MIÉRCOLES 26 de Agosto de 2026
 
 
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Colonización al palo...

Con algunas alertas que han pasado desapercibidas, hoy se puede aseverar sin miedo a equivocarse que Argentina ha pasado, merced a la entrega realizada por el presidente Milei al poderoso Donald Trump, a un estado colonizado, posesión estratégica para los EEUU.

El poder ambicionante que ha demostrado en el ejercicio de sus acciones de gobierno el presidente norteamericano, quedó palmariamente demostrado cuando al asumir su segundo mandato presidencial les dijo a los estadounidenses: “Voy a transformar a este país en el más poderoso del mundo”.

También, si se apela a los archivos, fueron expresiones suyas las que señalaban que: “EEUU no puede depender de otras naciones, tiene todo y es tremendamente poderosa para pretender que todos dependan de este gran país”.

En procura de esos objetivos se rodeó de un equipo de colaboradores que comenzaron a elaborar estrategias de intervencionismo económico, militar y comercial en territorios que mostraban estar con dificultades en cualquiera de esos niveles considerados esenciales para sus habitantes.

Fundamentalmente, para Trump, Marco Rubio, entre otros pertenecientes a su círculo áulico, la mirada estaba puesta en acotar el crecimiento del gigante asiático, China, ponerle condiciones a la expansión rusa, manejar la explosión comercial de la India -favorecida por el bajo costo de la producción que generaba-, tener voz y voto en el conflicto de Medio Oriente y comenzar a ponerle cerrojos a la Unión Europea.

El plan intervencionista comenzó y alcanzó preponderancia cuando negoció con Ucrania y condicionó a Putin. Posteriormente se prestó el manejo expansivo del primer ministro israelí Netanyahu y puso sobre el plano de la guerra interna de esos países la fortaleza armada del país del norte.

Mientras elaboraba estas contingencias que lo acercaban a una participación activa, con claros beneficios para los EEUU, buscó reubicarse geopolíticamente en países en los cuales ya había comenzado a concretar Xi Jinping y, de esa forma, ayudado por la entrega incondicional del presidente argentino, Javier Milei, puso sus ojos en este territorio y comenzó a presionar para desarmar los avances chinos generados en el sur de la Argentina.

La incondicionalidad hacia un país poderoso con marcadas evidencias de superioridad en todos los terrenos tiene sus consecuencias, que no siempre resultan acordes a las necesidades de una sociedad que está sacudida por un gobierno que, en procura de sus objetivos, no repara en los daños colaterales que se producen.

Se habían puesto en evidencia actitudes de funcionarios de diverso rango, que responden al “controvertido” genio del presidente republicano, que abrían una serie de interrogantes sobre el poder gobernante: ¿Dónde estaba?.

Las expresiones de la titular del FMI, Kristalina Giorgieva, dejaron expuestos claros contenidos de un manejo de la economía interna y se dio el “lujo” de aconsejar que debería ser una preocupación del gobierno en relación al tejido social muy deteriorado.

Tras esas palabras que acompañaban sonrisas, palmaditas en las espaldas presidenciales y del titular de economía, se ponía el acento en un manejo interno, que sin llamarlo intromisión estaba señalando que parte de la ciudadanía argentina está pasándola mal.

Todavía se están evaluando esos “consejitos” y salió con los “tapones de punta” el canciller norteamericano en nuestro país, embajador Peter Lamelas, enfrentando al gigante de telecomunicaciones chino Huawei, en una clara demostración del interés de Estados Unidos por quedarse con el control de la red de fibra óptica más grande de Argentina.

El ataque de Lamelas a Huawei durante el AmCham Energy Summit generó una fuerte reacción de la embajada de China, dada la intromisión de los EEUU en la existencia de acuerdos a establecer o ya establecidos con el gigante asiático, dejando en claro el objetivo de Estados Unidos, que señala directivas al gobierno de Javier Milei para que les entregue el control de la Red Federal de Fibra Óptica (Refefo) que opera Arsat y fue desarrollada durante el gobierno de Cristina Kirchner.

Sin lugar a dudas, una clara intencionalidad de determinar acciones que corresponden exclusivamente a los intereses que más benefician a la Argentina, más allá de las afinidades presidenciales y la obediencia que Javier Milei muestra hacia las exigencias “amables” que se realizan desde el poderoso país del norte, órdenes son órdenes.

La amenaza de la Embajada de EEUU a los integrantes de la cooperativa CALF de Neuquén, la principal distribuidora eléctrica de la Patagonia, por un acuerdo con Huawei, y la advertencia de Lamelas sobre la continuidad de las inversiones estadounidenses en Vaca Muerta, son parte de una estrategia de presión para quedarse con un objetivo mucho más ambicioso.

A eso, claramente, se lo denomina “presión política” y una exigencia nacida del compromiso asumido, sin conocerse los términos a los que puede haber arribado el presidente libertario cuando selló la adhesión sin condicionamientos a los dictados del presidente Donald Trump.

Se puede llegar a presumir que hay “letra chica” que se desconoce y que compromete acciones que Argentina, a través del gobierno mileista, tiene en carpeta -como la privatización de ARSAT-, y una de ellas es el medio por el cual EEUU pretende ingresar de lleno en el tema energético y comenzar el manejo de los emprendimientos digitales tales como tecnologías de la Información y Comunicación.

Todo está señalando que el manejo de la política en aspectos centrales que ingresan en el terreno de la innovación tecnológica y el manejo internacional de datos e información están siendo un claro objetivo geoestratégico que Donald Trump y su equipo se han propuesto para desplazar al gobierno Chino.

El tema es preocupante y debería alertar a instituciones científicas argentinas y sectores políticos a que se despojen de sus ambiciones de poder y miren en beneficio de la ciudadanía, a fin de evitar que en poco tiempo Argentina se convierta en una colonia, donde se deba pedir autorización a los EEUU para crecer y desarrollarse.

La Argentina quiere seguir siendo un país independiente. ¿Podrán seguir ignorándolo?

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