El desarrollo de la política nacional es un “conventillo” plagado de fórmulas que permitan convertir la realidad en una mentira, situación que raya en el ridículo.
Todo está sujeto a la búsqueda de algún mecanismo que permita culpar al otro. Los que acusan se consideran impolutos, transparentes y los malignos dañinos son los de en frente.
Cuando escuchamos al presidente de la Nación, el libertario Javier Milei, no dejamos de asombrarnos porque utiliza argumentaciones estudiadas intentando que quienes reportan a la ideología “violeta”, no crean nada de lo que pueda surgir de los sectores opositores.
Ahora, la Inteligencia Artificial ha pasado a constituir el medio que un funcionario, abogado-asesor de Milei, hoy apartado de sus obligaciones y naturalmente de su apego al mileismo, utilizó para “manipular” la verdad y denunciar a la hermana del presidente, Karina Milei, Secretaria General de la Presidencia y presidenta del partido La Libertad Avanza.
Si tanto respeto y consideración reclama el oficialismo por el Poder Judicial, es difícil explicar porqué no espera a que la investigación iniciada en ámbitos de Comodoro Py tenga elementos de juicio que permitan conocer, a ciencia cierta, que todo es una patraña montada para perjudicar al verborrágico y exaltado presidente libertario.
Hay un “tufillo” a situaciones que marcan un claro sesgo de corruptela. No es la primera denuncia que trasciende de manejos de “cajas negras”, nada diferente a la “vieja casta”.
Otros métodos, pero la misma actividad delincuencial plantea que nada ha cambiado, solo los nombres y hoy, en vez de ser centro izquierda, se hacen llamar liberales-libertarios.
El invento de nuevas mentiras está generando un incendio de proporciones inusitadas en el seno del gobierno. La interna está llegando a niveles impensados, jugando un importante papel en la lucha por alcanzar el poder de determinados y muy puntuales escenarios. Fundamentalmente el económico.
En este tenebroso juego es preponderante la figura de la Secretaria General de Presidencia, quien ha aceptado ciertos condicionamientos, como el de otorgarle poder en campaña al asesor Santiago Caputo, resignando a su “alfil” -hoy caído en desgracia- Eduardo “Lule” Menem, y en menor medida a Sebastián Pareja; pero según lo acordado mantiene el “poder del veto” aceptado por el presidente.
En ese tembladeral de falacias y manejos poco claros, ha quedado sumergida la figura del titular de economía Luis “Toto” Caputo, que se sigue arrogando el título del mejor “ministro de economía de la historia”, quien ha comenzado a transitar por la banquina.
En medio del desastre en el mercado, Federico Sturzenegger salió a buscar su lugar, rompiendo la promesa de no opinar de macroeconomía y sin tener reparo al criticar a “Toto” Caputo y a Pablo Quirno, por su teoría de que sacando pesos del mercado el dólar dejaría de subir, porque sencillamente no habría pesos para comprarlos.
Una burla que señala cómo el ministro de Desregulación y Transformación del Estado se arrima para quedar en primera fila, esperando a que el presidente y su hermana Karina resuelvan que el ministro Caputo ha concluido su ciclo.
Escenarios dispares, raros, que manejan estrategias controversiales, dado que hoy se dice una cosa y mañana otra, desdiciéndose de lo mismo que pregonaban como la solución ante el problema.
Por supuesto acusan de todos los males a la “casta corrupta” que gobernó al país, y cuando tuvo que referirse a su hermana, también involucrada en casos de corruptela, la culpa es de la IA, utilizada para ensuciarla.
Los argentinos -no todos por supuesto- transitan una etapa de enorme conflicto social-económico, cuyo resultado final, hoy, es una gran incógnita.
Para convencer a un sector de la sociedad que ha comenzado a darle la espalda al gobierno, porque se siente decepcionada y burlada, están apelando a cualquier mecanismo o estrategia, sin importar demasiado que se ejerza la mentira, materializando el relato que genera un deterioro moral e institucional que resulta extremadamente peligroso.
El objetivo son las legislativas del 26 de octubre, para ello no se escatimó en romper el equilibrio financiero apelando a las reservas del BCRA, ilusionando al sector agropecuario al poner las retenciones en cero. Fábula que duró 48 horas. Cumplido el fin elucubrado, nadie aclara cómo se comienza y en qué condiciones desde el 27 de octubre en adelante.
Donald Trump fue el salvavidas -esperemos que no sea de plomo-, aunque hasta ahora es más promesas y charlas que concreciones.
El gran interrogante es: ¿A qué precio se negocia con los EEUU? Es evidente que el presidente libertario quiere ganar a cualquier costo. Solo habrá que esperar al rededor de 30 días días para saberlo.



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