DOMINGO 03 de Mayo de 2026
 
 
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Canibalismo político...

Alguien podría suponer que se está exagerando cuando se utiliza el término “caníbal” para diseñar el comportamiento de la clase política en general, sin distinción de ideologías, sino a través de sus comportamientos.

Es una realidad que, cuando salen a ganarse la confianza de un electorado llevan “alitas” de ángeles colocadas y son todas promesas positivas y salvadoras para quienes escuchan los mensajes.

La verdad es otra, esconden sus intenciones, unos muy ambiciosos quieren poder y riqueza, otros se sienten empoderados por el efecto de egos desmesurados y basados en eso lineamientos reformulan estrategias según a qué nivel social va dirigido el mensaje que emiten.

No es una actitud novedosa, sí hay que reconocer que, algunos, muy hábilmente las disfrazan y se convierten en mensajeros del futuro; los hacedores del “país de Narnia”, cuando todo indica que abren las puertas del infierno.

En verdad es una metáfora que describe la destrucción mutua entre miembros de un mismo partido o coalición, donde las luchas internas y venganzas personales prevalecen sobre la ideología. Implica feroces ataques, deslealtad y el desgaste de la propia estructura orgánica para ganar.

Algo más parecido, por no asegurar igual, a lo que se percibe sucede en Argentina y en gran parte del mundo actual. Las diferencias existen en la transformación que va experimentando la sociedad, según pertenezca al primer mundo, a los emergentes o subdesarrollados.

Esto hace que resulte difícil procurar un solo escenario, dado que depende de innumerables factores, fundamentalmente de los mecanismos que según el marco ciudadano se genera y explota: pobreza, miseria, el abuso de clases sociales segregadas y hoy fuera del contexto poblacional; los indigentes, que son observados como la consecuencia que involucra innumerables factores humanos. Todo en una selva donde la única ley que impera es el “canibalismo”.

De esta manera se establece la destrucción interna: Luchas intestinas que fracturan y debilitan a la organización, a menudo intensificadas tras procesos electorales.

Se pone en evidencia la deslealtad partidaria: una desvinculación de las matrices ideológicas para actuar en contra de compañeros de partido.

Todo en el marco de un enfoque centralizado en el Poder: Priorización de la eliminación del rival interno por encima de la agenda ciudadana. No importa el daño que se cometa, sino el logro de los objetivos propuestos.

No es un factor nuevo, dado que ha conformado en mayor o menor medida el comportamiento de quienes ejercieron el poder político en Argentina.

Las diferencias actuales se basan en la actitud abierta del presidente Javier Milei y varios integrantes de su staff gubernamental -fundamentalmente su hermana Karina Milei- quienes se sienten empoderados por una “fuerza superior”, el presidente lo ha vinculado con “las fuerzas del cielo” y todos parecieran seguir ese concepto como un paradigma para desarrollar sus actividades.

Pero ha adquirido un tamaño desmesurado, o si cabe incomprensible, cómo se procuran matar entre ellos, en un internismo despiadado que primero apunto a culpar de todos los males a los gobiernos anteriores y hoy convertidos en un claro ejemplo de la conversión moral a la que han arribado, buscan destrozarse para ganar posiciones.

Este gobierno libertario-anarcocapitalista es una “máquina de picar carne”. Ahora, la víctima es quien -en algún momento- se había erigido en el juez moral de sus colegas, primero, y, luego, lo fue haciendo extensivo al resto de la ciudadanía. De la pobreza profesional que ha venido demostrando, hasta ser el portavoz presidencial, Manuel Adorni es hoy la pieza elegida para “canivalizar”.

Hay otros que los tiene encarpetados quien lleva la agenda del canivalismo presidencial, es su hermana, la poderosa -y para muchos presidente en las sombras- Karina Milei.

Van siendo debilitados, trampeados primero y luego cuando ya no hay “jugo” para obtener en beneficio partidario se busca eliminarlo; o bien renuncia y se aleja a tiempo -por caso Guillermo Francos- o lo “cocinan” a fuego lento.

Adorni nada en el “dulce de leche”, pero su destino está sellado. Mientras Milei proclama un gobierno con alta moral, el vocero y Jefe de Gabinete no encuentra cómo salir del brete inmobiliario ganancioso en el que está metido, además de no encontrar respuestas para gastos que están muy por encima de sus ingresos “blancos”.

En un “cuarto cerrado” pelean por el poder Karina Milei y Santiago Caputo, ambos bajo el paraguas presidencial y sin definir sus verdaderos roles a futuro. En otro ámbito apareció la “verduga” del gobierno, Sandra Pettovello, ya promovida como posible compañera de fórmula para el 2027 del presidente Milei quien aspira a un segundo mandato.

Cerca, y jugando sus cartas, la senadora multifacética, políticamente hablando, Patricia Bullrich, quien tiene su proyecto y no ha dejado de ejecutar internamente sus estrategias para mantener la confianza presidencial; no tanto del “Jefe” Karina Milei. Con ganas de irse y sin saber todavía cómo, Luis “Toto” Caputo, cuyas recetas mágicas de una economía saneada que proyecte a la Argentina al primer mundo se está cayendo a pedazos.

La lista no termina ahí: aparece fortalecido Federico Sturzenegger y se asoma un nuevo eje en la acción política interna en relaciones con el Poder Judicial, con Juan Bautista Mahiques, Ministro de Justicia de Argentina, que sigue abonando su terreno, pese a la críticas de un exagerado nepotismo.

En síntesis, hay tela para cortar, mientras se van preparando nuevos practicantes del canibalismo político que está en pleno apogeo.

 

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