MARTES 18 de Junio de 2024
 
 
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Accidentes de motos: Un problema sin resolver

No resulta una sorpresa para nadie que transite por las calles de General Pico, encontrarse con unidades policiales y ambulancias, que están atendiendo las contingencias de un accidente, cuyos protagonistas, normalmente, son un auto y una moto.

No es esta la primera vez que nos ocupamos del tema, en tanto resulta preocupante porque, en los vehículos de dos ruedas, el que irremediablemente sufre las consecuencias es la conductora o conductor y quienes los acompañan, que por regla general son niños o niñas.
También hemos señalado -hoy lo reiteramos- que, en su mayoría, los motociclistas no aceptan ni respetan las normas de tránsito, fundamentalmente, el régimen de velocidad que rige para el casco urbano.
No solo ese aspecto debería ser objeto de un control más estricto, sino el comportamiento en el traspaso de vehículos, cruce de calles, semáforos, en síntesis todas las normas vigentes que se han dictado con la finalidad de regularizar el tránsito vehicular.
Las velocidades máximas que rigen para el sector urbano, no existen en el comportamiento de muchos conductores. Así se los ve cruzar bocacalles acelerando y notoriamente superando holgadamente los 60 km. 
Todo un riesgo si tenemos en cuenta que deben respetar las prioridades de paso y a eso ayuda que se fijen velocidades reducidas, que permiten el paso de peatones, el derecho de paso, que se ejerce en calles de un solo sentido de circulación, el traspaso a otro vehículo que circula en el mismo sentido, fijado por la izquierda, nunca respetado por quienes van en los vehículos de dos ruedas.
No tenemos ni logramos hacernos de una estadística seria que nos revele cuántos accidentes diarios se registran y de ellos, en cuántos están implicadas las motos.
A ‘ojo de buen cubero’ podríamos estimar que el porcentaje donde estén implicadas las motos es muy superior al de los automóviles. En estos días fuimos testigos de cuatro incidentes, sin lesionados graves, por fortuna, cuyos protagonistas fueron motociclistas, que por precaución debieron ser trasladadas/dos, al Hospital a verificar que no hubieran sufrido golpes que comprometan su salud.
El otro aspecto que se ha podido observar y más de un automovilista lo ha sufrido, es el gesto desafiante, el insulto, la prepotencia de que hacen gala muchos conductores/conductoras que se desplazan en motos, cuando se les señala -no con ánimo de pelea- sino protegiendo su integridad física, que deben respetar las normas de tránsito o que el casco es un elemento que preserva su vida.
Pero este problema, que no es nuevo, pareciera no puede lograr ordenarse, más allá de los controles que se realizan sorpresivamente en distintas calles de la ciudad.
De todas formas este desconocimiento de la existencia de las normas de tránsito, no implica que desconozcamos que el problema está y que debe enfrentarse seriamente para ponerle límites. Que no significa coartar la libertad de manejarse en moto, sino que comprendan que las disposiciones tienen varios sentidos formales y uno de ellos muy sustancial e importante es proteger la integridad física de quienes van en el vehículo mas pequeño, donde los paragolpes son los cuerpos que se desplazan arriba.
El problema está. Es un suceso cotidiano, que siempre arroja alguna víctima, que debe ser atendida de urgencia en el Hospital Gobernador Centeno, para descartar riesgos que pueden suceder en un golpe, que normalmente suele ser muy contundente.
Las normas existen, los controles se hacen, pero esto es evidente que no es suficiente. Los entendidos en materia de tránsito, deberán recomponer dispositivos y ver si es factible disminuir los efectos de los que arriesgan su integridad física y ponen en peligro al ciudadano de a pie.
La tarea preventiva es una gestión orientada por los que saben, pero nos involucra, por un sentido de convivencia que no debemos olvidar.
 

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