LUNES 17 de Junio de 2024
 
 
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Algunas definiciones

No me gusta “no hacer nada”. Prefiero “hacer nada”, que se me antoja un término medio entre la pasividad y la acción. Esta actitud me justifica, porque siendo jubilado continúo trabajando, si por trabajo entendemos cosas como pensar, leer, escribir y colaborar con cuestiones vecinales.

Cierta vez opiné que hay cuatro prototipos existenciales frente a la vida: El optimista activo, que es el ideal del ser; el optimista pasivo que vendría a ser el boludo alegre porque cree que todo se va a arreglar sin decir cómo y sin hacer él nada; el escéptico activo con el que me identifico porque no tengo demasiada fe en el futuro de la humanidad pero tampoco dejo de pujar por días mejores. Y por último el escéptico pasivo, que no sé bien para qué está.
Y a continuación les voy a dar un ejemplo de escepticismo activo: ¿Cuál es la diferencia entre el capitalismo y el socialismo?: El capitalismo es la explotación del hombre por el hombre; el socialismo en cambio es justo al revés... Mientras tanto procuro “a dos manos” que las cosas cambien en mi pequeña esfera, con cualquier sistema.
Para mí y después de ver pasar tanta agua bajo el puente, creo que ambas corrientes son necesarias y pudieran complementarse. Pasa en la política como en el subsuelo de los continentes y los océanos: las placas tectónicas tienden a reacomodarse cada tanto produciendo sismos, tsunamis, inundaciones y erupciones volcánicas. Los sistemas políticos también pugnan, se turnan y sobreponen. Ninguno es perfecto porque en definitiva somos los seres humanos los encargados de aplicarlos... y así nos va. 
Por lo tanto creo que es cosa antigua hablar de derecha e izquierda en política, cuando los gobiernos, en tiempos tan dinámicos, hacen hoy lo que pueden según las circunstancias, alternando acciones de uno y otro tipo. Después de todo ya nos han hecho ver los dirigentes de ambos signos que la corrupción, el despilfarro y la inoperancia son ambidiestras, como Messi que patea con las dos piernas.
Yo creo en las “ideologías” y en las “militancias”, pero también creo que ambos términos vienen siendo aquí bastardeados desde hace mucho tiempo y que en la práctica quienes los usan suelen transformarlas en patologías discursivas fanáticas. 
- Yo no voto personas, voto ideas- me dijo mi vecino. ¿Y si te dan cien mil dólares? le pregunté. - Entonces voto a quien me los dé -me contestó- porque veo que sus ideas no son tan malas.
 

Por Hugo Ferrari - Especial para LA REFORMA
 

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