DOMINGO 01 de Noviembre de 2026
 
 
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El oficialismo, a la deriva...

Se está haciendo demasiado evidente, con notorio perjuicio para el proyecto y los objetivos del presidente Javier Milei y su partido LLA, que las maneras controversiales que van asumiendo ante las circunstancias del desacople que se ha producido entre la macroeconomía y la micro, con el consiguiente daño social y las desafortunadas acciones diplomáticas, han generado un vacío de poder y se ha comenzado a notar la crisis de la gestión.

 

El proceso que se está observando -y que ya muchos analistas y consultores hacen notar- es que el gobierno, en todo su contexto, está pasando por un escenario de profundo desconcierto y tiene una hoja de ruta clara, lo que genera parálisis legislativa y administrativa. La falta de liderazgo técnico está desgastando las instituciones.

Nada se logra a los gritos, insultos o presuponiendo que la victoria ya está asegurada.

Prevalecen, y son claramente visibles, las incoherencias internas: Ministerios que se contradicen públicamente o políticas que se anulan entre sí. Se percibe una tremenda Improvisación en cuanto a las leyes o decretos que se lanzan y se reformulan a los pocos días por falta de consenso o sustento técnico.

Esto encuadra perfectamente en una metáfora: “Un barco con el timón roto donde la tripulación discute la dirección mientras el agua entra al casco y quien tiene que determinar si abandonan o continúan en el barco sigue pensando que puede salvar lo insalvable”.

Los analistas e intérpretes de la marcha política, han enfocado la zozobra desde un punto de vista económico-social: “La brújula perdida frente a la crisis”. La existencia de un “doble comando” Milei-Milei que no logra recomponerse de la caída evidente.

Basan sus argumentos en una idea central: Mientras la ciudadanía sufre los efectos de la inflación, el desempleo o la recesión, el oficialismo parece desconectado de la realidad, atrapado en disputas internas de poder. Un escenario que ha sido considerado en reiteradas oportunidades por esta columna.

Se pueden considerar factores decisivos que conspiran con las intencionalidades de los movimientos que realiza el oficialismo, las contradicciones internas que trascienden públicamente o políticas que se anulan entre sí.

Variables de un confuso escenario, que dependen del estado anímico de una sola persona que no acepta exista alguien que lo contradiga y proponga una proyección diferente de las decisiones, fundamentalmente las económicas y desregulatorias que afectan severamente a un amplio segmento de la ciudadanía.

Es evidente que el mileismo no acierta con las estrategias adecuadas para lograr un enfoque Económico-Social, correcto, que contemple las necesidades de los más pobres y se haga realidad la apertura de inversiones que ofrezcan un campo laboral hoy inexistente.

Concretamente existe una notoria ausencia: “Falta de un plan económico desarrollado en el tiempo y no de corto plazo”. La ausencia de medidas de fondo y el uso de “parches” temporales que solo posponen los problemas.

No es una novedad que el staff gubernamental vive en su propio mundo: “El ‘Narnia’ de Milei”, dejando en evidencia que hay una total desconexión con la calle. La agenda del palacio de gobierno difiere drásticamente de las urgencias del ciudadano común. Ya lo ha dicho el presidente, recibiendo duras críticas de diferentes sectores: “No hay pobres o hay muchos menos, indigencia, hay más trabajo, los endeudados son ‘viciosos’”. Esto es simplemente no vivir en la Argentina de hoy.

Hay una marcada desesperación en las filas del oficialismo, que realiza un enfoque “político/electoral”, basado en el esquema de: “El sálvese quien pueda y el fin de ciclo”.

Se ha materializado una falta de liderazgo aglutinador, Milei trabaja para su mesianismo internacional, las distintas facciones del oficialismo empiezan a desmarcarse para salvar sus propios capitales políticos de cara a las próximas elecciones.

En ese clima se desarrolla, lo que llaman los entendidos “fuego amigo”, ya no respetan cargos ni jerarquías e inician el armado propio de su futuro, el caso más evidente el de Patricia Bullrich, hoy por hoy, la figura política más cercana al PE, presidenta del bloque de Senadores, con poder propio y sintiéndose respaldada para competir frente a Milei, sin desertar de las ideas libertarias.

Ha comenzado el éxodo de aliados: gobernadores, intendentes o legisladores satélites que empiezan a tomar distancia del poder central, dejando al presidente o liderazgo de la cúspide cada vez más aislado y debilitado.

Un gobierno que pasó de proponer un futuro a justificar constantemente sus errores echando la culpa a factores externos (la oposición, el contexto internacional, etc.). y centrando su fuego en el periodismo, ha generado pérdida de credibilidad y, cuando la palabra oficial pierde valor, la incertidumbre en los mercados y en la sociedad se multiplica.

Si el Gobierno insiste en refugiarse en la negación de las dificultades y en la confrontación permanente como única herramienta de supervivencia, corre el riesgo de encallar el barco.

Argentina necesita certidumbre y un horizonte claro, hoy, el oficialismo parece atrapado en su propio dogmatismo, navegando a la deriva en un mar de contradicciones que él mismo ayudó a construir.

 

 

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