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¿Y nosotros?

¿Viste que la estamos pasando bastante mal? ¿Viste que nos angustia la incertidumbre? ¿Viste que andamos ansiosos y preocupados porque no sabemos qué va a pasar del 10 de diciembre en adelante, cuáles serán las primeras medidas del nuevo presidente, si va a poder o no empezar a encaminar el país? ¿Viste también que hasta esa fecha sigue estando al frente del ejecutivo el Presidente Macri?

Bueno, no, parece que aunque está ya no está, o al menos a él y su entorno les importa bastante poco. Todo parece indicar que tienen la cabeza puesta en lo que vendrá y en cómo reacomodan sus asentaderas en el nuevo esquema que los coloca en el lugar de “oposición”, ahora la pelea es quién será el líder de esa oposición. Y mientras tanto, nos seguimos jodiendo, porque al parecer nadie está haciendo ni pensando en nosotros.

Mientras los argentinos sucumbimos en un mar de incertidumbre, ellos, tras la derrota en las urnas, disputan puertas adentro una interna feroz que salpica para todos lados. La pelea arde hasta en las redes, en las que el ejército de Trolls del PRO, coordinado por el Jefe de Gabinete Marcos Peña, impulsa el hashtag #ElLíderEsMacri para aplacar la rebeldía de los propios y la UCR, que tras cuatro años de ninguneo político pretende tener más poder en el nuevo escenario.

Aparentemente hay un PRO “puro”, que busca conducir la bancada del bloque de Diputados en el Congreso Nacional y otro que no lo es, y los “boina blanca”, encabezados por el mendocino Alfredo Cornejo, que se disputan la conducción. La pelea recién arrancó pero ya promete dejar un tendal de heridos.

La interna de la interna se da además en provincia de Buenos Aires, en la que el intendente de Vicente López, Jorge Macri, está decidido a dar pelea por la conducción dentro del territorio bonaerense, al grito de “María Eugenia ya no es la gobernadora que nos representa a todos”.

Hay disputas en todos los frentes y para todos los gustos, pero en ninguna de esas discusiones entramos los argentinos, que una vez más, vemos desde afuera cómo las mayores discusiones se dan en torno a liderazgos y no en lo atinente a los problemas que nos aquejan.

Al grito de “¡Hay gato para rato!”, Macri marcó la cancha blandiendo el 40% que cosechó en las elecciones, para que a todo el espacio le quede clarito que pretende erigirse como el máximo referente de la oposición a partir del 10 de diciembre.

La base de todos los discursos es la unidad, una unidad en la que la ausencia de los principales referentes del radicalismo en la primera gran reunión posterior a la derrota, es inocultable. Los socios de la UCR tienen su propio debate a lo largo y ancho del país, debate que en La Pampa ya tiene fecha y también promete ser muy duro.

Todos se llenan la boca hablando de unidad, de la responsabilidad de hacer una oposición inteligente y constructiva, por ahora omitiendo que para eso hay que estar a la altura de las circunstancias y esas circunstancias los colocan hoy, aquí y ahora en un lugar que no están ocupando, porque siguen al frente del país y deberían estar gestionando en vez de dando una discusión que a todas luces es prematura.

Aun si Argentina estuviera en una situación económica holgada y sin urgencias, discutir cómo se reposicionan es un tema que deberían haber abordado en los primeros meses del 2020. Que lo hagan ahora es una clara muestra de cuánto les importamos Argentina y los argentinos.

"Tenemos el desafío de ser una oposición constructiva” suena lindo y es un buen mensaje, pero no es el que Macri y su entorno debía dar en este momento. La última reunión de gabinete ampliado de su gestión pudo haber abordado los detalles de la transición, las medidas que implementarán hasta el 10 de diciembre, el análisis del resultado de la elección, los pormenores del traspaso de mando, entre otros tantos temas importantes que quedan en el tintero hasta el 10 de diciembre, pero nunca debió haber versado sobre la pelea por reacomodar sus posiciones personales.

Argentina se sacude en una crisis agobiante, todos los parámetros económicos están en rojo, se multiplican los pobres, perdemos fuentes laborales, la angustia atraviesa el humor social y ellos disputan quién encarnará el liderazgo opositor. ¿Y nosotros? Es sombrío y patético, pero nosotros, nos seguimos jodiendo.

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