Es un hecho que en los procesos científicos, físicos y filosóficos nada permanece en el tiempo sin sufrir transformaciones generadas por las circunstancias que lo rodean a lo largo de su existencia.
El axioma “todo cambia” (Heráclito) define la realidad como “un flujo perpetuo, donde el tiempo actúa como agente transformador esencial. Filosóficamente, es devenir (cambio) versus ser (permanencia), psicológicamente es adaptación y evolución de la psique, y científicamente es la interacción y movimiento de la materia que permite medir el tiempo”.
En ese vertiginoso y transformador accionar dinámico de un mundo que transita el camino del cambio constante provocado por los avances científicos, la superación humana en busca de la perfección y otros factores, tales como la robotización, la IA y el mejoramiento intelectual en la constante del ser humano de superar a su entorno, está mostrando las diferencias que ya no sorprenden, sino que alientan a mejorar a los que están inmersos en el plano de la investigación.
Se le atribuye a Heráclito el axioma de que todo fluye, todo cambia y, por tanto, nada permanece; esto es, como elucubra su conocido aforismo: “no es posible bañarse dos veces en el mismo río, porque -aunque aparentemente sea el mismo río- sus elementos han cambiado”.
Esta es la vida actual que, naturalmente, está provocando que la raza humana también experimente esas variables, que muchas veces no entiende y son experiencias que experimentan las personas y que van transformando la forma de vida de las comunidades.
Un conocido investigador del sistema de aplicación de la IA acaba de revelar en publicaciones de diferentes medios que: ‘‘El mundo está en peligro por la inteligencia artificial”. Una definición que no hace más que confirmar que su uso en el marco de la vida de las sociedades puede dañar severamente la normal convivencia, que por otra parte ya viene alterada por los escenarios de beligerancia que se producen en procura de alcanzar el liderazgo mundial.
Es fácilmente comprobable que la utilización y la inserción de los avances de la tecnología en los diferentes sistemas de vida están generando un riesgo que puede transformarse en un quiebre al “hacernos menos humanos, o distorsionar nuestra humanidad”.
La IA es un notable avance que aplicado criteriosamente puede significar un respaldo para lograr mayor efectividad y certezas en la educación, la ciencia, la producción y el desarrollo en sus múltiples facetas.
Pero la realidad ha demostrado que dada la construcción mental de la raza humana, para muchos es un arma que puede modificar, transformar, denigrar y crear rivalidades inexistentes -una forma de descomponer el nexo de convivencia que debe reinar, más allá de las diferencias de razas e ideologías.
Esta situación que se viene produciendo ha generado una intensa actividad judicial ante denuncias de quienes han sufrido ataques de diversa naturaleza que los ha afectado en su vida diaria, en las áreas educativas y de salud, interviniendo con aviesas intenciones en las relaciones humanas; en síntesis: se ha convertido en una poderosa herramienta para hacer daño, cuando la realidad planteada por quienes prohiban darle una función útil para la sociedad es que sirva como respaldo para todas las actividades.
Hay un estado de alerta y se procura prevenir adecuando las formas de instrumentar cómo debe incorporarse la IA en el desarrollo de la vida diaria, en la investigación, en el sistema de consultas y definiciones en la educación, la ciencia, la investigación en líneas generales del conocimiento utilizada en ámbitos de la salud, la ciencia y la educación.
El llamado de atención, la advertencia que ha surgido en ámbitos específicos que sostienen el crecimiento de la IA en todos los espacios en el que se desenvuelve la ciudadanía, está guiado por el principio de preservación natural que procura se pongan límites, no al crecimiento que puede alcanzar el sistema, sino a las formas en que es utilizada haciéndoles perder sus verdaderos objetivos y fines.
Hoy existen realidades que fueron surgiendo primero, en los países del primer mundo, donde se busca avanzar en lo científico en procura de una perfección que resulta inexistente, ante el devenir de la ciencia y la tecnología. Esos pasos futuristas comenzaron a llegar a los emergentes y subdesarrollados que conforman el orbe.
Según quién lograra insertar esos progresos, manejaba estamentos políticos, económicos, financieros y productivos.
Los empresarios de la ciencia y la tecnología, a menudo llamados emprendedores de base tecnológica (EBTs) o científicos emprendedores, son líderes que transforman investigaciones y descubrimientos científicos en productos, procesos o servicios innovadores para el mercado.
Figuras como Bill Gates, Steve Jobs, Elon Musk y Larry Page revolucionaron la tecnología, mientras que en ámbitos académicos y científicos se crean empresas de base tecnológica que convierten I+D+I (Investigación, Desarrollo e Innovación) en soluciones tangibles para mejorar la competitividad y la sostenibilidad. Fueron fundadores icónicos Gates (Microsoft), Jobs (Apple), Zuckerberg (Meta), Page y Brin (Google), y Musk (Tesla/SpaceX).
Innovadores en Biotecnología y Ciencia: investigadores que desarrollan soluciones, como las plataformas basadas en tecnología CRISPR (Carla Giménez, Lucía Curti) para diagnóstico molecular y sanidad.
Empresarios Científicos/EBTs: Investigadores del CONICET en Argentina que fundan empresas, por ejemplo en el sector energético (Y-TEC) o geotecnología.
Un mundo diferente que se está construyendo sobre lo existente y aprovechando, fundamentalmente, el material humano que acompaña al progreso, que identificamos como las “nuevas generaciones”.
Nuevas bases para un cambio que se está produciendo y transformando el mundo que hemos conocido hasta el presente.
No hay que temerle, solo respetarlo y aprender a usar las nuevas tecnologías.



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