Uno de los temas más preocupantes que hoy se ha incorporado a la larga lista de conflictos que enfrenta la ciudadanía, apunta a la ausencia de un trabajo a conciencia, con análisis de equipos multidisciplinarios que arrojen resultados, ante la gravedad que viven niños y niñas pre y adolescentes.
La problemática se genera a través la captación, a través de la invasión de las nuevas tecnologías, que encontraron un campo fértil para sus objetivos, siendo el fundamental la trata, el abuso y, ahora, los que culminan con sus desapariciones que acaban en muertes horrendas, que sacuden las fibras íntimas de una sociedad que mira sus hijos y ya no sabe cómo protegerlos.
Los dos últimos episodios -uno en plena investigación- sucedieron en la provincia de Córdoba, muestran un escenario conflictivo que merece ser atendido desde todos los ángulos posibles.
Existe, de eso no hay demasiadas dudas, un problema intrafamiliar que termina afectando la formación de pre adolescentes que se sienten presionados y buscan, fuera del ámbito hogareño, cómo recuperar una estabilidad que las situaciones desgastantes de familias desmembradas les han sacado.
El caso de Agostina, hoy en plena investigación, procurando llegar a los motivos que generaron que un depravado, enfermo piscópata, pudiera arrancarla de su hogar y, tras abusar de ella, cometer un crimen brutal, es uno de los temas que ocupa y preocupa a todos los medios informativos del país.
En este episodio hay comprometidas muchas personas allegadas a la víctima, que no supieron darle el respaldo que estaba reclamando esa adolescente que, inocentemente, engañada, se dejó atrapar en las redes de un sujeto alienado que se sentía poderoso al tener vinculaciones políticas, con el narcotráfico y la trata de personas.
Aún no resuelta definitivamente la muerte de Agostina, se alteró la sociedad cordobesa -y el resto del país- cuando se iniciaron los operativos para encontrar a Luciana Aylén Barrios Alarcón, una menor de 15 años que fue vista por última vez el lunes al mediodía en Colonia Caroya, después de salir del colegio, y que apareció en Jesús María, siendo trasladada al Hospital y esperando conocer los motivos de su ausencia.
La búsqueda e investigación para encontrarla llevó a que se activara el “Alerta Sofía” y se iniciara un operativo que incluyó casi 100 policías, 20 móviles y un helicóptero, equipos especiales dotados de perros adiestrados y bomberos voluntarios, que realizaron rastrillajes tendientes a encontrar una pista que permitiera llegar hasta la jovencita desaparecida.
Los sucesos que relatan la desaparición de niños, niñas y adolescentes son una problemática persistente que despierta una honda preocupación social y evidencia falencias, tanto en el abordaje institucional como en la contención familiar y comunitaria.
Cada caso no resuelto es una herida abierta en la memoria colectiva, especialmente cuando se trata de situaciones violentas, o que podrían haberse evitado con mecanismos de protección más eficaces.
Si bien en muchos casos la desaparición de un menor de edad está conectada con alguna hipótesis criminal, hay también situaciones en las que, sobre todo adolescentes, pueden ausentarse voluntariamente del hogar.
Esto es más común de lo que se cree y puede tener múltiples causas: conflictos familiares, violencia, abuso sexual, consumo de sustancias, problemas de salud mental o captación por redes delictivas.
El presidente de FUNDAMIND, Gerardo Mitre, ha manifestado que “La precariedad en el entorno y en la propia situación que atraviesan muchas familias, con falta de recursos económicos, pero también educativos e institucionales, deja a veces expuestos a los más chicos y puede suceder lo peor, lo inexplicable, que es que desaparezca y no saber más de él. Es algo inconcebible que debería movilizar a fondo a la sociedad y sobre todo a quienes tienen responsabilidad pública”.
Es decir, el niño o la niña en la pre adolescencia, o recorriendo el camino formativo de la adolescencia, es en su génesis el portador de una herencia social, de los valores de un grupo -su familia- y representa la posibilidad de futuro de ese grupo.
Lo grave, y aún sin solución, es cuando esa familia forma parte de un sector marginal, que no es reconocido socialmente, donde no hay modelos ni héroes a los que apelar y los más chicos son las víctimas propicias para un sistema de corrupción que está destruyendo el tejido social más postergado, eligiendo a los más débiles -y en la etapa del primer desarrollo y formación- como sus víctimas.
Cuando los problemas en el entorno obligan a los menores a huir de casa: casi la mitad de las personas desaparecidas en 2024 eran niños, niñas y adolescentes. Según el último informe de
El “Alerta Sofia” alcanza a toda la sociedad y debemos prestarle el apoyo, comenzando por generar los mecanismos que recuperen al sector dañado del tejido social y generar oportunidades para quienes serán las futuras generaciones.



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