DOMINGO 14 de Abril de 2024
 
 
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Crisis de la legitimación

Es un proceso de desgaste que se produce por diversos factores que hacen a la vida pública que realizan los seres humanos.

Muchos estudiosos del tema sociológico, que procuran entender los distintos comportamientos de la sociedad, le han dedicado profundos análisis a la deslegitimación y porque -según sus conclusiones- se produce.

Qué es la ‘crisis de legitimación’. ‘Se refiere a una disminución en la confianza en las funciones administrativas, en las instituciones o en el liderazgo. El término fue introducido por primera vez en 1973 por Jürgen Habermas, un sociólogo alemán y filósofo’.

Habermas ha ampliado el concepto, alegando que, ‘con una crisis de legitimación, una institución o una organización no tiene la capacidad administrativa para mantener o crear estructuras eficaces en el logro de sus metas finales’.

El vocablo, que no es muy usado en la actualidad, se ha materializado y por razones propias de su alcance social, se ha transmitido a las personas.

‘El término en sí se ha generalizado por otros investigadores para referirse no sólo a la esfera de la política, sino a los ámbitos de organización y de estructuras institucionales’.

‘Si bien no hay unanimidad entre los científicos sociales cuando afirman que: ‘Una crisis de legitimación existe, de una manera predominante si la medición es considerar las actitudes del público hacia la organización en cuestión o sus respuestas al ciudadano o ciudadana que por diversas circunstancias, desgaste, errores, falsas promesas, incumplimiento y muchos otros aspectos más, ve reducido su poder’.

Con respecto a la teoría política, se percibe que un estado es legítimo cuando sus ciudadanos lo consideran en posesión y ejercicio del poder político. Si bien la expresión existe más allá del ámbito político, ya que abarca la sociología, la filosofía y la psicología, a menudo se hace referencia a la legitimidad con respecto a los actores, las instituciones y los órdenes que constituyen el Estado y a quienes se desenvuelven en él o en su entorno.

Según expresa Jürgen Habermas: ‘Algunos de los primeros relatos de legitimidad provienen del pensamiento griego temprano. Aristóteles se preocupa principalmente por la estabilidad del gobierno. Si bien argumenta que la legitimidad del gobierno se basa en el constitucionalismo y el consentimiento; postula que la estabilidad política se basa en la legitimidad de las recompensas que tienen su basamento en el mérito, como piedra angular del reconocimiento’.

El filósofo francés Jean-Jacques Rousseau: ‘... ha planteado con más detalle en El Contrato Social, que la legitimidad del gobierno depende de la ‘voluntad general’ de sus ciudadanos. La voluntad general en sí misma es el interés común de todos los ciudadanos de proveer para el bien común de todos, en oposición a los intereses individuales’.

La realidad que hoy vivimos los argentinos nos hace reflexionar sobre estas disquisiciones que son parte de los estudios que, filósofos de todas las épocas han procurado entender, para de esta manera comprender el comportamiento social, ante determinadas figuras que pretenden tener una legitimización integral de una sociedad -que hoy- mira otras circunstancias que la rodean.

Según Max Weber, ‘un régimen político es legítimo cuando los ciudadanos tienen fe en ese sistema’. En su libro, The Theory of Social and Economic Organization, amplía esta idea cuando escribe que ‘la base de todo sistema de autoridad y correspondientemente de toda clase de voluntad de obedecer, es una creencia, en virtud de la cual, a las personas que ejercen la autoridad, les presta prestigio’.

Hoy la Argentina, no en todo su conjunto, pero una gran mayoría de sus ciudadanos y ciudadanas, están padeciendo una ‘crisis de legitimación’ de quienes se proyectan como sus posibles conductores, en el terreno político, social y económico.

Las dificultades que enfrenta a diario la sociedad le pone por delante otros desafíos, como el de encontrar la fórmula que le permita salir de la degradación que viene sufriendo desde hace años.

Estamos en las puertas de nuevas oportunidades. La renovación es un hito trascendente que está marcando un nuevo derrotero para el país. Esto no significa no reconocer lo eficiente, lo bien hecho y premiar con la legitimización ciudadana a quien corresponde; sino comprender que se transita en procura de alcanzar un futuro, de crecimiento, progreso y premiación del mérito y las formaciones profesionales, para alcanzar el objetivo fijado.

Debemos procurar la legitimidad moral, que depende de si las acciones de una organización, institución o personas se consideran morales. En otras palabras, si el electorado cree que la organización está violando las reglas del sistema político o económico por razones inmorales, entonces esto puede amenazar la legitimidad moral. Y por ende rechazar las ofertas candidateables.

Volvemos al principio de esta entrega: la crisis de legitimación es real.

Tal vez no nos hayamos dado cuenta -todavía- pero nos está planteando decisiones que abran nuevas oportunidades. Reconocer la fortaleza de las renovaciones generacionales, como la única herramienta que hoy se nos ofrece para obtener una nueva Argentina, es un imperativo que nos señala el objetivo.
 

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