LUNES 13 de Julio de 2026
 
 
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Con buenos modales y muchas falacias...

Desde que se produjera la derrota categórica de Javier Milei -LLA- en las elecciones del principal distrito electoral del país, aparecieron los gestos conciliadores y el buen trato. Ya tuvo dos salidas y responden a una renovada forma de dirigirse a la ciudadanía.

No hay más insultos y desaparecieron los degenerados fiscales, hoy se los reclama a participar con “valentía” en el proceso de cambio. Ya no hay tanto econochanta dando vuelta y se dio cuenta (el presidente libertario) que hay un sector de la sociedad que la está pasando demasiado mal y que no soporta más los aprietes, los ajustes y el destrato social.
Si pretendemos mostrarnos honestos con una línea editorial que ha pretendido señalar que el presidente y un núcleo reducido de sumisos seguidores se equivocaban y agudizaban la crisis con sus actitudes, con normativas desregulatorias y reacomodamiento del Estado, tenemos que decir que: No creemos en esta repentina bondad y compostura presidencial.
Es más una buena actuación, que de eso Javier Milei sabe. Surgido de la farándula televisiva en programas disruptivos, desenfadados, que se apropiaron de un importante segmento de la sociedad, que encontró en ese personaje, algo diferente, revolucionario, que marcaba un camino diferenciado de las etapas políticas de los últimos 40 años.
Su personalidad le permite acomodarse a escenarios de iracundia feroz o mostrarse condescendiente mostrando que está rodeado de “heroicos ciudadanos y ciudadanas”.
Habló en cadena nacional durante un corto lapso de tiempo, sin gritos, en un franco tono conciliador, marcando rumbos gubernamentales que estarán reflejados en el presupuesto que se presentó al Congreso de la Nación, aunque la realidad es que tuvo “sabor a poco”. Sonaron más a un sofisma bien armado, que a la verdad que pretende escuchar la sociedad y el mercado.
Una aprendida letra, concisa, precisa que no permite más que adivinar lo previsto para el futuro. Hay una sola realidad: nada que por su implementación pueda ocasionar algún problema al Superávit Fiscal y al Déficit negativo, será aceptado.
En pocas líneas, y sin acaloradas expresiones, lo mismo de siempre, pero manifestado de manera diferente, actuado, tras las lecciones del asesor Santiago Caputo, a quien se considera en parte autor del texto leído en la tarde-noche del lunes, preparando a los “heroicos” argentinos para enfrentar la segunda etapa, asegurando que: “Lo peor ya pasó”. Hubo mucha apariencia de verdad dicha con gentilezas, pero el desconfiado mercado no las creyó.
En un clima difícil, con vientos de conflictos, unos más trascendentes y pesados que otros, Javier Milei intentó -no sabemos si pudo lograrlo- convencer a quienes se sienten desilusionados, de alguna manera engañados y muy maltratados, que: “Ahora viene lo mejor”.
Algo que realmente nos preocupa es si “lo mejor”, que refiere el presidente libertario de los buenos modales, es una forma de verlo personal, o se verá reflejado en los niveles sociales que hoy están padeciendo una transformación que ha destruido gran parte del aparato productivo, que abrió el mercado internacional y puso en serio riesgo de subsistencia a la industria y al comercio nacional. No se sabe a ciencia cierta, hoy son solo palabras, los hechos del día después indican lo contrario.
Algunos economistas que en algún momento transitaron el mismo camino que Javier Milei, y fueron descartados cuando señalaron errores cometidos, indican que el problema es grave y que ya estaría afectando a la macroeconomía que, se pensaba, era un estamento financiero superado. De la micro remarcaron que ni han empezado a equilibrarla, señalando, que si afectan el tejido social y las instituciones será improbable que tenga éxito.
En realidad, a excepción de los que están ideológicamente cegados por el resplandor del “violetismo”, el resto está decepcionado ante lo escasamente rescatable que se dejó trascender.
Especialistas en materia previsional sostienen que las modificaciones e incrementos que anunció forman parte de un mecanismo ilusorio que indica que los bolsillos aumentarán, pero seguirán flacos, que no habrá recuperación de las estructuras para la Discapacidad, y los Jubilados la mirarán pasar sin poder solucionar su decadencia económica.
Intentaron mostrar el inicio de una nueva etapa que resulta una falacia bien armada, pero que hoy un enorme porcentaje de la sociedad ya no cree.
Gran parte de los argentinos duda de un mejor futuro. La realidad se impone al relato.

 

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