Sin lugar a dudas, Donald Trump no llegó a constituirse en uno de los empresarios más poderosos del mundo por casualidad; los mecanismos de estrategias coercitivas y su actitud desenfadada y sin lÃmites fueron artÃfices de aquello que está mostrando hoy.
Como expresa el refranero popular, se arriesga “pero no come vidrios” y sabe con certeza que los Estados Unidos conforma parte de un grupo de países con tanto o similar poder al que hoy ostenta norteamérica.
Este factor lo lleva a embestir premeditadamente y luego se llama a silencio a la espera de las reacciones, metodología que le permite tomar las decisiones futuras.
Desde que asumió a la fecha ha intervenido en todos los conflictos mundiales en los cuales se están jugando posibilidades económicas y mercados, tanto financieros como comerciales, empresariales, industriales, científicos y de investigación.
En todos los casos ha logrado réditos, unos más positivos que otros, jugando -a veces- a una neutralidad que utiliza para ser el referente que puede decidir futuros.
La elaboración del “nuevo orden mundial” es una organización que pretende Trump y su mesa chica, para convertir a los EEUU en el eje del mundo. Ese objetivo, nada fácil para lograr, requiere de la culminación de organizaciones mundiales que han servido, hasta ahora, para establecer políticas en el orden mundial, como la UNESCO, existen muchas otras claves, principalmente como parte del sistema de las Naciones Unidas, como la OMS (Salud), FAO (Alimentación), FMI (Finanzas), Banco Mundial (Desarrollo), OIT (Trabajo), OMT (Turismo) y la propia ONU, que agrupa a estos organismos especializados y tiene sus órganos principales (Asamblea General, Consejo de Seguridad).
Se puede incorporar al tejido político-comercial-económico la Organización Mundial del Comercio (OMC): Regulación del comercio internacional. Organización de los Estados Americanos (OEA): Cooperación regional en América. Unión Europea (UE): Bloque político y económico de Europa. Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA): Inversión en zonas rurales, entre otras que definen sus políticas basadas en las posibilidades de los países que las integran.
Claramente uno de los objetivos del presidente republicano Donald Trump es ponerle fin a esas estructuras, como instituciones que trabajan en áreas específicas para promover la paz, el desarrollo y la cooperación internacional a menudo, coordinándose entre sí bajo el paraguas de las Naciones Unidas, para constituir un solo árbitro mundial en todas las áreas, objetivo que pretende para los americanos a quien prometiera darles el poder que -según él- han perdido.
Ahora el punto de inflexión es Groenlandia, un país que se encuentra dentro de los dominios de Dinamarca y que el republicano, al igual que Rusia y China, pretenden sumar a sus poderes territoriales.
Los dichos del presidente estadounidense son más que elocuentes: “Aquello que no consigo por las buenas lo haré por las malas”. Esto se desprende de sus expresiones que tienen relación con la paz, a la que dice no verse influenciado, atento a que “lo desconocieron con el Premio Nobel de la Paz”, por consiguiente, dijo: “No tengo porque practicar la paz o ser pacifista”.
Pareció un “grito de guerra”, con el cual pretende someter a los países que no respondan a sus pretensiones expansionistas.
En Davos expondrá sus objetivos al que sumarán, apoyándolo, algunos países que han hecho causa común con el poderoso del norte y que pretenden verse beneficiados, si las políticas de Trump alcanzan los resultados que pretende.
Hoy su plan beligerante está basado en la renovada guerra arancelaria, un proceso económico que representa un obstáculo para el sistema comercial de una gran parte del mundo.
Las bolsas europeas y los futuros de Wall Street ya dieron muestra de los temores existentes y tuvieron importantes bajas, mientras el oro se consolida como refugio. Esta tensión por las nuevas amenazas de Trump también se podrá sentir y complejizar la recuperación de los bonos argentinos, procedimiento que se concretaría en las próximas semanas.
Esta situación ya generó la reacción de China, que le ha hecho conocer al gobierno trumpista que detenga esta ofensiva. El jefe de Estado norteamericano amenaza con suba de aranceles al 10% para todas las importaciones de los países europeos involucrados, con la posibilidad de llevarlos al 25%.
El presidente francés Emmanuel Macron, en su discurso ante las potencias comerciales del mundo, criticó severamente a su homónimo norteamericano Donald Trump, advirtiéndole que no puede generar la destrucción de la organización mundial y mucho menos atentar contra la cohesión europea.
Todo indica que el republicano está exacerbando a quienes integran un bloque poderoso, comercial y económicamente, en el primer mundo y que de concretar su pretensión de máximo liderazgo está colocándose en el escenario de enemigo público Nº1. El exceso del poder entraña sus riesgos, la historia está plagada de ejemplos similares.
Hoy el arancelamiento que practica EEUU es el arma con el que procura someter a los rebeldes.
Un juego peligroso que coloca a los al país del norte en una posición de confrontación altamente riesgosa.
El futuro está frente a su nueva realidad.



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