Agencia Santa Rosa –En primer lugar, Omar Guardia, hijo de Rafael Guardia, uno de los detenidos en La Pampa por el aparato represivo, narró el horror que vivió junto a sus hermanos, quebrándosele la voz en varios tramos de su relato.
“Hoy a 50 años del golpe cívico-militar, levanto la bandera de Memoria, por la Verdad y la Justicia. Mi nombre es Omar José Guardia, el menor de cinco hermanos e hijo de Rafael Guardia”.
Su papá, contó, fue “preso, secuestrado, torturado y un desaparecido que hoy está aquí presente. Él fue llevado en febrero de 1977 de su humilde rancho en Rancul, ya que era un hachero que luchaba por no al golpe de Estado, no a un nuevo ’55”.
“Nosotros estábamos presentes cuando se lo llevaron. Quedamos bajo la tutela del Poder Ejecutivo Nacional. Fuimos llevados a Guatraché a un hogar a cargo de una familia de alemanes desde 1977 hasta 1983. Fuimos presos, ya que no teníamos libertades como cualquier otro niño. Solamente podíamos ir a la escuela y a la iglesia como obligación”.
“Éramos esclavos, porque la limpieza y mantenimiento del hogar estaba a cargo nuestro. Cada uno tenía sus tereas sin importar la edad”, recordó con voz quebrada. “Fuimos torturados, porque el maltrato se hizo presente con golpes de rebenque y cinto. Las penitencias eran crueles: arrodillados sobre maíz con las manos levantadas, encerrados bajo llave por horas. Mojados bajo la ducha fría. Por las noches las puertas de las habitaciones estaban cerradas con llave y muchas veces teníamos miedo de morir, ya que si llorábamos nos hacían el submarino, metiéndonos la cabeza en las piletas del lavadero, llenas de agua”.
“Fuimos agredidos verbal y psicológicamente por tener un padre preso político y por el abandono de nuestra madre, tuvimos desarraigo familiar, cultural y de identidad. No existen registros, borraron todos los paraderos durante esos años”.
“Todo esto nos ocurrió siendo pequeños. Yo tenía dos años cuando llegamos a Guatraché. Marta tenía 5, Feli 6, Sonia 7 y la mayor que era Mechi, 9. Toda esa tortura duró seis años, en los cuales jamás contamos lo que nos estaba pasando, por miedo. O que era algo natural por ahí para esa época”.
“Fuimos declarados ex presos y desaparecido por la ley 25.914. Nosotros más allá de todo el sufrimiento, podemos contar nuestra historia, muchos niños y adolescentes no. Somos las voces de todos aquellos inocentes en este genocidio”.
“Había que matar el mal de raíz y así lo hicieron. Borraron familias completas. El pueblo proletariado tenía voz y voto, se movilizaba y luchaba defendiendo la democracia. Tenían herramientas, eran profesionales. La educación les dio poder y había que callarlos. Hoy a 43 años de haber recuperado la tan ansiada democracia seguimos la consigna de ‘Memoria, no olvidamos, no perdonamos. Por la Verdad. Son más de 30 mil desaparecidos. Justicia, los genocidas deben seguir presos. Que nuestra voz sea eco de muchos más y nunca más otro ‘76”, cerró Gardia ante el aplauso de los presentes.
“No queremos venganza, queremos justicia”
Luego, Fernanda Galeano, en nombre de Hijos La Pampa, contó su historia como víctima de la última dictadura militar y como hija –nacida en cautiverio- de una mamá que fue cruelmente torturada y de un papá que aún permanece desaparecido.
Emocionada por las palabras de Guardia, destacó que “por suerte las nuevas generaciones podemos empezar a hablar, porque estuvimos sumergidas en el silencio durante muchísimos años, por miedo, siempre por miedo”.
“En 1978, un grupo armado ingresó a nuestra casa en Moreno, provincia de Buenos Aires. Allanaron nuestra casa y secuestraron a mi madre embarazada de mí de ocho meses, a mi papá y a mis tres hermanos que tenían 9, 11 y 12 años”, dijo, detallando que “a mi papá no lo vimos nunca más; es uno más de los 30 mil detenidos-desaparecidos”.
“A mi madre –contó- la llevaron a Campo de Mayo y le indujeron el parto mediante tortura. Pasó de las peores cosas que puede pasar una mujer en el mayor estado de vulnerabilidad que es esperar un hijo. La obligaron a parir en ese horror mientras la torturaban, encapuchada. Ella lo único que les pidió a sus torturadores fue poder verme, aunque sea un instante”.
“Ellos le dijeron que sí, que la iban a dejar que me vieran, pero si no emitía ningún sonido durante el parto. Mi mamá hizo silencio. Y me pudo ver. Después, con el tiempo, la volvieron a llevar al lugar donde estaba detenida, le tiraban la comida en el piso y la trataban de la peor manera posible. Incluso no tenía nombre, era un número. La número 2”.
“Después de no saber cuánto tiempo pasó encerrada en ese lugar, vinieron a buscarla y me trajeron a mí recién nacida, en una bolsa, como si fuese una basura. Nos liberaron, tenemos la suerte y el milagro de ser de las pocas que sobrevivimos juntas. Cuando volvimos a nuestro hogar, con nuestras familias, me llevaron al médico porque yo era una bebé recién nacida, no tenía más de 20 días. Me habían reventado un ojo y me habían arrancado las uñas”.
“Nadie que tenga una pizca de amor en su corazón podría llegar a estar al lado de las personas que perpetraron este tipo de crímenes contra las personas que pensaban y cuestionaban el poder de turno, contra las personas que querían cambiar el mundo, y contra las infancias, como acabamos de escuchar recién en este testimonio (en referencia al relato de Guardia)”.
“Sobrevivimos, somos infancias sobrevivientes, y las heridas que nos dejaron perdurarán para siempre, pero tomaremos las banderas de la lucha, como hicieron nuestras Madres, como hicieron nuestras Abuelas; una lucha que invita a la reflexión como ciudadanas y ciudadanos. No queremos venganza, queremos justicia y si quieren la memoria completa o la historia completa, por favor que nos digan dónde están”, cerró Fernanda Galeano ayer.
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