MARTES 23 de Abril de 2024
 
 
Compartir
Twittear
 

Aquí les dejo mis mínimas

Siempre se dijo que hombre prevenido vale por dos. Dándolo por cierto me dispongo a dejarles a mis herederos mis “Mínimas”, así como el general San Martín le dejara en 1825 aquellas “Máximas” a su hija Merceditas.

Más allá de las diferencias jerárquicas y de las hazañas personales (yo solo crucé la cordillera en aviones, en autos y en micros) encontrarán aquí otras desigualdades entre sus máximas y mis mínimas: aquellas fueron expresiones de principios morales que deben ser tomados como ejemplos y estas son deseos casi rutinarios, elegidos al bulto. Las del prócer guardaban las formas de un compendio ético y las mías se parecen más a un testamento burdo sin reparto de bienes.

Y aquí van: No me iré con bienes materiales a mi nombre sino a los de ustedes para que no tengan que compartirlos con abogados, escribanos y gobiernos. Como saqué bien las cuentas, todo lo que compré o invertí en los últimos años lo fui pagando con vuestra herencia, mientras ustedes me juzgaban un padre generoso.

Me gusta que cada uno haya seguido en el estudio y el trabajo el camino que por sí mismos eligieron según sus vocaciones y oportunidades. Tengo la alegría de decir que jamás les impusimos en casa una camiseta deportiva ni una divisa política ni una religión determinada.

En lo personal me sentiría igualmente orgulloso de ustedes si hincharan por Racing, Sacachispas, River, Patronato o Boca, si fueran católicos, protestantes o agnósticos y cualquiera fuera vuestra preferencia política. Creo que en muchos sentidos hemos conformado hijos libres. Y sé que los nietos van por igual camino.

Les pido que conserven el sentido del humor que los caracteriza y que según veo están trasmitiendo a vuestros descendientes. Tengan en cuenta que con el sentido del humor se puede enfrentar todo, inclusive el mal humor.

Prohíbo ser velado. Me niego al exhibicionismo póstumo que me pueda hacer quedar como un finado cholulo.

Deseo se me incinere (no antes de tiempo). No conserven ni en pedo mis cenizas en un jarrón. Arrójenlas donde les plazca, siempre y cuando sea en este planeta al que le he tomado cariño pese a todos sus defectos.

Ni se les ocurra arrojarlas desde un avión sobre Pico, porque si en ese momento llegara a soplar un viento sur como el de semanas atrás me tendrán que ir a buscar después a Tucumán.

También les dejo para que se jodan ejemplares de los libros de mi autoría con los que podrán castigar a su vez a sus enemigos si es que los tuvieran. Sientan por ellos de todos modos alguna consideración, ya que esos libros son en el fondo sus hermanitos de papel.

No dejo deudas económicas y espero que ustedes sepan perdonarme las otras.

Quedarán en mi heladera algunas botellas de vino y champaña. Agótenlas en mi memoria y cuando lo hagan imaginen que yo estoy presente y “algo alegre” como algunas veces me vieron...

Finalmente les advierto que en la partida no habrán de reconocerme pues solo seré el que fui. Tampoco yo me reconoceré en el definitivo trance por falta de experiencias personales, ya que a lo largo de mi vida los que se murieron siempre fueron otros.

Por Hugo Ferrari - Especial para LA REFORMA

Escriba su comentario

Tu email no sera publicado.