MIÉRCOLES 24 de Julio de 2024
 
 
Compartir
Twittear
 

El fin de una etapa...

En todos los ciclos de la vida se materializan las etapas que, sin proponerselo, están marcando que en el periplo de la existencia humana se registran, marcadamente, los tiempos en que se desarrollan de acuerdo a una cronología no escrita, las diferentes vivencias humanas.

Indagar o intentar adivinar que nos depara el futuro, puede ser parte de los sueños que cada uno se propone. Esto no significa que las cosas se vayan produciendo en el orden que se piensan, porque resulta una tarea imposible de realizar prever todas las contingencias que nos rodean y que obran sobre nuestras vidas.

En la Argentina hoy estamos ante ese “salto” existencial. Veníamos durante más de cuatro décadas atados a las formas que fueron materializando una manera de vida, que pudo ser buena si se dieron las circunstancias o mala si no se alcanzaban los propósitos que cada ser humano proyecta.

De esta manera se fueron formando las estructuras sociales, un rudimento básico que acompaña a la humanidad en su conjunto. Desde la época de los “primates” están los que mandaban, los niveles que fortalecían el poder de la figura preponderante que sobresalía sobre el grupo, en ese entonces de carácter tribal, y así se iban delineando los distintos cuadros de grupos sociales.

Con el tiempo las formas fueron definiendo las “clases sociales” estableciendose las diferencias de acuerdo -normalmente- a su poder económico- que le brindaba posibilidades ciertas de lograr objetivos mucho más fácilmente que el otro ciudadano que con menores recursos pretendía cumplir su cometido en la vida,fundamentalmente tener familia, fortalecerla y darle futuro a sus descendientes.

Eso hicieron los que vinieron a estas tierras desde lejos países de Europa. Algunos huyendo de las consecuencias de las guerras, otras buscando un futuro que en sus raíces no encontraban y decidieron salir en busca de otras oportunidades.

En su mayoría, por no decir todos, comenzaron a soñar nuevamente y miraban las nuevas tierras, como la gran oportunidad de rehacer sus vidas y volver, cuando generaron bases sólidas, a sus orígenes. Pero se arraigaron y la consigna fue traerá sus familias.

Lo hicieron y la Argentina comenzó a tomar forma, a consolidarse centrando el esfuerzo en el trabajo, la producción, una nueva educación para sus hijos, se integraron las sociedades, se mezclaron idiosincrasias y el “nuevo mundo” comenzó a ser una realidad.

No fue fácil y sino que lo digan los “abuelos”. Pero se hacia realidad la esperanza y aparecieron los objetivos. Ya se pensaba en generar una mejor estabilidad en lo económico, reforzar la formación de los hijos y el deseo que ellos tuvieran las oportunidades que se les negaron a los mayores. 

Nuestro país, como el resto de esta parte del mundo, fue objeto de la transformación paulatina. Del páramo desértico, solo recorrido por los habitantes naturales de estas tierras, hasta la llegada de los “gringos” que con el tiempo comenzó a integrarse la nueva clase de pobladores y mezclados fueron haciendo lugar a la aparición del criollo, del mestizo y conjugaron las nuevas sociedades. 

Hoy pareciera que la clase gobernante pretende instrumentar esta reformulación social, a través del cambio ideológico, en un escenario del ejercicio de liberalismo con la instrumentación política del anarcocapitalismo. El pensamiento transformador de Javier Milei, pareciera seguir la línea fundacional recreada en los formulismos de la modernidad y la tecnología patrones que hoy rigen los sistemas gubernamentales del mundo.

La primera etapa a punto de cumplimentarse y tras las posibles decisiones presidenciales, abrir la opción de mayores cambios que, de acuerdo a lo que puede observarse, dará lugar a una nueva estructura social, consistente en acuerdos de organización de la sociedad alrededor de los asuntos de poder social: la ideología, la riqueza, la milicia y el estado. Las estructuras sociales se desarrollan de manera natural debido a presiones de varios tipos: ambientales, laborales, conflictos y demográficas, entre otros.

Esta planificación nueva, que ha deslumbrado a las nuevas generaciones y convencido al target mayor de 50, hartos de los fracasos sumados a lo largo de más de 40 años, viene acompañada de un dirigente -no político- que tiene visión de ser un “mesías” destinado a conducir el “rebaño” a través del “desierto” a la “tierra prometida”.

Ese “virtuosismo”, que la figura presidencial dice tener, es la señal que le indica que esta para ser líder y conductor en el mundo de un liberalismo que es el tiempo que se viene.

Pero se estima precupante la actitud del presidente argentino, que señala el comienzo de una nueva etapa, mientras busca consagrarse adalid en un orbe cambiante y en busca de elegidos

El país necesita, hoy, conducción y definir políticas internas que procuren soluciones las graves problemáticas que enfrenta en el frente socio-económico-financiero y productivo. Sucesos que han sido delegados, reservándose las decisiones finales, pero imposible de lograrlas desde el escenario internacional.

La gran pregunta, que nos hemos venido realizando en las últimas entregas y que ya comparten muchos analistas y comentaristas de la política nacional: a Milei que le preocupa más ¿El liderazgo internacional o los problemas de la Argentina?

Hasta ahora no encontramos la respuesta.
 
 
 

Escriba su comentario

Tu email no sera publicado.