MARTES 29 de Noviembre de 2022
 
 
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¿Vivimos engañados o somos engañados?

Es una extraña paradoja en la que estamos envueltos los argentinos. Lo que fácil viene, fácil se va. Lo barato sale caro. Mucho ruido y pocas nueces.

Todo esto junto y tal vez muchas otras definiciones procuran explicar este fenómeno que transitamos, donde se se juegan intereses, con necesidades. La pérdida de valores inherentes a facilitar la convivencia. La violencia un “tornado” al que, lamentablemente, nos estamos acostumbrando y ya forma parte de nuestro diario vivir.

No es exagerado ni abusar del dramatismo social, ver cómo lentamente un importante segmento de la sociedad se ha marginado producto de esa “paradoja” donde “No hay mal que por bien no venga”.

Salimos a la calle y observamos- ya sin asombro- familias enteras durmiendo en los huecos vacíos de ingreso a comercios que ya han cerrado sus puertas y nos dejamos llevar por el engaño que nada se puede hacer para lograr que esos seres humanos puedan vivir dignamente.

Las dificultades económicas parecen ser el desencadenante de estas situaciones que vivenciamos a diario, especialmente en las grandes urbes. 

Es difícil de encontrarles una explicación coherente, racional, que tenga sentido común. Porque, alguna vez, en algún momento de sus vidas, han tenido techo, trabajo y con mucho esfuerzo podían educar a sus hijos.

Hoy son los ignorados. Usados cuando se los necesita, muchos, lamentablemente en estos momentos, mano de obra barata y descartable para uno de los grandes flagelos que nos acomete: el narcotráfico.

En razón de ello es que nos preguntamos, mientras vemos tanta miseria humana, si estamos viviendo engañados o somos también víctimas de los que enancados en el poder nos engañan, diciéndonos que están trabajando para erradicar esta tremenda vejación del sector de la ciudadanía que no encuentra salida.

Vemos que pelean por el poder. Que su objetivo es “salvarse” a cualquier precio y eso deprime y nos somete a una suerte de manejos espurios, que tienen como meta seguir siendo los poderosos que imponen condiciones a sus “súbditos”.

En este caso nos aferramos a la frase de Sócrates: “Solo sé que no sé nada”. Y esta es la triste realidad, con la cual convivimos. Creemos saber y en definitiva no sabemos nada. 

Las promesas que nos endulzan los oídos no dejan de ser mas que una sutil manera de mantenernos engañados, mientras ellos pelean, por el poder unos, o para salvarse otros. Pero todos están haciendo su juego.

Ahora somos testigos de la disputa de un poder contra otro poder del Estado. Recordando que la Constitución, sabiamente, determinó que una democracia se construye bajo la supervisión de tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. 

Resulta que ahora, políticamente, a través de uno de los poderes, el Legislativo busca como acomodar los tantos en el Judicial, para que situaciones que señalan adversidades futuras tengan un respaldo que evite, que la justicia sea igual para todos.

Decía Montesquieu que “para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder”. Claro, preciso, ajustado a una realidad que los argentinos hace mucho tiempo no vemos. Solamente buscando el equilibrio del “fiel de la balanza” que marcan los limites de los poderes, tendremos lo que tanto anhelamos: Justicia Social, Política y Económica.

Estamos en un muy difícil camino. Un país agrietado. Con posicionamientos tan divergentes que se hacen imposible los consensos. Donde la persona que te engaña una vez te engañará toda la vida, no lo hará como la primera vez, pero te engañará de distintas maneras diga lo que diga.

Y lo más grave es que no que aprendemos. Vamos de fracaso en fracaso, con las mismas recetas, que se han convertido en “placebos” que son mas inacción e inefectividad.

Por eso hoy vemos una familia que pedía algo para comer y la acompañaban dos criaturas y mientras se alejaban, con “algo” pensamos: “¿Vivimos engañados o realmente somos engañados?”. Esta es la Argentina real.

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