MARTES 03 de Marzo de 2026
 
 
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24 provincias, con problemas diferentes...

Son los aspectos diferenciales que hacen que -nosotros- consideremos que salvo las cuestiones de orden presupuestario, relacionadas con el tema coparticipación, los demás rubros adquieren notorias diversidades que están en relación directa a sus potencialidades sociales, económicas y productivas.

Existen en todas las gestiones provinciales problemas para obtener un desenvolvimiento acorde a las necesidades que les demandan sus sociedades. Problemas en salud, educación, quebrantos del tejido social donde se conjuga el desempleo con la pobreza y la indigencia; la problemática de los jubilados, cuyos retrasos en los ingresos los aleja de la posibilidad de una subsistencia equilibrada; la industria y la comercialización que van en franca decadencia...
Los recortes presupuestarios ejecutados por la aplicación de las normativas que provienen desde el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, en procura de imponer lo privado sobre la demanda estatal, han generado efectos negativos en la obra pública, la ciencia, la técnica, la educación y la salud, hoy totalmente desatendidas por la ausencia de los aportes gubernamentales.
El tema de las prestaciones destinadas a viviendas, que eran compartidas por planificaciones provinciales y fondos destinados desde Nación siguiendo regulaciones emergentes de las partidas que, para ese menester, figuraban en la ley de leyes, o sea el Presupuesto, el cual al día de hoy hace dos años brilla por su ausencia, determinó un claro vaciamiento de las arcas de los estados federales.
Estas reformulaciones fueron agudizando problemáticas provinciales que, con hábiles estrategias, fueron utilizadas por el gobierno de Javier Milei para lograr alcanzar -dada su debilidad legislativa- apoyos obligados por las circunstancias de gobernadores que indicaban a sus diputados y o senadores que votaran a favor; tanto aquellos que se consideraban alineados o se ausentaran del recinto, los opositores a medias.
De esta manera se estableció durante los dos últimos años un juego de “cinchada” para establecer supremacías y lograr objetivos, tanto el oficialismo como los opositores. Según para donde se inclinara la balanza, festejaban los mileistas o aplaudían quienes, parados en la vereda de enfrente, pretendían ver fracasar al libertario.
En este marco se fueron generando escenarios que mostraban el mayor o menor poder que iban obteniendo los sectores de la política nacional.
Los resultados de elecciones locales primero y nacionales legislativas de medio término, después, dejaron en evidencia que el voto ya no se puede medir con encuestas, consultores o analistas políticos.
Todo se circunscribe a la formación social de un nuevo votante que pone el marco de su decisión frente a la urnas varios factores: primero su situación personal y familiar, luego aquello que no quiere repetir y la ausencia de nuevas opciones; su bolsillo y la inestabilidad social donde se conjugan factores como la inseguridad, la ausencia de prestaciones básicas, entre otras alternativas. Recién ahí pone el sufragio.
Para algunos, es un voto calificado en razón de las circunstancias que les toca vivir.
Dicha situación se materializa en todo el país mostrando claramente que no es lo mismo el votante norteño, que el del centro del país y ni hablar del que se emite en el conurbano bonaerense, sometido desde hace muchas décadas a ser objeto de las prebendas políticas que los utiliza y explota cuando los necesita, para ganar algún posicionamiento político.
Esta distorsión de la realidad social sacó a relucir lo peor de la clase política y así se crearon los “intermediarios”, personajes inescrupulosos que se hicieron millonarios a costa de aquello que le restaban a quienes realmente necesitaban los aportes sociales.
No es nada nuevo, pero si marcó claramente diferencias entre los estados provinciales. En algunos, los más chicos, la relación gobierno-ciudadanía fue más directa y lograron evitar a los “explotadores” de las necesidades de una clase social, considerada totalmente desprotegida, para responderles desde las áreas gubernamentales directamente. En otras, se instaló el “feudo” donde el político más fuerte imponía condiciones de vida y también están los que jugaban en todos los niveles sociales.
Una Argentina que tras muchas desilusiones y fracasos fue aprendiendo, fundamentalmente por la reacción de rebeldía de las nuevas generaciones, que resolvieron asumir responsabilidades y generar el cambio, cueste lo que cueste.
Así nació y se gestó el “mileismo”, proveniente de una causalidad generada en un personaje de la farándula que pensaba, o quienes lo rodeaban lo hacían, que podía llegar a tener el poder para el “cambio” que reclamaban los más jóvenes.
Un suceso con similitudes a la llegada del presidente ucraniano Volodímir Zelenski, un actor, comediante, abogado y político que llegó al poder y, pese a la guerra, sigue manteniendo vigente su influencia sobre la comunidad ucraniana.
Está claro que prefieren mantener lo que creyeron era un cambio antes que someterse el poder de Rusia.
Realidades de una transformación que hoy sufre la Argentina y que señala un reacomodamiento mundial. Todos diferentes, pero con un mismo paradigma: SER LIBRES PARA ELEGIR LO QUE QUIEREN.

 

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