imborrable, no solo en los clubes que dirigió, sino también en la memoria de toda la comunidad deportiva pampeana, que siempre lo consideró un embajador del básquet y un ejemplo de compromiso y entrega. La memoria del pampeano Finguer permanecerá como un modelo de formación, liderazgo y amor por el deporte.




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