MIÉRCOLES 28 de Febrero de 2024
 
 
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Disputando el poder...

En algún momento se tenía que establecer abiertamente la puja de los estamentos nacionales y provinciales, para determinar si es posible el equilibrio o decididamente la balanza se inclina para alguno de los dos contendores políticos.

Por un lado se erige la figura presidencial, que muestra una posición de intransigencia en algunos aspectos puntuales que hacen a su programa futuro de gobierno. Cede, según acuerda con los funcionarios que ha designado para negociar con la otra parte, pero mantiene resortes que a posteriori de esta etapa le permitan hacer todo lo que pretende en materia de ajustes, normas legislativas y trato con los estados federales

En el otro escenario están los gobernadores, que con diferencias de criterio y estructura ideológica, sostienen con firmeza que ellos deben mantener una responsabilidad con la masa de votantes que los ungió del poder político en cada ámbito.

Para lograr estos objetivos, vienen procurando alcanzar acuerdos e inclusive habían pedido una reunión “cumbre” con el presidente Javier Milei, pero este último, por cuestiones de agenda, ha postergado la decisión sobre la misma y mantiene a sus negociadores, que siempre tienen marcados límites para acordar, en tanto él sostiene la decisión final.

Estas cuestiones van produciendo tropiezos y si bien -pese a ellos- pudieron superar la primera etapa del tratamiento de la Ley Bases, en general, y está en la balanza el DNU vigente, pero cuestionado y todavía no aceptado por el poder Legislativo, queda un largo camino a recorrer dado que deben abocarse al tratamiento de los artículos en particular de la “Ley Ómnibus”.

Tres puntos serán fundamentales y sobre ellos existen posicionamientos muy definidos. Delegación de facultades, coparticipación de Impuesto País y privatizaciones. El resto, si bien tiene importancia, no resulta trascendente para el presidente Javier Milei, que ambiciona el poder absoluto que le permita definir su política económica, social y financiera.

Los gobernadores plantearon la necesidad de acordar porcentajes del Impuesto País y hacerlo coparticipable, equilibrando el ajuste a las provincias que se está produciendo en razón de las últimas medidas tomadas por el Ministerio de Economía, en manos de Luis Caputo, que sigue respondiendo al plan elaborado por el presidente que tiene su mentor en Federico Sturzenegger.

El requerimiento de los mandatarios provinciales ya naufragó y esto queda claramente explicitado en las afirmaciones del negociador, el Ministro del Interior Guillermo Francos, que adelantó que de acordarse algún aspecto relacionado con el Impuesto País, el presidente hará uso del veto, derecho que le asiste, y echaría por tierra cualquier pretensión de hacerlo cumplir.

Esta decisión, que ya fue comunicada a los interesados, agrega una cuota de suspenso al tratamiento del articulado de la Ley Bases en particular. Se podría pronosticar que habría un fracaso en el intento de consolidar las medidas y, fundamentalmente, el otorgamiento de Facultades Delegadas y privatizaciones, situación que debilitaría el esquema presidencial.

Nada está dicho, y el alejamiento del Ejecutivo junto a una reducida comitiva, en un periplo que abarca varios países, sin lugar a dudas significará un impasse en las tratativas que se estaban realizando, fundamentalmente porque la figura negociadora que hasta ahora ha logrado avanzar con legisladores y gobernadores, el Ministro del Interior, es parte de los que acompañan al primer mandatario argentino.

Resulta muy difícil establecer resultados, cuando está establecido, como dice el conocido refrán popular, “un diálogo de sordos” y lo lamentable es que ninguno conoce el mecanismo de señas.

Esta situación no ha dejado de ser un conflicto permanente de los sectores que intervienen en la puja. La imposibilidad que ha existido de establecer un diálogo entre la máxima autoridad de la Nación y quienes pretenden acordar y buscar condiciones que les permitan gobernar sin sobresaltos.

La realidad indica que los avances de gobernabilidad son muy escasos y los argentinos se enfrentan a etapas de pugnas que se suponen severas, dadas las dificultades que plantea una economía que no logra estabilizarse.

Nada está fácil ni resuelto en el esquema estructurado por el presidente Milei y su séquito. Se vienen momentos de extrema dificultad mientras parte de la ciudadanía está sometida a los vaivenes de una política errática y de enorme distorsión de la realidad que vivimos todos.

Se plantea un panorama conflictivo a futuro, ante la falta de soluciones 
 

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