Ha tenido varios tropiezos en este dos años y meses de su primer mandato, algunos más nocivos que otros, pero en su mayoría logró debilitarlos hasta que dejaron de estar en la escena diaria.
Pero un proceso de desgaste de tanta continuidad es imposible no genere una caída en lo personal, en su su imagen y, fundamentalmente, en la credibilidad que había logrado con esa característica de considerarse un “apolítico”, cuya misión era un cambio en el comportamiento de la sociedad argentina, con un paradigma inamovible: la honestidad. Hoy ambas van camino a frustrarse.
No ha podido resolver -hasta ahora- la presión que ejercen en la lucha por el poder su hermana Karina Milei y el asesor-consultor Santiago Caputo.
A este problema que debe quitarle horas de sueño, porque no puede decidirse a tener que optar por uno u otro, se le han comenzado a sumar los casos que se descubren y son objeto de denuncias de una corrupción que va en escalada y que amenaza con implosionar el staff gubernamental.
El suceso Manuel Adorni le ha provocado mucho más daño que el generado por Espert, ajeno a su riñón ideológico y que tuviera que optar por irse o aceptar calladamente que lo fueran cuando se descubrieron sus relaciones con capos del narcotráfico y la existencia de dádivas que mostraron que la sociedad se está cansando.
Los episodios que se acumulan contra el Jefe de Gabinete, cargo que hasta hoy sigue ostentando el soberbio, irónico y discriminador ex vocero presidencial, que usó el cargo para denostar a los periodistas de medios que no acompañaban el gobierno libertario, se mantienen sin solución de continuidad.
Aparecen personajes nuevos, inventados, gente utilizada para disimular inversiones que no se pueden justificar legalmente, y de un simple viaje “garronero” en el que involucró a su esposa, surgió una organización delictiva que está vinculada a las dádivas, préstamos inexistentes de muchos dólares que le permiten comprar departamentos de alto valor.
Casi como una desagradable copia de aquello que hizo José Luis Espert está haciendo Manuel Adorni, que se venía sosteniendo ante el respaldo de el “Jefe” Karina Milei, que en las últimas horas puso en evidencia que le soltó la mano, de alguna manera, sellando su destino que ahora está en manos del presidente Javier Milei y marca que sería un triunfo pase el fin de semana.
Siguen en el “caldero” los hechos conocidos por toda la sociedad y aparecen denuncias que involucran al reciente nombrado ministro de Justicia, en reemplazado de Mariano Cúneo Libarona, Juan Bautista Mahiques, quien desconociendo el contenido del nepotismo resuelve enviar el pliego de su papá y el de la esposa del juez que investiga a Karina Milei. El tema lo completaron con el pedido al Senado que convierta en juez al hijo de Rosatti y la secretaria de Ercolini.
En realidad “peor no se puede” actuar de una manera que resulta contrario al sustento legal que el presidente Milei pretende darle a su gobierno para “No ser igual que los anteriores” y poner un verdadero decálogo de la moral que debe imponer el manejo de la cosa pública en todos sus poderes, es ya un fracaso rotundo.
Un decálogo de la moral es un conjunto de diez principios fundamentales que guían el comportamiento humano hacia el bien, la justicia y el respeto. Estos preceptos, que pueden variar según el contexto, suelen incluir valores como honestidad, responsabilidad, empatía y respeto por los demás.
Es indudable que le faltó lectura al presidente Milei.
La realidad, que claramente se impone al relato cotidiano del presidente, de su hermana y gran parte del staff gubernamental, es procurar que prevalezca la mentira por sobre la verdad. Es un intento para que pierda peso en la sociedad, la desazón de haber sido engañada.
Ese sentimiento se percibe en las diferentes encuestas que se han dado a conocer en los últimos días, en las que una gran parte de la ciudadanía, muchos de los que fueron sus votantes, se sienten defraudados y muestran un fuerte rechazo a la continuidad política de
Adorni es un funcionario -el segundo en poder dentro del gobierno- que debe convencerse que su continuidad en el cargo está profundizando el rechazo al presidente Javier Milei y a quienes sostienen la tesitura de la defensa del acusado de corrupción, mal desempeño de sus funciones, entre otras alternativas que investiga la justicia, para que tenga continuidad en el cargo.
Se le avecina al presidente libertario y a varios de sus más cercanos colaboradores los efectos de la “tormenta perfecta”. El desconcierto y las dudas son el tema de los despachos de
Estos factores que se van sumando y generando denuncias, ya no pueden ser considerados “operetas” periodísticas y mucho menos procurar buscar responsables en la oposición, dado que los imitaron, pero mal. Javier Milei atraviesa, en un momento realmente complejo, interna y externamente.
Afuera, Trump está buscando morigerar las reacciones del pueblo norteamericano que, en manifestaciones reunieron millones de personas que rechazan de plano las alternativas de la guerra desatada por el presidente republicano, dado que eso jugará en las elecciones intermedias que se acercan y donde los indicadores no le son -a esta altura- favorables.
Sus estrategias apuntan a consolidar su posición sin perder peso político, pero esa actitud no alcanzará a los incondicionales que hoy quedan huérfanos del poder trumpista.
Javier Milei llevando de tiro a



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